En Sudáfrica, el combate de los negros contra las ciudades del apartheid

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Ciudad del Cabo (AFP)

"Cuanto más negro eres, más lejos vives de la ciudad. Así era durante el apartheid y no ha cambiado". Lindiwe no se conforma con la situación que denuncia, así que desde julio ocupa un edificio del centro de Ciudad del Cabo.

"Aquí se está cerca de todo, de las tiendas, de la parada de autobús. No hay problemas de seguridad. Puedo ir al parque", explica esta sudafricana de 51 años, mientras cocina en un hornillo que no podrá conservar durante mucho tiempo.

No hay agua ni electricidad en el apartamento donde vive en el barrio de Sea Point, una zona chic, turística y blanca. Se alumbra con una vela y va y viene entre el segundo piso y el grifo de la planta baja, el único en el edificio ocupado por más 300 personas.

El inmueble de cuatro plantas de cemento gris, situado a pocos metros del estadio de Ciudad del Cabo construido para el Mundial de fútbol de 2010, pertenece a la provincia del Cabo occidental.

Los primeros okupas se instalaron allí en marzo de 2017 y, de momento, nadie ha intentado desalojarlos. Las autoridades cortaron el agua y la electricidad, y escribieron una carta a los habitantes ilegales, preguntándoles cuándo tenían intención de marcharse.

A unos minutos a pie, el paseo marítimo y sus tiendas de lujo para turistas resplandece.

Lindiwe, que vende brochetas y alquila sombrillas durante la temporada turística, vivía en una casa con agua y electricidad en Gugulethu, un township situado a unos 20 kilómetros del centro de Ciudad del Cabo. "Pero había demasiadas peleas. Mi hijo no forma parte de ninguna banda y su vida estaba en peligro", cuenta con voz suave.

- Irrespirable -

Su vecina de rellano también sufrió la violencia. "Mi hija minusválida fue violada en diciembre, mi marido, herido con un machete, y me han robado dos veces mi bolso. Me estaba volviendo loca", cuenta Nomhle, que lava su ropa en la penumbra de los baños comunes.

Cuando llegó a Sea Point, todas las habitaciones del edificio, un antiguo dormitorio para enfermeras, ya estaban ocupadas. Pero nunca se planteó volver a Delft, su township. Esta madre de familia que, al igual que su marido, sobrevive vendiendo periódicos de personas sin techo, prefirió mudarse con su hija de 15 años y su esposo en un espacio de unos pocos metros cuadrados.

Una papelera sirve de cómoda y hay un colchón en una esquina del cuarto. El olor a parafina vuelve el aire irrespirable en la planta baja del edificio. "Es sucio, pero por lo menos me siento segura", explica Nomhle, con el pelo corto y desgreñado.

Sudáfrica tiene una muy alta criminalidad, con 51 homicidios diarios.

En los townships de la ciudad, donde la mayoría negra sigue hacinándose un cuarto de siglo después de la llegada de la democracia, las bandas siembran el terror. La minoría blanca vive, por su parte, en barrios residenciales protegidos.

- "Remediar la injusticia histórica" -

La organización racial de Ciudad del Cabo, como la mayoría de las localidades sudafricanas, no ha cambiado desde el final del régimen del apartheid en 1994, que había expulsado a los negros hacia la periferia de las ciudades. Una situación que se ha vuelto insoportable para muchos.

El nuevo presidente, Cyril Ramaphosa, prometió "acelerar" la reforma urbanística para "remediar la grave injusticia histórica" cometida hacia los negros.

En las áreas urbanas, el objetivo es "poner fin a las divisiones entre barrios blancos ricos y townships negros", resume Ruth Hall, experto en asuntos territoriales. "Los negros quieren tener acceso a tierras y alojamientos cercanos a las oportunidades económicas".

Es el caso de Joyce. Esta camarera gastaba 30 rands (2,20 dólares) a diario, un cuarto de su sueldo, para ir a trabajar a un restaurante de la ciudad. Desde que su madre soltera vive en el edificio abandonado de Sea Point, ahorra 20 rands al día.

Es cierto que las autoridades sudafricanas construyeron más de cuatro millones de viviendas sociales desde 1994, uno de los programas más ambiciosos del mundo.

"Pero fracasaron al confinarnos siempre lejos de las ciudades. Sigue siendo el apartheid", critica Mpho, un okupa de Sea Point. "Abajo los propietarios blancos", reza una banderola colgada en su habitación.

- Reubicación -

Y, víctimas del alza de los precios, los habitantes negros y mestizos que vivían en el centro de Ciudad del Cabo, han recibido propuestas para ser realojados al exterior de la localidad. Dos "campos de reubicación" abrieron sus puertas a unos 30 kilómetros de la megalópolis.

Las pequeñas viviendas de chapa son gratuitas en esos campos, pero "aisladas, sin esperanza y expuestas a la criminalidad, la droga y la pobreza extrema", denuncia la asociación Ndifuna Ukwazi.

"Realojar a la gente en esos campos es un recordatorio permanente de lo que el apartheid nos infligió. Y el gobierno actual sigue con esa dinámica", se indigna Nkosikhona Swaartbooi, uno de los responsables de la oenegé.

Sólo son soluciones de emergencia, asegura el consejero municipal Brett Herron, encargado del desarrollo urbanístico.

"En cierta medida, hemos construido en el mal lugar", reconoce sin embargo. "No hemos hecho bastante por corregir la organización de las ciudades procedentes del apartheid, [pero] hacemos todo lo posible por invertir" la tendencia, afirma Herron.

El consejero recuerdo que el municipio se ha comprometido a crear al menos 4.000 viviendas sociales en los 11 proyectos inmobiliarios previstos en el centro de la ciudad. Una gota de agua para las 350.000 personas que están a la espera de un alojamiento social.