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Paul Manafort, exasesor de la campaña Trump, a la cárcel

El exgerente de campaña del presidente Trump, Paul Manafort, se retira del Tribunal de Distrito de los EE. UU. Después de una audiencia de mociones en Alexandria, Virginia, EE. UU., el 4 de mayo de 2018.
El exgerente de campaña del presidente Trump, Paul Manafort, se retira del Tribunal de Distrito de los EE. UU. Después de una audiencia de mociones en Alexandria, Virginia, EE. UU., el 4 de mayo de 2018. Reuters / Jonathan Ernst

El exasesor Paul Manafort ha sido acusado de obstruir la investigación de la trama rusa manipulando los testigos. Según ha señalado la Fiscalía, Manafort es “un peligro para la comunidad”.

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La jueza de distrito en Washington, Amy Berman Jackson, ha ordenado prisión preventiva para el que fuera jefe de campaña en 2016 del presidente Donald Trump, Paul Manafort.

Paul Manafort fue uno de los primeros nombres en sonar en lo que los medios estadounidense bautizaron como el “Rusiagate” o la “trama rusa”. Cuando arrancaron las investigaciones relacionadas con la intervención de Rusia en las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2016, Paul Manafort estuvo entre los primeros en la lista de sospechosos. Sus servicios como consultor para el partido pro-ruso que gobernó Ucrania hasta el 2014, lo pusieron en el punto de mira.

El trabajo de Manafort como jefe de campaña de Donald Trump fue breve, pero ha dejado una larga estela de críticas. El consultor político, de 68 años, se convirtió en jefe de campaña de Donald Trump en junio de 2016 sustituyendo a Corey Lewandowski, quien había tenido varios altercados con periodistas y renunció a su puesto ese mismo mes. Manafort solo duró dos meses en el cargo debido a unas informaciones que se hicieron públicas y que lo acusaban de recibir dinero del partido pro-ruso ucraniano para el que había estado trabajando bajo las órdenes de Vicktor Yanukovych.

 
A mediados de agosto, el periódico New York Times reveló que Paul Manafort habría recibido 12,7 millones de dólares del partido de Viktor Yanukóvich por trabajos realizados para él. Poco después, fue la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania quien hizo públicos 22 pagos destinados al exasesor de Trump por sus servicios. En su informe aseguraron que constaba una firma que confirmaba el recibo de dicho pago, pero no pudieron confirmar que esta hubiera sido hecha por el propio Manafort.

Esto era solo el principio. Por delante quedaba una larga investigación cuyo fin era y es descubrir hasta qué punto Rusia influyó en los comicios de 2016 y su posible colusión con la campaña del que entonces era el candidato republicano, Donald Trump.

El 8 de noviembre de 2016, Trump gana las elecciones presidenciales, y cuatro meses después, el 19 de marzo de 2017, el director del FBI, James Comey, anuncia que se está llevando a cabo una investigación para esclarecer si hubo miembros de la campaña del presidente Donald Trump que estuvieron en contacto con Rusia para influir en las elecciones presidenciales de 2016. El miércoles 17 de mayo, se nombra como asesor especial designado para dirigir la investigación al exdirector del FBI,  Robert Mueller.

El 25 de julio de 2017, la comisión de Inteligencia del Senado interroga a Manafort acerca de una reunión que tiene lugar en junio de 2016 en la Trump Tower, entre asociados de la campaña de Trump y emisarios rusos. Poco después, a principios de agosto, investigadores enviados por el fiscal especial para la investigación Robert Mueller, registran una de las viviendas de Manafort. El objetivo es encontrar cualquier documento fiscal y registros bancarios en el extranjero.

La primera acusación formal llega dos meses después. Las autoridades aseguran que Paul Manafort ha lavado más de 18 millones de dólares. Junto con él, cae también el que entonces era su asociado, Rick Gates, al que se le atribuye la transferencia de más de 3 millones de dólares desde cuentas en el extranjero.

Robert Mueller sigue tirando del hilo, hasta el punto, que a principios de octubre, el propio Paul Manafort se entrega al FBI junto con el empresario asociado Rick Gates. A ambos se les acusa de 12 cargos, entre ellos, conspiración contra Estados Unidos y lavar dinero, declaraciones falsas y engañosas de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros de Estados Unidos, y siete cargos por no presentar informes de cuentas bancarias y financieras extranjeras.

Defensa de Manafort: la medida es un “complot siniestro” por parte de los fiscales

En este caso Manafort se enfrenta a una pena de entre 151 y 181 meses de prisión, además del supuesto delito de fraude. Una juez decide entonces que ambos sean puestos bajo arresto domiciliario por riesgo de fuga.

Manafort había permanecido en su casa hasta este 15 de junio. Durante este tiempo solo se le ha permitido salir de su domicilio para ver a sus abogados, comparecer ante la corte o por necesidades médicas y religiosas. Pero el fiscal especial Robert Mueller le acusa de haber hecho algo más. Asegura que el expresidente de la campaña de Donald Trump ha manipulado a testigos de la investigación de la trama rusa para que mientan por él ante la corte. Una acusación ratificada por la juez y que le ha enviado hoy directamente a prisión.

Tras el leerse el veredicto, Paul Manafort ha entregado a su esposa Kathleen la billetera, el cinturón y la corbata; y acompañado de tres agentes de la corte y sin esposas, ha sido conducido al área de espera de prisioneros. Sus abogados aseguran que su cliente no ha hecho nada malo y que esto es un “complot siniestro” por parte de los fiscales. Pero de momento, desde la prisión, desde donde espere su juicio previsto para mediados de septiembre.

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