De vuelta a la vida civil después de años de servicio militar en Siria

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Damasco (AFP)

Sonel Ali puede, por fin, cambiar el uniforme de color caqui por ropa de civil después de años de servicio militar en una Siria en guerra. Es uno de los miles de jóvenes desmovilizados.

La buena nueva llegó a finales de mayo. El ejército decidió "desmovilizar a los oficiales y reservistas del reclutamiento Clase 102 a partir del 1 de junio de 2018".

Una referencia al grupo de 2010, un año antes de la revuelta de marzo de 2011 contra el régimen de Bashar al Asad y el comienzo de la guerra que ha causado más de 350.000 muertos.

Su teléfono no para de sonar mientras hace las maletas. Son llamadas de familiares y compañeros de armas de promociones posteriores que lo felicitan. "Nosotros somos los primeros y vosotros nos seguiréis", le dice a un amigo. "Las batallas más duras quedan detrás", afirma.

El régimen, con el apoyo de Rusia, ha acumulado victorias en los últimos dos años y controla actualmente más del 60% del país.

Esto ha disminuido la presión sobre el ejército, cuyos efectivos, estimados en 300.000 antes de la guerra, se redujeron a la mitad en siete años de contienda bélica debido a las bajas y las deserciones.

Los éxitos militares permitieron además engrosar las filas del ejército con la entrada de miles de hombres de las zonas rebeldes reconquistadas, que todavía no habían cumplido el servicio militar.

- 'Como nacer de nuevo' -

Antes de cerrar su maleta negra, Sonel Ali introduce en su interior el recipiente (pequeña calabaza) y la bombilla con los que degustó mate, infusión tradicional sudamericana muy popular en Siria.

Al igual que él, Mohamad Damur acaba de volver a la vida civil tras verse obligado a pasar casi una década en el ejército. Él que soñaba con ser periodista.

"La guerra retrasó mis planes diez años", declara a la AFP con cámara fotográfica en mano mientras recorre los zocos de Damasco. "Tengo 27 años y todavía estoy en primer año de carrera", señala.

En el norte del país Maher Daro, originario de Alepo, recibió una acogida inolvidable. En las imágenes enviadas a la AFP se ve al treintañero con su padre en un coche adornado con flores rojas y blancas. Incluso hubo músicos.

En cuanto entró a casa, sonaron los tambores y hubo baile y gritos de alegría, además de disparos al aire.

"Es como nacer de nuevo", declaró a la AFP. Maher pasó su primera noche fuera del cuartel en compañía de amigos, a quienes contó sus vivencias en el frente, incluida la ofensiva del régimen contra el último bastión rebelde en Guta Oriental, a las puertas de Damasco, reconquistado en abril.

- 'Sin techo' -

La acogida reservada a Maher y Sonel no es la norma.

Mohamed Alaa, de 31 años, se refugió en una pequeña habitación de un suburbio de Damasco tras ser desmovilizado. "¿A dónde voy a ir?", repite una y otra vez tras aceptar declarar bajo seudónimo. Ha perdido el contacto con su familia.

Su ciudad de Raqa (norte) cayó en manos de los rebeldes y luego del grupo yihadista Estado Islámico (EI), antes de ser reconquistada en 2017 por una alianza arabokurda apoyada por Estados Unidos.

"Pasaba todos los permisos en el cuartel", cuenta. "Ahora no sé dónde dormir, ni qué comer o beber", añade.

Antes del servicio militar cultivaba la tierra de su abuelo en Raqa. Ahora dice ignorar la suerte de estas tierras y de su casa porque su familia huyó a la vecina Turquía durante los combates contra el EI.

"La mayoría de mis amigos son felices, pero no todos", comenta mientras mira una pequeña foto de su madre que lleva colgada en una cadena alrededor del cuello. "El servicio militar era como un empleo estable, con un salario decente para aquellos que como yo no tienen un techo".