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En Arabia Saudita, Mohammed bin Salman le pone el freno a la emancipación de las mujeres

Un activista desafía la prohibición de conducir en Arabia Saudita en 2013.
Un activista desafía la prohibición de conducir en Arabia Saudita en 2013. Marwan Naanani / AFP

Mientras la prohibición para que las mujeres puedan manejar es levantada, una campaña de represión sin precedentes le apunta a las feministas. Hay razones para dudar de la verdadera voluntad de Riad por progresar con los derechos de las mujeres.

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¿A qué juega Mohammed bin Salman? Tras haber jugado la carta de la emancipación de las mujeres autorizándolas a crear su propia empresa, a hacer parte del ejército, a hacer teatro o a entrar en los estadios, el príncipe heredero de 32 años, llamado “MBS”, parece estar dando marcha atrás.

Desde hace quince días, una decena de militantes fueron arrestadas. Y entre ellas, figuras importantes de la causa femenina como Aziza al-Yousef, de 70 años, varios de esos siendo activista, Loujain al-Hatloul, encarcelada durante 73 días en 2014 tras haber desafiado la prohibición de manejar, o incluso la bloggera Eman al-Nafjan, quien también participó en varias campañas reclamando el derecho de estar al volante.

Las autoridades saudíes las acusan de tener contactos con “entidades extranjeras”, mientras que los medios del Estado las han calificado de “traidoras”. En redes sociales, se creó un hashtag en árabe que las describe como agentes de embajadas y se ha difundido una imagen en la que aparecen los rostros de las seis detenidas. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos denuncian una “campaña difamatoria cuyo objetivo son estas militantes pacíficas, algunas de las cuales trabajan por el derecho a poder manejar desde los años 1990”, exclama Katia Roux, encargada de la defensa de Libertades en Amnistía Internacional.

Desde entonces, cuatro prisioneras han sido liberadas, entre ellas la militante septuagenaria Aisha al-Manea. “Hay seis todavía detenidas en las cárceles saudíes, pero disponemos de poca información sobre sus condiciones de arresto”, lamenta Amnistía Internacional.

"MBS responde al interés del país y no al del pueblo"

Como por casualidad, estos arrestos ocurren mientras que un decreto real levanta la prohibición para que las mujeres puedan manejar desde el 24 de junio. Con la proximidad de esta fecha histórica, que será inevitablemente examinada por los medios occidentales, el régimen ultra-conservador parece querer callar a estas militantes. “El régimen quiere controlar la opinión pública y asegurar que solo se escuche la palabra del Estado”, le asegura a France 24 una activista saudí que prefiere permanecer anónima por razones de seguridad. Para Amnistía Internacional, “Mohammed Ben Salmane se niega a permitir que alguien más aparte de él, y ante todo la sociedad civil, se atribuya esta victoria”.

Para un régimen que pretende salir de la crisis fiscal desarrollando el sector privado y los ingresos no petroleros, esta revolución constituye una apuesta ante todo económica. “Al dejar entrar a las mujeres a los estadios o las salas de concierto y de teatro, MBS las deja acceder a la sociedad de consumo, continúa la activista. Para mí, sus decisiones responden al interés del país y no al del pueblo”.

"No sabemos si podrán ser liberadas"

Las defensoras de los derechos de las mujeres aspiran a más libertades aboliendo, sobre todo, el sistema de tutela que opera en la cotidianidad de las saudíes. Ellas no pueden estudiar ni viajar sin la autorización previa de un pariente de sexo masculino, por lo general el padre, el marido o el hermano. Aunque en mayo de 2017 un decreto real suavizó de manera vaga esta ley en lo que concierne los trámites administrativos, las militantes apelan regularmente a una reforma más estructural.

Excepto que durante estos últimos meses algunas militantes recibieron amenazas en las que les pedían no comentar la situación actual con los medios o en redes sociales, como lo afirman fuentes coincidentes que hablan de “arrestos más violentos que en el pasado” y de una “campaña de difamación particularmente agresiva”. La activista no esconde su preocupación: “Traición es la acusación más grave que hay en el país, añade. No sabemos si podrán ser liberadas”.

Hoy en día, la sociedad civil no puede expresarse libremente, confirma Katia Roux, de Amnistía Internacional, a causa de las leyes sobre la cibercriminalidad y el terrorismo “que son distorsionadas para silenciar a los saudíes demasiado críticos con el régimen”. La preocupación es aún mayor, puesto que esta purga le sigue a otras oleadas de arrestos de intelectuales, de políticos o incluso de príncipes, durante los últimos meses. “Algunos siguen encarcelados y no han tenido derecho a un proceso judicial”, precisa, por su lado, la activista.

Autocensura de la sociedad civil

Otro signo de las tensiones sin precedentes en el país: las familias de las activistas son ahora también un objetivo. “Se cruzó el límite”, comenta una fuente cercana al caso, quien denuncia “una opresión extensiva”. A algunos esposos u otros miembros de la familia se les ha prohibido salir al extranjero.

“Es tiempo de ponerle fin al doble discurso de MBS, afirma Katia Roux. Ante las capitales europeas se presenta como un reformador con estas medidas llamativas pero los verdaderos reformadores están hoy todos en la cárcel o se han ido del país”.

Amnistía International le hace un llamado a la comunidad internacional para que se movilice y presionar así a Riad “que busca bloquear el país”. En estos dos últimos años, no se ha inaugurado ninguna asociación de derechos humanos en el país y las que tuvieron que cerrar no se han vuelto a abrir.

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