Saltar al contenido principal

Liberada de los yihadistas, Mosul reanuda con las tradiciones del ramadán

Anuncios

Mosul (Irak) (AFP)

En la noche de Mosul, Rayan y Alí rompen con sus tambores el silencio de la ciudad dormida. Cada día de ramadán, estos jóvenes iraquíes despiertan antes del amanecer a los habitantes para el "suhur", la última comida antes de un día de ayuno.

Como muchas otras, la tradición de los "mesaharati" y su ruidosa batería renació en esta ciudad, donde durante los tres años que estuvo bajo control del grupo yihadista Estado Islámico yihadista (EI), todas las celebraciones del Ramadán fueron prohibidas.

Desde el inicio del ayuno musulmán, Rayan Jalidi y Ali Mahbub, vestidos con kufiya y chilaba tradicionales, recorren su vecindario en plena noche.

Los impactos de balas en las casas recuerdan los nueve meses de violentos combates que terminaron en julio con la "liberación" de la gran ciudad del norte de Irak.

"El mesaharati forma parte de la herencia religiosa y social de Mosul", histórica encrucijada comercial y cultural de Medio Oriente, explica Rayan, de 25 años. Pero los yihadistas habían "decretado que era un pecado y lo prohibieron".

Después de tres años bajo el poder del EI y las interpretaciones de sus tribunales y sus autoridades, "hoy estamos muy contentos de poder revivir nuestra tradición", celebra.

- Ramadán del "miedo" -

En 2014, cuando el "califato" se había proclamado solo unos días antes, los habitantes de Mosul vivieron un ramadán siguiendo las viejas tradiciones. Las familias disfrutaron juntas el frescor de la noche en los parques arbolados a lo largo del río Tigris para compartir el iftar, la comida que rompe el ayuno.

Fumando narguilés -pipa con agua usada por los orientales- y cigarros, hombres y mujeres se mezclaban en los cafés y restaurantes cuando los yihadistas aún no prohibían nada. Pero rápidamente, empezaron a multiplicarse las leyes más rigurosas e invasivos.

Los cigarrillos, el narguilé y las mezclas entre sexos comenzaron a ser crímenes sancionados con castigos físicos. La mayoría de los restaurantes y cafés con terrazas al aire libre tuvieron que cerrar sus puertas.

"Algunos continuaron abriendo después del iftar, pero las personas tenían miedo de ir por los castigos del EI que siempre encontraba alguna razón para detenerlos", cuenta Um Raghed, ama de casa de 29 años.

En Mosul, el ramadán es sobre todo una oportunidad de encuentros familiares, con frecuencia después de grandes compras para encontrar los ingredientes con que preparar los platos que han dado prestigio y reconocimiento a la ciudad.

Pero durante el reino del EI, "las mujeres no tenían derecho a salir, salvo en casos de extrema necesidad, acompañadas de un hombre y completamente cubiertas por un velo negro", recuerda Nahed Abdalá, chófer de taxi de 32 años.

Hoy, el "califato" desaparecido dejó atrás ruinas y destrucción, afirma Hasan Abdelkarim, de 26 años, cuya hermana fue asesinada el año pasado en un bombardeo a su casa.

- Solidaridad -

El EI, dijo, "destruyó muchas mezquitas, ahora debemos escuchar el llamado a la oración que marca el rompimiento del ayuno desde los minaretes lejanos".

El momento de romper el ayuno es difícil de determinar con precisión, pero es imposible saber en qué minuto se debe empezar, afirma este hombre desempleado que sobrevive en los escombros de la Ciudad Vieja.

"No tenemos ni electricidad ni teléfono celular para saber la hora exacta" en la que el sol empieza a salir.

Abu Salman, de 45 años, no quiso ver Mosul bajo control del EI. Desplazado, regresó tras la "liberación" para descubrir su casa y su tienda reducidas a escombros.

"Antes, yo obtenía mis mejores ganancias durante el ramadán, pero hoy, ya no tengo ninguna fuente de ingresos y tengo que pedir limosnas", lamenta.

Para aquellas familias que siguen esperando ayuda y la reconstrucción de sus viviendas, otros habitantes de Mosul resucitaron otra tradición que consiste en disponer largas mesas en las calles para los más necesitados.

Una noche, en el sector de Bab Lakach en la Ciudad Vieja, puede verse sobre la mesa arroz, pollo, jugo de naranja. Gracias a generosas donaciones, Um Mahmud ofrece una comida completa a sus niños.

"Es una bella iniciativa y representa muy bien a las personas de Mosul que son conocidas por su solidaridad, sobre todo en aquellos casos cuando se sufren grandes golpes", sostiene esta iraquí de 46 años.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.