Medianoche en Riad: vítores para Samar, que por fin maneja su automóvil

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Riad (AFP)

Cada diez metros, alguien -una pareja de jóvenes, un grupo de chicas con globos- para a Samar Almogren para felicitarla o saludarla con el pulgar levantado.

Es medianoche en Riad y Samar, presentadora de televisión y madre de tres hijos, circula por la ciudad donde nació y creció, por primera vez al volante de su vehículo.

La prohibición de manejar a las mujeres, en vigor desde hacía décadas en el reino saudí, fue retirada el domingo a las 00H00 locales. Antes, tras haber tomado el té y contado los minutos, Samar le dio las buenas noches a su hijo Salum, de cuatro años.

- 'La piel de gallina' -

Luego, se puso una abaya blanca y, acompañada de su mejor amiga, se encaminó hacia el 4x4 GMC blanco estacionado delante de su casa en el barrio de Narjiss, en el norte de Riad. Puso el contacto y arrancó.

"Tengo la piel de gallina", dice mientras toma la avenida del Rey Fahd, la principal arteria de la capital saudí.

Conduce en silencio durante unos minutos, mirando la luna, hasta que declara: "Nunca en mi vida me había imaginado que manejaría aquí. En esta avenida. Al volante".

La cuestión de saber si la sociedad saudí estaba preparada para que las mujeres manejaran dio lugar a encendidos debates en el reino.

En 2013, un religioso saudí muy conocido, el jeque Saleh Al Luhaidan, aseguró que conducir podría dañar los ovarios de las mujeres y deformar su pelvis, lo que comportaría malformaciones en los recién nacidos.

La resistencia a suprimir la prohibición sigue muy viva en algunos sectores de la sociedad. Canciones con títulos como "No manejarás" aparecieron en las últimas semanas en las redes sociales.

Pero mientras Samar maneja por Riad a bordo de su GMC blanco, los hombres y las mujeres no dejan de pararla para felicitarla y expresarle su apoyo.

Un grupo de hombres jóvenes, que esperan a que la policía termine de rellenar el parte tras un incidente sin importancia, ve a Samar. Le sonríen y la jalean. El policía, él también, la mira y sonríe.

Un hombre que fuma en la acera aplaude enérgicamente a su paso. Una pareja de jóvenes que se pasean de la mano -él, en camiseta y pantalones, y ella, en abaya y niqab negros- se detienen para saludarla con el pulgar levantado y la V de victoria con la mano.

"Estoy orgulloso, orgulloso, orgullos", exclama un hombre que pasa en su coche. "Es como un día de fiesta".

Samar está visiblemente emocionada. "Y esta es la sociedad que, según ellos, no está preparada para que las mujeres manejen", dice, en alusión a los adversarios conservadores de esta reforma histórica.

Muchos reconocen que el fin de la prohibición de manejar a las mujeres es un paso adelante, pero advierten que sigue siendo insuficiente en un país en el que la mujer sigue teniendo en 2018 el estatus de persona bajo tutela.

- 'Decisión política' -

En este sistema, las mujeres deben tener el permiso de su pariente masculino más cercano -marido, padre, hermano o incluso hijo- en la mayor parte de los ámbitos de su vida: trabajar, inscribirse en un centro de enseñanza o, en algunos casos, para recibir cuidados médicos.

Samar dice que es perfectamente consciente del hecho de que su nueva libertad de conducir no es el resultado directo de los esfuerzos de las activistas que combaten desde hace mucho tiempo la política represiva del reino hacia las mujeres, algunas activistas de las cuales fueron detenidas en junio.

Décadas de lucha de estas militantes no lograron conseguir lo que un plumazo del rey decidió en un decreto firmado en 2017, señala Samar. "Esto ha sido una decisión política", subraya.

Sin embargo, fue la determinación de estas mujeres valientes, algunas de las cuales perdieron su empleo o el respaldo de su familia, lo que preparó el terreno para que la supresión de la prohibición llegara un día. "Son ellas las que lanzaron todo esto por nosotras", defiende Samar.