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Víctor Jara, el cantante cuya voz y asesinato aún resuena en Chile

Víctor Jara se volvió un objetivo de la dictadura chilena por el contenido crítico y social de sus canciones.
Víctor Jara se volvió un objetivo de la dictadura chilena por el contenido crítico y social de sus canciones. Fundación Víctor Jara

Han pasado 45 años de su muerte y recién la justicia chilena establece condena para sus 8 asesinos y su encubridor. En Chile, la voz de Víctor Jara se sigue escuchando vigente, viva y fuerte.

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“Yo canto a los que no pueden ir a la universidad, a los que viven penosa y duramente de su trabajo, a los que son abusados, a todos esos que se llaman pueblo, con toda la magnificencia que encierra la palabra”, afirmó Víctor Jara.

La voz de Jara resonaba en la década de los 70 con más fuerza que la que parecían tener sus simples canciones. Los militares dirigidos por el general Augusto Pinochet, que bombardearon el Palacio -presidencial- de La Moneda aquel 11 de septiembre de 1973 y que en Chile aún nadie puede sacar de la memoria, lo sabían bien.

Por eso entre las centenas de personas agolpadas y detenidas forzosamente en el Estadio Chile por sus ideas políticas el día después del golpe, no fue difícil para los militares identificar entre la muchedumbre a Víctor Jara y darle un “trato especial”.

“Encontrándose, entre los docentes aprehendidos, el cantante popular, profesor e investigador de dicha Universidad (Técnica del Estado), Víctor Lidio Jara Martínez (...) fue reconocido de inmediato por el personal militar que se ubicaba en el acceso al recinto, siendo agredido verbal y físicamente desde su llegada”, establece la sentencia que condenó este martes 3 de julio a 18 años de cárcel a 8 exmilitares por su muerte y a otro militar por su encubrimiento.

Según el fallo, los 8 de los militares identificados como Hugo Sánchez, Raúl Jofré, Edwin Dimteri, Nelson Haase, Ernesto Bethke, Juan Jara, Hernán Chacón y Patricio Vásquez, fueron condenados en calidad de autores de los homicidios. El exoficial Rolando Melo deberá purgar 5 años y un día de presidio como encubridor de los homicidios y 61 días como encubridor de los secuestros.

Detenido junto al, hasta ese momento director general de prisiones, Littré Quiroga, y trasladado junto a él al Estadio Nacional –el mismo donde hoy día la selección chilena juega partidos- Jara era conocido por llevar la lucha política a sus canciones y expandirla por todo el continente .

"Las agresiones tuvieron como principal aliciente la actividad artística, cultural y política del mismo, estrechamente vinculada al recién derrocado Gobierno” continúa la sentencia sobre las agresiones a Jara y Quiroga que fueron sometidos a “idénticas torturas físicas, siendo los golpes más severos aquellos que recibió en la región de su rostro y en sus manos. Ambas víctimas fueron objeto de patadas, golpes de puño y golpes de culata con armas”, aifrmaron los jueces.

Lo primero que atacaron fueron sus manos y sus dedos que aparecían destrozados. Los militares lo hicieron –le decían a la cara mientras lo golpeaban- para que no volviera jamás a tocar su guitarra.

Fue asesinado de manera brutal y su cuerpo sometido a nada menos que 44 balazos. En esa época, los hombres de la dictadura no dejaban nada a medias.

“Para ser introducido a un vehículo en el cual fue finalmente trasladado al Estadio Nacional junto a otros detenidos, quedando en los camarines, en lugares diferentes, Víctor Lidio Jara Martínez y Littré Quiroga Carvajal, luego se les dio muerte a ambos, hecho que se produjo a consecuencia de, al menos, 44 y 23 impactos de bala, respectivamente”, establece.

Manifiesto, Víctor Jara

 
Tres días después del golpe, el 16 de septiembre, el cadáver de Víctor Jara fue tirado a la calle. Quienes lo encontraron lo conocían y pudieron identificarlo.

“Encontrados el 16 de septiembre de 1973 por pobladores que pertenecían a organizaciones comunitarias y sociales, en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano en un terreno baldío cercano a la línea férrea. Los que limpiaron sus rostros y pudieron reconocerlos, los que presentaban diversos hematomas y signos inequívocos de haber recibido fuertes golpes y los múltiples impactos de bala que se detallaron en los respectivos informes de autopsia, siendo llevados en las horas siguientes al entonces Instituto Médico Legal, en denuncias previamente efectuadas por Carabineros, lugar donde, a consecuencia de la directa y fortuita intervención de terceros, pudieron ser identificados, permitiendo a sus familiares más cercanos concurrir a dicha repartición y obtener la entrega de sus cadáveres” (sic).

Víctor Jara tampoco era desconocido para las personas comunes. Una de ellas pudo identificar, a pesar de los golpes y los destrozos, su rostro. Y de manera secreta y asumiendo un riesgo en ese terrible momento de la historia chilena se comunicó con su familia quien pudo recuperar así sus restos e impedir que el cantante más famoso de los tiempos de Salvador Allende se convirtiera en uno de los 1200 detenidos desaparecidos cuyos restos aún no se identifican ni se encuentran, casi 45 años después de aquel 11 de septiembre.

