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En Mosul, un Aíd Al Fitr sin armas, ni siquiera de plástico

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Mosul (Irak) (AFP)

En Mosul, con motivo del Aíd Al Fitr, la Fiesta del Fin del Ayuno musulmán, los más pequeños recibirán juguetes por doquier, pero ni pistolas ni otras armas de plástico, un intento de pasar página tras el yugo de los yihadistas del Estado Islámico (EI), que gobernaron en la ciudad durante tres años.

El día de la fiesta que cierra el mes de ayuno del Ramadán, los niños son los reyes. Para los chicos, el regalo más popular suele ser una pistola de plástico o petardos.

Pero esta vez, tras tres años bajo el yugo del EI, que entrenaba a niños soldado y enseñaba matemáticas en primaria sumando balas y granadas, estos juguetes ya no son bienvenidos en Mosul, en el norte de Irak.

Las ruinas de la ciudad vieja recuerdan cruelmente los nueve meses de sangrientos combates urbanos que desembocaron en la reconquista de la segunda ciudad del país por parte de las fuerzas iraquíes en julio de 2017.

Así que la idea de celebrar la violencia o acentuar traumas que todos tratan de olvidar ni se plantea.

Por primera vez, Um Berqis rechazó comprar juguetes que representen armas para sus cuatro chicos.

"Las armas destruyeron nuestra ciudad e hirieron a nuestros hijos, así que este año ni hablar de comprar pistolas de plástico", afirma a la AFP esta viuda de 50 años. "Detestamos todo lo que nos recuerde la violencia".

Ali Muayed, un padre de 35 años, también se abstuvo de comprar ningún arma de plástico. "No es buena idea y, de todas formas, este año no he encontrado en mi barrio", declara a la AFP.

- 'Enviar un mensaje' -

Un poco mas allá, en los callejones del histórico zoco de Nabi Yunes, sí que se venden armas de juguete, pero un buen samaritano, que prefiere guardar el anonimato, trata de comprarlas todas para "enviar un mensaje a los comerciantes".

"Es para que dejen de ponerlas en sus puestos", explica a la AFP.

"Incluso espero obtener una prohibición oficial por el enorme daño que las armas causan en los niños y en la sociedad en general", añade, antes de encaminarse hacia un nuevo puesto para comprar más pistolas y petardos.

En Mosul, una ciudad de la que el EI hizo su capital en Irak, el tema preocupa tanto que el viernes por la mañana, durante la oración del Aíd Al Fitr, se le dedicó incluso una parte del sermón.

La violencia ha terminado, recalcan los imanes, instando a los comerciantes a no vender armas de plástico y a los padres a elegir otros regalos para difundir la "alegría" y el "optimismo".

El mensaje parece haberse extendido en varios barrios de Mosul donde, por primera vez, los petardos y otros fuegos artificiales no se hicieron oír durante el Aíd Al Fitr.

En una orilla del Tigris, el único ruido que resonaba era el de las risas y los gritos de los niños, mientras las familias comían en un parque.

- 'Fin de la pesadilla' -

Al otro lado del río, sheij Ali Hatem, con una larga túnica tradicional y turbante, llevó a cabo la oración del Aíd Al Fitr en la mezquita de Al Baher, en plena ciudad vieja.

Sin embargo, a su alrededor, todo son ruinas, chasis de vehículos calcinados y casas reducidas a escombros.

"Trabajaremos en la reconstrucción y, si Dios quiere, para el próximo Aíd Al Fitr oraremos aquí", en una mezquita renovada, afirma.

El casco antiguo perdió sus tesoros más emblemáticos: el minarete inclinado, que fue dinamitado por el grupo EI, y varias mezquitas, devastadas.

Pero, pese a las destrucciones y los miles de muertos que dejó la batalla de la reconquista de la ciudad, "este año por fin siento la alegría del Aíd Al Fitr, tras el fin de la pesadilla del EI", asegura Um Sarmad, un funcionario de 32 años.

"Debemos dejar atrás la tristeza si queremos que nuestra querida ciudad recupere la normalidad", señaló a la AFP esta vecina de Mosul, punto de encuentro comercial y cultural de Oriente Medio desde hace siglos.

Y parece que esta vuelta a la normalidad ha empezado bien. "Las mujeres ya no llevan el largo velo negro integral, los hombres ya no se visten al estilo afgano y podemos visitar de nuevo los cementerios, como es tradición, mientras que el EI nos lo tenía prohibido", indica, contento, Um Sarmad.

"En los últimos años, pasé el Aíd Al Fitr encerrada en casa [...] porque tenía miedo de los yihadistas", recuerda Um Maher, una ama de casa de 41 años. Ahora "hemos terminado con esos criminales, somos libres", afirma, feliz.

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