Elecciones en Turquía

Erdogan: de las humildes calles de Estambul al dominio del poder de Turquía

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, líder del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), asiste a una manifestación del AKP en la plaza Yenikapi de Estambul, el 17 de junio de 2018.
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, líder del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), asiste a una manifestación del AKP en la plaza Yenikapi de Estambul, el 17 de junio de 2018. Goran Tomasevic / Reuters

Recep Tayyip Erdogan, un economista y político de 63 años, aspira a continuar dirigiendo los destinos de Turquía. Le contamos quién es y cuál ha sido su trayectoria.

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Recep Tayyip Erdogan nació en una familia religiosa de clase media-baja proveniente de las costas del Mar Negro en 1954. Tayyip, como es conocido por sus allegados, trabajó como vendedor en las calles de Estambul para ganar algo de dinero en su adolescencia antes continuar sus estudios en un colegio superior islamista.

El fútbol y la política, sus grandes pasiones

Desde temprana edad, Erdogan manifestó gran interés por los temas relacionados con el fútbol y la política. Mientras adelantaba su carrera de Administración y Economía en la Universidad de Marmara en Estambul, dedicaba parte de su tiempo a jugar fútbol como aficionado.

Fue en esa época de universitario que comenzaron sus acercamientos a la política en la militancia islamista. Con 22 años, se unió al Partido de Salvación Nacional de Necmettin Erbakan, primer jefe del Gobierno islamista de Turquía en 1996, y quien desempeñaría un papel crucial en su historia y sus ideas gubernamentales.

El ingreso en el escenario público como alcalde de Estambul en 1994, el inicio de una larga carrera política

En su gestión como alcalde de Estambul entre 1994 y 1998, consiguió una considerable popularidad al enfocar su mandato en la modernización de los servicios públicos como el sistema de transporte y de recolección de basuras que representaban los mayores problemas de la época en la ciudad. Sin embargo, una condena por incitación al odio racial y religioso lo envió a la cárcel y sentenció la pérdida de sus derechos políticos.

En una de sus primeras apariciones en televisión, después del intento de golpe del Ejército al Gobierno de coalición liderado por Necmettin Erbakan en 1997, y por el que su partido fue clausurado, Erdogan, con las manos apoyadas a lado y lado del atril y con el cuerpo completamente rígido, solo subía y bajaba la cabeza para leer ante el público un poema en el que comparaba los minaretes de las mezquitas con bayonetas y las cúpulas con yelmos:

“Las mezquitas son nuestros cuarteles, sus cúpulas nuestros escudos, sus minaretes nuestras bayonetas y quienes tienen fe, nuestros soldados”.

En este país secular, eso le valío diez meses de prisión a Erdogan.

Al salir de prisión, Erdogan y sus seguidores replantean su política y suavizan el discurso

El encarcelamiento no puso fin a la carrera de Erdogan, por el contrario, se convirtió en un elemento que la relanzó y propició la reflexión de lo que, hasta ese momento, habían sido sus preferencias islamistas, aliándose a Erbakan y mostrándose después como un islamista proeuropeo moderado y demócrata.

En 2001, fundó el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), una maquinaria que lo llevó a ser, durante once años, el primer ministro de Turquía siempre con mayorías absolutas (2003-2014).

La modernización económica estuvo acompañada de una reislamización del país. Erdogan se aleja de Europa y se dirige a Oriente Medio, que ve en él un modelo que mezcla el liberalismo económico y el conservadurismo religioso.

En 2014, fue el primer presidente elegido en las urnas y no en el Parlamento, como resultado de una reforma impuesta por él mismo desde el Gobierno y por la que muchos intelectuales cuestionaron la apertura política característica de sus primeros cinco años en el poder.

La noche del 15 al 16 de julio de 2016, en las principales calles de Ankara, capital política y de Estambul, epicentro económico del país, varios sectores de las fuerzas armadas de Turquía se sublevaron para derrocar a Erdogan. El Ejército turco tradicionalmente defendió los valores seculares.

Durante la jornada, decretaron la ley marcial, ocuparon edificios estales y bloquearon parcialmente el acceso a internet. Sin embargo, el político de carácter recio logró escapar con el apoyo del Primer Cuerpo del Ejército que se mantuvo leal y horas más tarde, a través de un mensaje televisado, convocó a sus seguidores a las calles para retomar el control de Turquía e impedir nuevos intentos golpistas.

Días después, Erdogan estableció el estado de emergencia permanente, expulsando a al menos 150 mil funcionarios públicos y ordenando el arresto de más de 30 mil personas.

Las reformas constitucionales, un sueño para crear una nueva Turquía

Recep Tayyip Erdogan sueña con establecer un nuevo país, por eso dice que liberarse de las ataduras del Parlamento es necesario para que Turquía progrese y se convierta en una potencia económica mundial.

En 2017, ganó un referendo constitucional para abolir el cargo del primer ministro y transferir el poder ejecutivo al presidente, decisión fuertemente criticada por la oposición que argumenta que Erdogan hará un país para un solo hombre.

Las elecciones presidenciales, programadas inicialmente para noviembre de 2019, se celebrarán este 24 de junio. Las encuestas le adjudican cerca de un 50% de votos en la primera ronda lo que lo llevaría a una segunda vuelta, posiblemente contra Muharrem Ince, candidato del partido socialdemócrata CHP.

A pesar de que sus contradictores lo describen como un hombre cansado y poco emocionado en la contienda electoral, su estilo conservador sigue siendo el reflejo de su vida personal y la clave para afianzar su imagen. Casado desde los 24 años con Emine Gülbaran, tiene cuatro hijos y dice estar confiado en que continurá dirigiendo los destinos de Turquía.

Con EFE

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