Saltar al contenido principal

Amazonía peruana llora a víctimas de Sendero Luminoso tres décadas después

Anuncios

San Martín de Pangoa (Perú) (AFP)

Era Jueves Santo y muchos pobladores estaban en la iglesia viendo una película sobre Jesús cuando cientos de guerrilleros de Sendero Luminoso ingresaron a la aldea y mataron a todos los que encontraron a su paso.

Han transcurrido tres décadas, pero los que lograron salvarse recuerdan como si hubiese ocurrido ayer la matanza de Naylamp de Sonomoro, una remota aldea de la Amazonía peruana.

"Muy asustada, me escondí con mi hermano de un año detrás de la iglesia", relata a la AFP Cira Martínez, quien entonces tenía nueve años, al evocar el sangriento ataque que marcó su vida, perpetrado el 12 de abril de 1990.

Los rebeldes maoístas actuaron con extrema crueldad: mataron a 34 personas, entre ellas una mujer embarazada y ocho niños.

Sus familias recién ahora pudieron darles una sepultura digna a las víctimas, pues luego de la incursión guerrillera las enterraron en una fosa común sin ninguna ceremonia ni formalidad.

La cifra de muertos equivale a la décima parte de la población que tenía la aldea, donde vivían entonces unas 70 familias dedicadas a la siembra de yuca, arroz, plátanos, frijoles y cacao.

- "Muertos regados en las calles" -

Los senderistas andaban vestidos como 'Rambo' y con escopetas y machetes mataron sin piedad, recuerda Cira Martínez, quien ahora tiene 38 años.

Los rebeldes buscaban castigar a los aldeanos porque habían creado unas semanas antes una "ronda campesina" (patrulla cívica de vigilancia armada) precisamente para protegerse de la guerrilla.

"Todo lo que encontraban a mano lo mataban", relata esta mujer que perdió a su madre, su hermana y un primo pequeño en la incursión rebelde.

"Los muertos estaban regados en la calles. A mi primo lo reconocimos en la fosa porque tenía canicas en sus bolsillos", agrega.

Tras exhumar e identificar a las víctimas 28 años después, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y la Fiscalía peruana entregaron a sus familias los féretros con los restos de 24 de los 34 lugareños asesinados.

Los 24 restos fueron velados en el auditorio municipal de San Martín de Pangoa, distrito cercano a la aldea, antes de ser enterrados en el cementerio local. Los demás restos exhumados todavía no han sido identificados.

Naylamp de Sonomoro está en la margen izquierda del río Sonomoro, en el Valle de los Ríos Apurimac, Ene y Mantaro, conocido como VRAEM, la mayor zona de producción de hoja de coca de Perú, donde todavía operan bandas de narcotraficantes y remanentes de Sendero.

- "Amanecimos sin esposa y sin hijos" -

El actual alcalde de Naylamp De Sonomoro, Raúl Puente, es uno de los sobrevivientes de la matanza que dejó huérfanos y viudos en este poblado que había decidido resistir a la guerrilla.

"Fue un escenario de terror. Hubo una masacre en mi pueblo porque las víctimas tenían cortes con machetes y hachas", relata Puente. Él mismo era integrante de la ronda campesina, pero se salvó de ser asesinado al ocultarse entre ramas de plátanos.

"Ahora ellos pueden descansar en paz", agrega llorando Puente, de 58 años, tras recibir los féretros con los restos de su suegra y su tío en la plaza de armas de Pangoa.

A su paso, los senderistas incendiaron casas y vehículos. Numerosos lugareños resultaron heridos e incluso algunos sobrevivientes todavía tienen balas y perdigones alojados en sus cuerpos.

"Todos los sobreviviente reunidos llorábamos porque muchos amanecimos sin papá, sin esposa y sin hijos. Era algo escalofriante", comenta el alcalde, cuya aldea tiene ahora unos 2.000 habitantes, seis veces más que en 1990.

Entre las víctimas estaba Alejandro Quispe, jefe de la ronda campesina, quien fue salvajemente asesinado. Se había caracterizado por su tenaz resistencia ante las amenazas de Sendero, según el informe de la Comisión de la Verdad.

"Me duele que lo hayan matado así, él no tenía la culpa de nada. Pido justicia para esos sinvergüenzas que hasta ahora no están presos", dice su viuda, Vilma Huatuco, quien introdujo una rosa roja en el féretro con los huesos de su marido.

Las fuerzas armadas también actuaron sin contemplación en su cruzada antiguerrillera, lo que dejó a los campesinos a merced de ambos bandos.

En abril, Perú elevó oficialmente a 20.329 los desaparecidas en el conflicto armado interno, un tercio más que en el anterior recuento, durante las dos décadas de violencia armada, desde que Sendero Luminoso lanzó una "guerra popular del campo a la ciudad" en 1980 hasta su derrota ante las fuerzas militares en 2000.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.