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Quema de basura, la nube gris que amenaza Polonia

Una excavadora durante las labores de disposición de basuras en el vertedero de Onyx ubicado en Chrzanow, Polonia, el 24 de agosto del año 2004.
Una excavadora durante las labores de disposición de basuras en el vertedero de Onyx ubicado en Chrzanow, Polonia, el 24 de agosto del año 2004. Janek Skarzynski / AFP

La incineración diaria de toneladas de basura para producir energía, de la mano de la que quema ilegal de los vertederos, ubican a este país europeo bajo una nube de contaminación que amenaza a sus habitantes.

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Encima de Polonia hay una nube gris. La densa cubierta encapota el cielo de este país que, semanalmente, importa toneladas de basura para producir energía y que, aunque no es el único que lo hace, sí es uno de los más contaminados.

Las enormes cargas llegan desde Alemania, Reino Unido, Nueva Zelanda y Australia, y son depositadas en amplios vertederos abiertos. Allí, las pilas de desperdicios dibujan una especie de paisaje apocalíptico en el que botellas y bolsas se alzan del suelo al cielo.

Las importaciones están fuera de control. La Inspección General para la Protección del Medio Ambiente en territorio polaco indica que superan las 700 toneladas anuales y que su tratamiento se convirtió en un negocio tan rentable como letal.

La amenaza tóxica nubla el panorama cada vez más. Los gases oscurecen el cielo, disminuyen la fertilidad del suelo y afectan la calidad del aire. Para Ewa Chodkiewicz, una de las expertas de la organización ecologista WWF, desde que China restringió la cuota de basura que recibía de la Unión Europea, Polonia está ante un aumento considerable de la quema.

Para el 2008, el índice de envío de residuos plásticos desde los países europeos hacia el gigante asiático fue del 87%, lo que estimuló la llegada de basura hasta tierras polacas. Pero, más allá de lo que representa la acumulación de estos cargamentos, está el registro de una serie de incendios al interior de un buen número de vertederos.

Justo el 14 de junio se registró el más reciente de ellos. Las llamas se produjeron en el sur del país, en cercanías a Skawina, hasta donde 130 bomberos fueron trasladados para sofocar el fuego que se propagó en una planta de desechos plásticos

Durante los primeros seis meses de 2018, el número de los incendios desencadenados en basureros se duplicó. La cifra es clara: mientras que en 2017 se presentaron 36, el número actual es de 60.

Pese a los esfuerzos de las autoridades, los incendios duran días y no guardan relación con el impacto climático. Las columnas de humo invaden el horizonte de una bruma espesa que alarma a los habitantes y ante la cual las opiniones están divididas. Mientras que los dueños de los basureros dicen que son provocados, WWF lo pone en duda, piensan que los mismos propietarios podrían estar detrás de las quemas como parte de un plan para librarse de lo que ya no les sirve.

Si bien los líderes de los vertederos compran la basura para producir energía, no cuentan con la maquinaria necesaria para hacer de este un proceso amigable con el medio ambiente, por lo que recurren a las quemas convencionales y hacen de este proceso verde toda una historia gris.

Chodkiewicz insiste en que este no es un problema huérfano. Dice que a la contaminación por las quemas se suma la generada a diario en los miles de hogares por el uso del carbón en los sistemas de calefacción.

El detonante del descontrol en las importaciones de basura

Las autoridades polacas reconocen que la falta de control en la importación de basura detona el desarrollo de las quemas indiscriminadas que, provocadas o no, dejan su huella en el ambiente.

Mateusz Morawiecki, el primer ministro de Polonia, dice que no es posible “luchar contra la polución atmosférica”, pero admite que las quemas afectan la salud pública, que “envenenan” el ambiente. Posición ante la que Chodkiewicz es tajante al decir que solo con sanciones severas podrán apagar este fuego.

No se trata de algo pasajero. La Organización Mundial de la Salud señala que, de las 50 ciudades más contaminadas de Europa, 33 están en Polonia, un país en el que el aire contiene 30 veces más partículas cancerígenas que las que tenía apenas una década atrás.

La dependencia del carbón contamina hora tras hora a los polacos, quienes están frente a una nueva amenaza: la de una industria que los induce en el permanente riesgo cancerígeno que reposa bajo la nube gris de las quemas de basura.

Con EFE

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