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Los negros sudafricanos "sin tierra" se rebelan

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Khayelitsha (Sudáfrica) (AFP)

"Llevo 21 años esperando una vivienda social", explica Andiswa. Sin ingresos y frustrada, esta madre sudafricana y otras 200 familias de Ciudad del Cabo se apropiaron de parcelas para construir refugios.

Desde hace meses estas invasiones se multiplican en distintas ciudades del país y las fuerzas de seguridad no dan abasto.

Cuando falta un año para las elecciones generales, el Congreso Nacional Africano (ANC) en el poder prometió acelerar la reforma de la tierra en beneficio de la población negra, desposeída durante el apartheid.

El gobierno prevé expropiar sin indemnización para devolver "la dignidad" a los negros. El partido de izquierda Combatientes por la Libertad Económica (EFF) va más allá y hace un llamamiento a invadir las tierras. Un cóctel explosivo.

"Nacimos aquí. No tenemos ningún otro sitio adonde ir", afirma Andiswa en su minúscula choza sin ventana, construida de forma ilegal cerca de la barriada de Khayelitsha. "No tenemos trabajo. No tenemos nada", añade esta mujer con tres hijos.

Desde el comienzo del año, Ciudad del Cabo sufre una fiebre social: +73% de manifestaciones con relación al año pasado, entre ellas muchas ocupaciones de tierras.

La brigada antiinvasión del municipio reaccionó destruyendo las "estructuras ilegales" y estacas de demarcación plantadas en terrenos ocupados: 26.000 en lo que va de año en comparación con 15.000 en 2017.

En un mes, esta tropa demolió tres veces la casucha de Andiswa, de 45 años. Sus vecinos sufrieron la misma suerte.

- Olvidados -

De cada vez, las familias desalojadas reconstruyeron sus cabañas en el mismo lugar con tablas viejas, chapas abolladas, plástico y tejidos descoloridos.

"Nos dicen que no podemos apropiarnos de tierras pero no construyen viviendas", protesta Andiswa. El ANC, en el poder desde 1994, "nos prometió casas pero son promesas vacías. No hacen más que llenarse los bolsillos".

Un cuarto de siglo después del final del apartheid, las autoridades construyeron 4,3 millones de alojamientos sociales, pero la presión inmobiliaria es enorme. Millones de sufadricanos negros siguen a la espera de una vivienda decente.

Once millones de hogares, el 95% de ellos de negros, viven en la pobreza. Son los olvidados del sistema que ahora dan rienda suelta a su ira. En abril un padre desamparado tiró a su bebé desde el tejado de su casa construida ilegalmente cuando la policía se disponía a derribarla.

A unos km de la casa de Andiswa, a lo largo de una línea de alta tensión y de un pantano, decenas de personas cavan y delimitan con lo que tienen a mano unos terrenos arenosos de los que se acaban de apropiar.

"Mi alquiler es de 540 rands (37 euros, 43 dólares) por mes. Demasiado caro para mí, no trabajo", explica Fistos, un negro de 22 años, mientras quema ramas.

Al igual que él, más de un tercio de los jóvenes (38,6%) están desempleados en Sudáfrica, principal potencia industrial del continente.

"Nadie se preocupa por los mestizos", denuncia Titus, que construye, en otro suburbio de Ciudad del Cabo, una casa en un terreno baldío del que se apoderaron decenas de familias.

- 'Catástrofe' -

"Los gobernantes se interesan por barrios ricos como el de Constantia", poblado sobre todo por blancos, "pese a que hay muchos terrenos baldíos donde se podría construir casas", insiste.

"Durante el apartheid si eras negro o mestizo eras pobre y sin tierra. Veinticuatro años después si eres negro o mestizo sigues siendo pobre y sin tierra", constata Mandisa Dyantyi, de la asociación Coalición por la Justicia Social.

Todos "los ocupas" no están desesperados. Peter, que delimita con una cinta rosa el emplazamiento de su futura casucha, posee dos apartamentos. "Es la tierra de la ciudad, es nuestra tierra, nos pertenece", afirma este hombre oportunista.

Las expulsiones suelen degenerar en disturbios con las fuerzas de seguridad. "No autorizaremos las invasiones de tierras", sino sería "la anarquía", advirtió el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa.

La policía acabó desalojando a Titus después de tres días de ocupación. Los ocupas, protegidos por barricadas, respondieron lanzando piedras.

"Las apropiaciones de tierras aumentan y la respuesta del gobierno es cada vez más violenta. Se reúnen todos los ingredientes para una catástrofe", advierte Mandisa Dyantyi.

La experta Ruth Hall, del Instituto de la Tierra (Plaas) de Ciudad del Cabo, es más optimista.

"La reforma de la tierra afectará a la estabilidad política de Sudáfrica si la economía no se endereza", estima, "pero si hay crecimiento y creación de empleo, el tema de la tierra será probablemente menos significativo".

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