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Un error judicial muestra la cruda realidad de la justicia en Pakistán

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Karachi (AFP)

Asma Nawab pasó 20 años detrás de rejas acusada injustamente del asesinato de su familia. Recientemente fue absuelta y mientras intenta reconstruir su vida en libertad, su caso levanta una serie de cuestionamientos sobre el sistema judicial en Pakistán.

La joven tenía 16 años cuando sus padres y su hermano pequeño murieron degollados durante un intento de robo a su domicilio en la ciudad portuaria de Karachi en 1998.

El caso tuvo una gran repercusión en los medios y llevó a los fiscales a exigir que la justicia actuara rápidamente. Entonces Asma y su prometido fueron condenados a muerte en un proceso que duró 12 días.

Los siguientes 20 años que pasó detrás de las rejas fueron "muy dolorosos", contó Asma, que hoy tiene 36 años.

Sus compañeras de prisión, que inicialmente eran muy escépticas, terminaron convenciéndose de su inocencia y ahora ella las considera como su nueva "familia".

Las presas, algunas condenadas por asesinato o por secuestro, se ayudaban cuando sus procesos parecían empantanarse o cuando sus familias las olvidaban.

"Llorábamos durante (la fiesta musulmana) del Aid y durante otras celebraciones (...) Era muy dolorosa" la ausencia de visitas, contó Asma.

Pese a que su proceso fue relámpago, la apelación se hizo interminable. Recién en 2015 sus abogados llegaron a la Corte Suprema. Después de tres años de audiencias, este tribunal ordenó en abril que Asma fuera liberada por falta de pruebas.

"El veredicto de este caso fue dado en 12 días pero les hizo falta 19 años y seis meses para examinar la apelación", destacó su abogado, Javed Chatari.

"Yo realmente no podía creerlo", dijo a la AFP. "¿Cómo iba a poder afrontar el mundo después de haber pasado tanto tiempo en prisión?", se preguntó preocupada.

- Embotellamiento judicial -

Los dramas como el de Asma son habituales en Pakistán donde el sistema judicial es incapaz de hacer frente al rápido crecimiento de la población y al aumento paralelo de los procedimientos, lo que ha dado lugar a un embotellamiento judicial.

Sólo en 2017, se registraron más de 38.000 casos para ser tramitados en la Corte Suprema, a los cuales se suman cientos de miles de otros procesos que esperan ser revisados por los tribunales, según un informe de la Comisión Paquistaní de los Derechos Humanos publicado en abril.

La corrupción entre las fuerzas del orden implica que los ricos pueden eludir la ley fácilmente y que en el país, donde la mentalidad patriarcal está profundamente enraizada, las mujeres enfrentan una situación siempre más difícil.

"Las estructuras de poder desiguales permiten que personas privilegiadas, en términos de dinero o de poder, se coloquen por encima de las leyes. Para los pobres, el sistema es tan lento y a veces tan débil que uno podría decir que prácticamente es inexistente", estimó la abogada Benazir Jaoti, especialista en asuntos jurídicos y políticos de las mujeres en Pakistán.

"Las mujeres son uno de los grupos de personas claramente más desfavorecidos" en "una sociedad patriarcal y un sistema patriarcal", dijo.

Si al final el sistema termina por funcionar, como ocurrió con la absolución de Alma, las víctimas de estos casos prácticamente no tienen una ayuda para salir adelante.

- Hostilidad -

Cuando Asma salió de prisión a principios de abril no tenía nada concreto para comenzar a reconstruir su vida.

Su antigua casa que había quedado vacía desde el fallecimiento de su familia había sido vandalizada y abandonada.

La policía "no dejó nada" en la vivienda, que ahora está en un estado calamitoso, constató cuando pudo retornar con su abogado, abriendo la puerta con un martillo que usó para romper un candado.

"Yo perdí a mis padres y hasta ahora no veo nada de lo que fueron sus bienes", contó. Su abogado sostiene que es imposible pensar en una eventual compensación del Estado.

Dos décadas después de su proceso, ella considera que los medios son en parte responsables del tratamiento que sufrió. Incluso se realizó una película para televisión sobre el tema.

Hoy, aunque fue absuelta, afirmó que la opinión pública sigue siendo hostil y hasta la insultan en la calle, denunció. "La sociedad no va a aceptar el veredicto", admitió Mohamad Farooq, abogado en la Corte Suprema que admitió que Asma "no va a poder liberarse del estigma".

Pero ella está decidida a dar vuelta a la página, retomar sus estudios y encontrar un empleo. También quiere ayudar a otras mujeres presas injustamente y su abogado le prometió ayudarla a crear una oenegé que preste la asistencia que ella no pudo tener.

"Yo no quiero que otras mujeres tengan que vivir lo que yo viví", dijo Asma. "Yo voy a levantar la voz por ellas", dijo.

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