Marina Silva, convencida de que ha llegado su hora para ser presidenta de Brasil

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Río de Janeiro (AFP)

La exministra de Medio Ambiente Marina Silva intentará por tercera vez en octubre llegar a la presidencia de Brasil, con la convicción de que los electores entenderán su mensaje de renovación de un sistema político debilitado por la crisis económica y los escándalos de corrupción.

"Me estoy presentando por tercera vez a la presidencia de la República, por entender que nunca fue tan necesario un proyecto de país que atienda algunas cuestiones que considero fundamentales", dijo el viernes Silva, de 60 años, en una conferencia de prensa con corresponsales extranjeros en Rio de Janeiro.

Aunque los sondeos le atribuyen un 10% de intención de voto (la mitad de lo que obtuvo en 2010 y 2014, cuando quedó tercera), Marina Silva piensa que las próximas elecciones serán "bastante pulverizadas" y que se abre un espacio para romper el monopolio del poder que un puñado de partidos ejerce desde la restauración de la democracia en 1985.

"Llegamos a un fin de ciclo", diagnostica, quien fue senadora del Partido de los Trabajadores (PT) y ministra del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) antes de romper con la izquierda y de apoyar al centroderechista Aécio Neves en la segunda vuelta de los comicios de 2014.

"Hay un profundo estancamiento del sistema político brasileño, en el cual los principales partidos (...) están gravemente implicados en problemas de corrupción", afirmó, en referencia a las denuncias que llevaron a la cárcel o pusieron en la mira de la justicia a la mayoría de los máximos dirigentes del país en los últimos años, Lula incluido.

Silva no se deja amilanar por la perspectiva de no contar con una mayoría en el Congreso para poder gobernar y recalca que Dilma Rousseff (del PT) fue destituida en 2016 por un Congreso dominado por sus presuntos aliados y que su sucesor conservador Michel Temer tiene igualmente una mayoría absoluta de "más de 300 diputados y no consigue gobernar".

Marina Silva llama a "salir del presidencialismo de coalición, basado en la distribución de partes del Estado entre partidos y dirigentes, para construir un presidencialismo de propuestas".

"No hay nada en el mundo tan poderoso como una idea a la que le llegó su hora", proclama, citando a Victor Hugo, esta hija de una paupérrima familia amazónica de extractores de caucho, alfabetizada a los 16 años.

Su meta: construir un Brasil "económicamente próspero, socialmente justo, culturalmente diverso, políticamente democrático y ambientalmente sustentable".

Al ser interrogada sobre la popularidad de propuestas como liberalizar el uso de armas, caballo de batalla del diputado Jair Bolsonaro (primero en las encuestas en ausencia de Lula), Marina Silva responde: "No creo que se resuelva el problema dramático de un país con más de 60.000 asesinatos por año distribuyendo armas a la población (...). Al contrario, eso aumentará la violencia".

En materia económica, se dice "partidaria de la economía de mercado, sin que eso se visto como un dogma" y advierte: "Brasil ya pagó un precio muy elevado por la visión dogmática contra el mercado y ahora paga un precio altísimo por la visión dogmática promercado".