Elecciones México - Contricantes de AMLO

Anaya y Meade, los dos hombres que podrían crear la sorpresa en México frente a López Obrador

Ricardo Anaya y José Antonio Meade, los principales competidores de Andrés Manuel López Obrador.
Ricardo Anaya y José Antonio Meade, los principales competidores de Andrés Manuel López Obrador. AFP

Tienen trayectorias distintas pero el mismo propósito para el 1 de julio: desmentir las encuestas y ganar la Presidencia de México. Ricardo Anaya y José Antonio Meade son los principales contrincantes de Manuel López Obrador.

Anuncios

Son todos animales políticos de México. Pues los cuatro candidatos para la elección presidencial tienen una experiencia consecuente en cargos locales o nacionales. No son figuras desconocidas por parte de los mexicanos, pero el favorito, Manuel López Obrador, es integrante de una formación política que nunca ganó la función suprema en el país.

Desde los años treinta, la Presidencia de los Estados Unidos Mexicanos fue dominada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) hasta que irrumpieron dos presidentes del Partido Acción Nacional (PAN) entre 2000 y 2012.

Hoy, Ricardo Anaya, del PAN, y José Antonio Meade, del PRI quieren alejarse del continuismo y mostrar una imagen renovada de sus respectivos partidos. Su voluntad de impulsar una nueva dinámica y convencer así a los electores no resultó eficaz en las encuestas, pero la sentencia final se entregará desde las urnas.

Ricardo Anaya, el joven estratega quien ascendió en pique

En 1997 tenía tan solo 18 años cuando ocupó su primer cargo en su estado nativo de Querétaro. Tres años después, afilió oficialmente al PAN bajo la sombra de un influente político local quién le impulsó su carrera política desde la gobernación.

Ricardo Anaya se caracterizó por entender muy bien, desde joven, el funcionamiento de la política mexicana. A sus 23 años se convirtió en el secretario particular del gobernador y, a partir de ese momento, supo ascender de manera fulgurante a los escalones, tanto de su partido como de las instituciones. Tras dirigir al PAN local, llamó la atención del entonces presidente, Felipe Calderón, quién lo nombró en funciones federales en 2011.

De hecho, rodearse de mentores claves fue una de las estrategias de Anaya para imponerse sin que le preocupara tampoco faltar a la lealtad en caso que su padrino del momento le estorbara en su trayectoria. Saltando de un cargo a otro, apoyó unas reformas del presidente saliente Enrique Peña Nieto antes de cambiar de postura en vista de la contienda electoral.

"Peña Nieto lo detesta, lo ve con enorme y profunda antipatía. Dicen que es porque Ricardo pasó de ser un político negociador a un político de oposición muy dura, muy frontal”, explicó a la agencia AFP el expresidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Agustín Basave.

Se lanzó con toda su energía a la conquista de su partido, haciéndose enemigos internos como el exmandatario Calderón. Sacudió a varias figuras de su bando, pero su gestión tuvo sus frutos. Con él, el PAN logró pasar a la cabeza de 5 a 13 regiones luego de las elecciones, un éxito histórico.

La llegada en la carrera presidencial no fue menos intensa. "Anaya estaba dispuesto a destruir su propio partido, a socavarlo, a dividirlo en múltiples partes, para hacerse de la candidatura presidencial", comentó a AFP la politóloga Pamela Starr. Alcanzó a ser el candidato único de una coalición inédita entre el conservador PAN y los partidos de centroizquierda Movimiento Ciudadano y PRD.

La gran paradoja de Anaya es que nunca ha sido electo por voto popular. Hoy, con 39 años, es el candidato a la Presidencia más joven que haya conocido México. Reivindica un programa de gobierno moderno para el país basado en el “cambio inteligente” y pretende agrupar en su nombre la oposición a Andrés Manuel López Obrador, el favorito de la contienda.

Con casi veinte puntos de diferencia en las encuestas, la tarea va a ser ardua el domingo 1 de julio, pero una buena segunda posición podría consolidarlo como personalidad de la política nacional. Sin embargo, no todo le sale siempre bien a Ricardo Anaya. La Fiscalía general abrió una investigación en su contra por supuestos financiamientos con recursos ilícitos.

José Antonio Meade, el "hombre puro" que intenta "lavarle la cara al PRI"

José Antonio Meade, de 49 años, no militó en ninguna formación política, pero no pudo despegarse del irreversible PRI. Economista, trabajó tanto para Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (EPN) como ministro de Hacienda, Energía, Relaciones Exteriores y Desarrollo social. Hoy nadie niega su experiencia de administrador e incluso su intelecto.

"Estaba en otra dimensión por su inteligencia", comentó a la AFP el columnista Fausto Pretelin, quien fue su compañero en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Meade es un personaje considerado con cierta caballerosidad en comparación a la bancada política tradicional.

Un factor que le interesó a EPN quién en él el "hombre puro" capaz de "lavarle la cara al PRI". La formación del presidente saliente acumula los escándalos de corrupción el mal gestión en todo el país y salió oportunamente esta figura fresca. Pero pareciera que a José Antonio Meade no le quepa el traje del líder carismático apto a hacer milagros electorales.

Lidiar con la impopularidad record de EPN no es una tarea fácil para nadie aún menos para alguien que no logra captivar con sus discursos y presencia en comparación a sus adversarios. De hecho, sus mítines parecen haber sido los más tímidos de esta contienda electoral.

"Meade demostró ser el candidato más brillante de la contienda electoral, pero no pudo competir contra el entorno de hartazgo social", explicó a la AFP la analista Martha Anaya. "Nunca se deslindó de Peña Nieto y resultó tibio, muy novato", comentó, "sólo alcanza, y a duras penas, el voto duro del PRI, al que tuvo que abrazar".

En los últimos sondeos, llega a duras penas al 19% de las intenciones de voto. Redujo un poco su diferencia con Ricardo Anaya. Su coalición compuesta por el PRI y los centroderechistas Partido Verde y Nueva Alianza y sus logros como administrador no aparentan superar la difícil herencia que deja el ejecutivo y el descontento de los mexicanos hacia su clase política.

Con AFP

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24