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Una familia rohinyá diseminada en cuatro países por la violencia

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Kutupalong (Bangladés) (AFP)

La última vez que Robi Alam festejó el fin del ramadán con sus siete hermanos en Birmania fue en 2012, antes de que acabaran dispersados entre Bangladés, India, Estados Unidos y Birmania.

"Entonces todavía formábamos una familia, viviendo bajo el mismo techo, en el mismo país", explica el adolescente de 16 años, refugiado en Bangladés, como más de 700.000 rohinyás que huyeron desde 2017 en lo que la ONU denunció como una limpieza étnica efectuada por el ejército birmano.

Su vivienda actual es una cabaña de bambú en Kutupalong, que se ha convertido en el mayor campo de refugiados del mundo tras la llegada de un número sin precedentes de rohinyás.

En 2012, la violencia entre los rohinyás, musulmanes, y sus vecinos budistas en el Estado de Rakáin, en el oeste de Birmania, estaba ya muy presente.

Pero entonces los enfrentamientos no afectaban al pueblo donde Robi vivía con su familia, Twin Kyun, en el distrito de Maungdaw.

Robi recuerda que su hermano mayor cargó con él en la espalda para ir de casa en casa, pidiendo dulces a los vecinos, como manda la tradición del fin del ramadán.

Cinco años después, en 2017, su pueblo había sido reducido a cenizas, según unas imágenes vía satélite reunidas por la oenegé Human Rights Watch.

Si en 2012 más de un millón de rohinyás vivían en el estado de Rakáin, hoy ya solo queda como mucho un tercio de ellos.

- De Bangladés a Estados Unidos -

Los ocho hermanos viven en cuatro países diferentes: el mayor, Hamid Hussein, de 28 años, está encarcelado en Birmania desde 2016 por no respetar el toque de queda al salir a pescar para alimentar a su familia, según su hermano. Los rohinyás tienen los movimientos restringidos en Birmania.

Otro, Abul Kashim, que hoy tiene 19 años, logró reunirse con un tío en India, donde encontró trabajo de albañil y se casó.

Un tercero, Mohammad Rashid, desapareció en 2013 en el camino del exilio, como miles de rohinyás que presuntamente murieron en el mar tratando de llegar a Malasia en los últimos años. Robi muestra la última foto de su hermano, entonces de 25 años, con la mirada confiada antes de embarcar. "No hemos tenido noticias desde entonces", dice Robi.

Eso no impidió que un cuarto hermano, Abdur Rashid, emprendiera el mismo periplo en 2014. "Traté de detenerlo pero es testarudo. Decía 'nadaré hasta Malasia si es necesario' y se fue", explica su madre, Khadija Begum.

Abdur Rashid tuvo más suerte. Fue acogido en Estados Unidos como refugiado, beneficiándose de una de las pocas plazas acordadas a través de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). El joven, de 23 años, vive actualmente en Colorado, donde trabaja en una pastelería industrial y estudia inglés.

"Después de 10 días en el mar, casi habíamos llegado a Tailandia... Desembarcamos, por grupos de entre 50 y 60 personas, a bordo de botes", cuenta por teléfono a la AFP. Interceptado por la policía tailandesa, pasó varios meses en un centro de detención antes de partir rumbo a Estados Unidos gracias al ACNUR.

En cuanto puede, envía sus modestos ahorros a sus parientes que se refugiaron en Bangladés tras su partida y la muerte de su padre en 2016, por una paliza mortal de la policía birmana según la familia.

- "¿Cómo se vuelve a Birmania?" -

En Bangladés viven ahora con su madre los cuatro hermanos más jóvenes: Robi, Jaber, de 18 años, Hashim, de 17, y Abul Fiaz, de 12.

Tratan de sobrevivir, en un refugio que comparten con otros 15 familiares.

"No podemos trabajar aquí, no conocemos nada de este lugar. ¿Cómo se vuelve a Birmania?, se desespera Robi.

El plan de retorno voluntario en el que Birmania y Bangladés aseguran trabajar acumula retrasos. Y una mayoría de los refugiados desconfía de las promesas birmanas de retorno de la paz.

Khadija Begum y los cuatro hijos que siguen con ella tienen todavía muy presente cómo tuvieron que huir de su pueblo. Los soldados "incendiaron nuestras casas, violaron a algunas mujeres y las empujaron dentro de las viviendas en llamas", acusa Hashim, como muchos refugiados.

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