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Obligados a huir de Guta, los sirios acaban en casas de otros desplazados

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Afrin (Siria) (AFP)

Obligados a huir de Guta Oriental, Umayma al Sheij y su familia han hallado en el noroeste sirio la tranquilidad y la seguridad que buscaban. Pero su nueva casa pertenece a una familia que, a su vez, fue forzada a escapar.

"A nadie le gusta vivir en una casa que no es la suya, o utilizar las cosas de otra persona", asegura esta madre de dos niños, ataviada con un niqab negro que sólo deja ver sus ojos.

La ciudad kurda de Afrin fue objeto de una gran ofensiva lanzada a principios de año por Turquía, que según la oenegé Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH) causó la muerte de 280 civiles y obligó a decenas de miles de personas a huir.

Hoy, un ambiente algo más distendido reina en la ciudad.

"Hemos venido aquí para evitar a nuestros niños los sufrimientos y los bombardeos", dice Umayma durante un paseo por un parque público de Afrin.

La familia Al Sheij viene de Guta. Tras un terrible asedio de varios años y una campaña de bombardeos que devastó este antiguo feudo rebelde sirio, el régimen de Bashar Al Asad acabó conquistando en abril esta región en la periferia este de Damasco, obligando a los Al Sheij y a miles de familias a abandonar sus hogares.

Unos 36.000 desplazados hallaron refugio en Afrin y su región, según el OSDH. Unos 10.000 viven en campamentos y el resto se ha instalado en casas abandonadas.

- "¿Y si vuelve el dueño?" -

Desde el inicio del conflicto en 2011, la mitad de la población siria se ha visto obligada a abandonar sus hogares, es decir unos 11 millones de personas, de las cuales seis millones son desplazados internos.

"Las casas que nosotros hemos abandonado son habitadas por otras personas. Es el caso de todo el mundo en Siria. No somos los únicos", argumenta Umayma al Sheij.

"Grupos rebeldes nos han ayudado a vivir aquí", afirma Ahmed Al Buri, que huyó de Guta con sus padres.

"Si el propietario vuelve, no sé lo que vamos a hacer", reconoce.

Por su lado, Mehdi Haymur y su hijo buscan entre las ruinas de un apartamento acribillado de balas objetos que puedan serles útiles. Apenas hallan un par de cojines destrozados.

"Hemos perdido nuestras casas, nuestras tierras y nuestro trabajo. Hemos sido obligados a dejar Guta y se nos ha obligado a venir aquí", se lamenta Haymur.

Esta situación inquieta a los propios habitantes de Afrin, que expresan a media voz su exasperación.

"Unos desconocidos se han instalado en casa de un primo mío y no quieren irse", afirma Mahmud Hasan, agricultor de 58. Añade sin embargo: "La gente de Guta es muy buena, nos llevamos bien con ellos".

Más de 137.000 personas han huido de la región de Afrin y están desplazados en las regiones vecinas, según la ONU. Otras 135.000 decidieron permanecer en la región, una tercera parte de ellas en la propia ciudad de Afrin.

- Cambio demográfico -

Responsables kurdos acusan a Turquía de dificultar el retorno de los desplazados para imponer un cambio demográfico en este enclave kurdo.

Turquía, por su lado, nunca escondió su hostilidad frente a la autonomía de facto adquirida por los kurdos de Siria en amplios territorios cercanos a su frontera, y considera "terrorista" a la milicia kurda Unidades de Protección Popular (YPG) que expulsó de Afrin.

Otro habitante, Otman Jalil no disimula su frustración.

"Varias familias de Guta se han instalado en nuestra calle, han entrado en la ciudad, mientras que (los habitantes de Afrin) no están autorizados a retornar", se lamenta este obrero de 57 años.

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