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El Mundial desata pasión y ayuda a olvidar los problemas cotidianos en Haití

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Puerto Príncipe (AFP)

Decepcionados de que Leo Messi haya fallado un penalti o felices porque Islandia le empató a Argentina (1-1): más allá de ser fanáticos de las selecciones de Argentina o Brasil, principalmente, la inmensa mayoría de los haitianos se apasiona siguiendo por televisión el Mundial-2018, que ayuda a olvidar los problemas cotidianos de la población.

Escasos vehículos circulaban el sábado a la mañana por las avenidas usualmente atascadas de la capital Puerto Príncipe. En la vereda, unas treinta personas apuran el paso, miran fijo en la misma dirección: una televisión instalada en el interior de una barbería.

"Vean cómo las calles están vacías. Es porque todo el mundo está delante de sus pantallas para mirar el partido", afirma con una gran sonrisa Roe Saint Pau, en la puerta de su pequeño negocio.

Para responder a esa pasión por el fútbol, las autoridades haitianas han instalado varias pantallas gigantes sobre las principales plazas públicas de la capital.

Según el Banco Mundial, dos tercios de la población no tiene acceso a la electricidad, pero el director general de la empresa Electricidad de Haití (EH) prometió a inicios de junio que la producción iba a aumentar para el período de la Copa del Mundo, cuestión de no defraudar a los amantes de la redonda.

Enormes balones inflados, falsas canchas de césped, banderas de todas las selecciones de Rusia-2018 colgadas alrededor de tres pantallas gigantes, el kiosco de la plaza Campos de Marte, corazón de la vida política y administrativa nacional, fue decorado para esta fiesta popular.

- Carnaval y fútbol, pasiones de la isla -

"En Haití adoramos dos cosas: el carnaval y el fútbol. Y con ello, estamos todos unidos, olvidamos las diferencias", explica Jean Orvile, ubicado en una de las gradas para ver los partidos. "Evidentemente, está la división entre fanáticos de Brasil y de Argentina, pero es solo para molestarnos los unos a los otros durante la competición", bromea el aficionado.

Al lado de Jean, hincha de Brasil que lanzará un grito de felicidad cuando el crack argentino Lionel Messi falla su penal frente a los islandeses en su debut por el Grupo D, Pascal Chery lleva puesta con orgullo la camiseta argentina.

"Miren estos colores y miren los colores del cielo: ¿cómo sería posible no amar a este equipo? Es algo natural", afirma sin dejar de mirar la pantalla.

"Y Messi es el mejor jugador del mundo, aun si hoy es verdad que no lo parece tanto", reconoce Pascal.

Las gradas se vacían con el pitido final en el estadio del Spartak de Moscú. Es hora de ir a comprar para comer y beber, para luego regresar al lugar bien aprovisionados con el fin de observar al sol el siguiente partido (Perú-Dinamarca, por el Grupo C).

"Mientras miramos un partido, nos olvidamos de nuestros problemas, dejamos de lado el estrés y la miseria. Con este evento, al menos disfrutamos durante un mes", confía Pascal, quien asegura ya tener todos los argumentos para responder a las bromas de los fanáticos brasileños, quienes a su vez esperan el estreno del domingo de Neymar y compañía frente a Suiza. Seguramente, la plaza una vez más estará a reventar.

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