Jara "se dedicó a recorrer el país cantando, su figura con su guitarra y su poncho se transformaron en una especie de símbolo"

Victor Jara “es un gran héroe de la cultura en Chile”, resume Rodrigo Torres, musicólogo y académico de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

Proveniente “de una familia humilde, campesina, del sur”, que migró a Santiago para “poder a través de la educación pública que hoy está prácticamente diezmada poder formarse como teatrista, como actor, luego director”, se transformó en un director de gran éxito, reconocido dentro y fuera del país.

Cuando se produjeron las movilizaciones sociales en Chile, poco antes de que Allende llegara al poder, en 1970, “tomó la opción de dedicarse más a su trabajo como cantautor, lo que ocurre en el año 1969, un gesto muy radical. Entendía que el canto popular, la canción, era un arma de trabajo social” de gran importancia como demuestra el hecho de que deje de lado su exitosa carrera y opte por un camino artístico “que va a quedar digamos todavía resonando hasta hoy en día”, dice Torres.

En esa época, como cantautor, “se dedicó a recorrer el país cantando, su figura con su guitarra y su poncho se transformaron en una especie de símbolo, icónico de la revolución chilena de esa época, que adquirió una profundidad o arraigo de tal magnitud que se convierte hasta el día de hoy en una figura popular muy admirada, muy respetada y vigente, no solo de la música popular, sino de esa relación de arte con la vida”, señala.

“Desde el universo de su propio trabajo de creador va a ir tomando conexión con la realidad multicultural de nuestro país. Así en su obra uno encuentra referencias a la cultura mapuche, aymara, andina, del norte de Chile, y, además, una ampliación a conocer e involucrarse con tradiciones de América Latina, de Perú, de Colombia, de Cuba, de Argentina, de México  y no solamente eso sino también de EEUU”, algo muy significativo para el académico.

“La apertura de horizontes que uno puede encontrar en su música poniéndola en el contexto que él vivió, señala a un artista que rompía las fronteras de lo que eran las convenciones o modos canónicos de la Guerra Fría. En Chile el gran enemigo era el poder norteamericano, sin embargo Víctor Jara hizo música con elementos de rock o folk norteamericano”, lo que para Torres demuestra su mentalidad abierta no consignada a coordinadas locales, al igual que su música, lo que permite “que hoy siga siendo referente para las generaciones de músicos jóvenes y artistas” de la actualidad.

Víctor Jara fue uno de los 3.200 chilenos que murieron a manos de agentes del Estado durante la dictadura de Pinochet.
Víctor Jara fue uno de los 3.200 chilenos que murieron a manos de agentes del Estado durante la dictadura de Pinochet. Fundación Víctor Jara

De hecho, uno de los primeros en manifestarse tras la decisión de la justicia chilena fue el músico Tom Morello, el exmiembro de Rage Against the Machine y Audioslave, que afirmó en su cuenta de Instagram “¡Al fin algo de justicia! El legendario cantante de folclore, activista, humanitario Víctor Jara fue asesinado y torturado por una dictadura militar apoyada por Estados Unidos que derrocó el Gobierno chileno elegido democráticamente en 1973”, señaló.

Morello visitó la tumba del cantante en su última estancia en Chile. “Descansa en paz, Víctor. Cada nota que cada músico toca alguna vez en nombre de un planeta más justo y decente venga tu muerte y honra tu memoria”, afirmó Morello quien reconoce en Jara una de sus inspiraciones y quien realizó incluso una versión de su inédita “Canción del minero”.  

Morello también se refirió a la espera y el trabajo infatigable “a través de un millón de lágrimas” de la familia de Jara para conseguir esta sentencia.

“Estos crímenes cometidos desde el Estado están realizados para que nunca se puedan resolver”

“Es una derrota de la impunidad”, declaró el abogado de la familia Jara, Nelsón Caucoto. “Estamos poniendo término, dando un paso importante para terminar con un juicio que ha sido muy largo, que ha sido muy difícil de resolver, porque estos crímenes cometidos desde el Estado están realizados para que nunca se puedan resolver", afirmó en declaraciones recogidas por Radio Cooperativa.

"Y aquí se ha logrado (resolver) gracias a la tenacidad de los familiares de Víctor y de Littré Quiroga, gracias al aporte que hicieron los cientos de testigos que han declarado en la causa y también gracias a las declaraciones de conscriptos que estuvieron en el Estadio Chile y que aportaron más que la institución oficialmente del Ejército", agregó.

Muchos son los que celebran, que aunque tarde, se haga justicia.

“Las claves de la cultura latinoamericana surgen de un proceso de colonización y en ese mecanismo Víctor Jara no niega su condición de ser una cultura evangelizada por mecanismos católicos, una cultura colonizada, pero él busca a partir de esos elementos un horizonte distinto, y ese gesto le pone como alguien que se atrevió a hacer algo diferente”,  lo que le concede una suerte de atemporalidad “en enfrentar los poderes que subyugan aún hoy a América Latina”, establece Torres.

“Eso no pierde vigencia y cobra dramática actualidad ahora que recién después de 45 años la justicia chilena está decretando encarcelamiento” para sus asesinos, poniendo así un poco de justicia a “un hecho brutal que aún resuena en la conciencia de este país con mucha, pero con mucha fuerza”, concluye.

"Que el canto tiene sentido
cuando palpita en las venas
del que morirá cantando
las verdades verdaderas"

Manifiesto, Víctor Jara (1974)

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