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El mariscal Haftar, asentado en el este de Libia, echa el ojo al oeste

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Trípoli (AFP)

El mariscal Jalifa Haftar domina el este de Libia y ahora intenta extender su autoridad e influencia a la región de Trípoli, en el oeste, afirman los analistas.

Libia, devastada por una lucha de poder encarnizada y una crisis económica aguda desde la caída del régimen de Muamar Gadafi en 2011, está dirigida por dos entidades rivales: el gobierno de unión nacional (GNA), con sede en Trípoli y reconocido por la comunidad internacional, y un ejecutivo paralelo en el este del país.

Antes de la supresión del sistema federal en 1963 el país estaba dividido en tres regiones: Cirenaica (este), Tripolitania (oeste) y Fezán (sur).

Haftar, apoyado por el gobierno y el parlamento del Este, contesta la legitimidad del GNA de Fayez al Sarraj.

En mayo el mariscal acordó en París con sus rivales la celebración de elecciones en diciembre para sacar al país del caos. Un compromiso poco convincente.

Haftar siguió con las operaciones militares. En los últimos días sus hombres arrebataron el control de terminales petroleras a grupos rivales y esta semana se apoderaron de Derna, un bastión de los islamistas radicales y la única ciudad de la región oriental que escapaba a su control.

Un "día glorioso" -dijo- en el que el Este se libró del "terrorismo".

"Los adversarios de Haftar son finalmente su mejor baza. Con su torpeza y aventuras militares desorganizadas le facilitan la tarea para considerar una expansión hacia el oeste y el sur", estima Mohamed Eljarh, un analista libio.

En los últimos años, el mariscal advirtió muchas veces de que iba a "liberar la capital".

La tarea es ardua. La ciudad de Misrata, que forma parte de Tripolitania junto con Trípoli, alberga grupos armados poderosos y muy hostiles a Haftar, de 75 años.

Para Karim Bitar, del instituto de relaciones internacionales y estratégicas, las "declaraciones triunfalistas sobre la supuesta victoria contra el terrorismo permiten pensar que podría (...) subestimar el camino que queda por recorrer".

- "Arrogante" -

Sus adversarios acusan a este exdignatario del régimen de Gadafi de querer instaurar un régimen militar deshaciéndose de sus rivales.

Tras la reconquista de la región de la Media Luna petrolera, desde donde se exporta la mayor parte del oro negro, el mariscal entregó las instalaciones petroleras bajo su control a las autoridades del Este.

Una decisión que enfadó al gobierno de unión nacional porque las resoluciones de la ONU estipulan que el petróleo debe permanecer bajo el control exclusivo de la Compañía Nacional Libia del Petróleo (NOC)legítimamente reconocida y bajo supervisión del GNA.

Los países occidentales, la ONU y la Unión Europea confirmaron "los derechos exclusivos" de la NOC de Trípoli para exportar el petróleo.

¿Un paso en falso para el mariscal? Haftar intenta seducir a los gobernantes extranjeros pese a la desconfianza de algunos países. Con su invitación a París para la reunión sobre Libia se anotó un tanto.

"Haftar es arrogante porque algunos Estados le incentivan prometiéndole apoyo", considera Jalel Harchaoui, especialista en Libia de la universidad Paris VIII.

- "Prisas" -

Con sus operaciones el mariscal parece haber dado la espalda a los compromisos de París, afirman sus rivales.

"Es difícil imaginar cómo Libia puede celebrar elecciones libres" sin un reconocimiento mutuo de las partes en conflicto, estima Ethan Chorin, exdiplomático estadounidense y actualmente consultor.

En el bando de Haftar explican que el objetivo de la maniobra de la gestión del petróleo no es vender crudo sino forzar al GNA -que administra los ingresos del petróleo- a hacer concesiones.

Los pro-Haftar buscan sobre todo la destitución del gobernador del Banco Central, Sedik al Kebir, al que acusan de apoyar financieramente a sus rivales.

"Haftar está decidido completamente a debilitar el equilibrio en torno al GNA en Trípoli. No sólo con medios militares sino también administrativos y económicos", explica Harchaoui.

Según él, "Haftar es un hombre viejo, por lo tanto con prisas". "Hace más de cuatro años que no consiguió entrar en Tripolitania. Está completamente determinado a usar mañas de todo tipo para lograrlo este año".

Pero, según Bitar, "incluso las potencias extranjeras que lo apoyan estiman a veces que Haftar sobrestima sus fuerzas y que nada será posible sin un acercamiento político".

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