Cumbre EE. UU. - Corea del Norte

Los momentos que han llevado hasta la cumbre Trump - Kim

Un montaje que muestra al presidente estadounidense Donald Trump y al líder norcoreano Kim Jong-un en Washignton, EE. UU., el 17 de mayo de 2018, y en Panmunjom, Corea del Sur, el 27 de abril de 2018, respectivamente.
Un montaje que muestra al presidente estadounidense Donald Trump y al líder norcoreano Kim Jong-un en Washignton, EE. UU., el 17 de mayo de 2018, y en Panmunjom, Corea del Sur, el 27 de abril de 2018, respectivamente. Kevin Lamarque y Korea Summit Press Pool / Reuters

Este 12 de junio, Donald Trump y Kim Jong-un se reunirán en Singapur en un encuentro histórico. El camino hasta esa cita está lleno de amenazas y cancelaciones, pero varios encuentros y gestos la harán finalmente posible.

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El próximo 12 de junio, los máximos representantes de EE. UU. y Corea del Norte estarán en un mismo escenario. Nadie lo hubiera dicho a finales de 2017, cuando el presidente Donald Trump había llamado “hombre cohete” al líder norcoreano Kim Jong-un, y este había cerrado el año advirtiendo de que disponía de un “botón nuclear permanentemente sobre la mesa”, que por entonces señalaba las islas de Guam y de Hawái.

Sin embargo, seis meses después, seis meses marcados por cancelaciones, amenazas y liberaciones, al fin tendrá lugar un encuentro que hará historia y que busca terminar con la desnuclearización de la península coreana.

Sin duda los ojos están puestos en Corea del Norte, país que, tras la división con el Sur, lleva desde 1950 desarrollando un programa nuclear que ha tenido varias pruebas. Las más exitosas han sido las de julio y septiembre pasado, cuando demostró que sus misiles balísticos podían alcanzar Japón, Alaska y EE. UU., y dijo además haber probado “con éxito” una bomba de hidrógeno.

Por eso casi todas las exigencias las ha impuesto Donald Trump, luego de que se incrementaran los ensayos norcoreanos, llegando a aplicar a Pyongyang más sanciones económicas e incluso cancelar sus citas (siempre alegando la “hostilidad” norcoreana). Pese a todo, aquí algunos de los gestos más destacados que harán posible esta cumbre entre ambas partes, la famosa cita Trump-Kim.

9 de febrero, la hermana de Kim Jong-un pisa Corea del Sur: Aunque las invitaciones empezaron a producirse un mes antes, la llave que abrió esta cumbre fueron los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Pyeongchang. Gracias a este evento la hermana del líder norcoreano, Kim Yo-jong, pudo convertirse en la primera integrante de la dinastía en pisar suelo surcoreano y reunirse con el presidente Moon Jae-in.

Hacía dos años que no se producía un diálogo con su vecina del sur, y el envío de una delegación de atletas, artistas y altos funcionarios norcoreanos supuso un acercamiento insólito que “mantenía abierta la puerta”. El momento más álgido fue durante el desfile de apertura, cuando las dos Coreas, divididas desde 1945, prenden juntas la llama del pebetero.

8 de marzo, Kim Jong-un da cita a Donald Trump: A través de la Oficina de Seguridad Nacional de Corea del Sur (esa puerta abierta), Jong-un envía a Trump una carta en la que ofrece suspender sus pruebas balísticas e iniciar un proceso de desnuclearización, así como le propone una reunión diplomática.

Ese mismo día, el presidente estadounidense acepta desde Washington la cita (prevista en un inicio para mayo), dejando a un lado meses de tensiones e intercambio de insultos. “El presidente Trump agradeció la reunión informativa y dijo que se reunirá con Kim Jong-un en mayo para lograr una permanente desnuclearización”, explicaba el enviado de Seúl, Chung Eui-yong, que previamente se había reunido con el líder norcoreano.

18 de abril, la fecha en la que se conoce el primer viaje de Mike Pompeo: Ocurrió a fines de marzo, pero el exdirector de la CIA y ahora secretario de Estado viajó por primera vez y de manera secreta a Corea del Norte para emprender conversaciones “extremadamente altas” con Kim Jong-un.

Desde entonces, Pompeo se ha convertido en el más alto funcionario de EE. UU. que se haya encontrado cara a cara con el líder (en el 2000 lo hizo la secretaria Madeleine Albright con Kim Jong-il), para concretar las condiciones del encuentro. Unas condiciones cuya misión principal es la de tratar el programa de armas nucleares de Pyongyang.

21 de abril, Kim Jong-un detiene los test nucleares: El líder norcoreano asegura en esta fecha la suspensión de las pruebas con misiles nucleares, así como el cierre del centro de ensayos de Punggye-ri porque su país “ya no (los) necesita” y “para garantizar la transparencia de la suspensión de los test”. Es en la base de Punggye-ri donde Corea del Norte ha realizado seis grandes ensayos nucleares, por lo que recibe la felicitación de Trump.

“Corea del Norte aceptó suspender todas las pruebas nucleares y cerrar un importante centro de ensayos. Esta es una muy buena noticia para Corea del Norte y para el mundo: ¡un gran progreso! Estamos deseando celebrar nuestra cumbre”, llega a afirmar el presidente, a través de Twitter.

Un mes después, Pyongyang hace una nueva concesión: libera a tres estadounidenses (Kim Dong-chul, Kim Sang-duk y Kim Hak-song) que regresan al país en compañía de Mike Pompeo.

27 de abril, las dos Coreas unen sus fronteras: Si hay un momento que antecede a la cumbre entre Trump y Kim, esa es la cumbre entre Moon Jae-in y Kim. Se trata de la primera cumbre intercoreana en once años, cargada de simbolismo al producirse en la frontera, en concreto en un pabellón del lado sur de la Zona de Seguridad Conjunta (JSA), el único punto donde los soldados pueden verse las caras.

Este día ambos países se comprometen a poner fin a una guerra de siete décadas, que nunca tuvo un tratado de paz definitivo, y buscar la “desnuclearización completa y gradual”. “No habrá más guerra en la península. Con esta declaración abrimos una nueva era”, afirma el presidente surcoreano en un discurso.

“No puedo detener mi emoción cuando nos encontramos aquí, en un lugar tan histórico. Además, es muy conmovedor que usted, señor presidente, haya venido a Panmunjom, la línea de demarcación, para saludarme”, dice por su parte Kim Jong-un.

1 de junio, la mano derecha de Kim Jong-un viaja a Washington: La Casa Blanca recibe al general Kim Yong-chol, el máximo confidente del líder norcoreano, sancionado tanto por EE. UU. como por la Unión Europea. Una semana antes (el 24 de mayo), el presidente Donald Trump había cancelado la cumbre y amenazado al país de sus “masivas y potentes capacidades nucleares”. Pese a eso, da por “superada” la crisis y formaliza el encuentro del próximo 12 de junio en Singapur, afirmando que “será un principio” y que harán falta más reuniones.

La visita de Kim Yong-chol supone una concesión por parte de Washington al superar la restricción de movimientos impuesta a los norcoreanos. Ya lo hizo en el 2000 durante el mandato de Bill Clinton, que recibió a otro militar, Jo Myong-rok; solo que esas negociaciones no tuvieron un final feliz.

12 de junio: Si todo va bien, este día será recordado como el día en que EE. UU. y Corea del Norte celebraron su primera cumbre de la historia, en Singapur. Solo que este capítulo está aún por escribir.

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