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20 de marzo 1995: una mañana infernal en el metro de Tokio

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Tokio (AFP)

En la mañana soleada del 20 de marzo de 1995 en Tokio, los pasajeros, hacinados en el metro de la capital, ignoran que unos minutos más tarde su ciudad se parecerá a una zona de guerra: la secta Aum se dispone a golpear.

Primero fue el olor, un pestilente hedor químico fuerte y picante, parecido al disolvente de pintura.

El temible sarín, un gas originalmente desarrollado por los nazis, fue liberado en forma líquida en cinco vagones de sendos trenes del metro de Tokio en diferentes puntos.

Este ataque coordinado, que dejó 13 muertos y 6.300 heridos, era, según se supo más tarde, obra de Aum Shinrikyo (Aum Verdad Suprema).

"Había un líquido desparramado en el suelo en medio del vagón, la gente tenía convulsiones en sus asientos, un hombre se apoyaba contra un poste, con camisa abierta, totalmente sudado", recuerda Sakae Ito.

"Tenía la impresión de ahogarme, tosía mucho y empecé a tener escalofríos, la persona que estaba sentada junto a mí se desmayó y las alarmas de emergencia empezaron a sonar", cuenta otro pasajero.

Otros testigos recuerdan haber visto trozos de papel de periódico mojados después de que los miembros de Aum perforaran las bolsas que tenían el veneno con las puntas de sus paraguas.

Todos se debatían, ahogándose, con espuma saliendo por la boca, un hilillo de sangre bajo la nariz y los ojos irritados.

"Vi a un hombre tumbado allí, con burbujas saliéndole por la boca y la nariz ensangrentada", rememora otro testigo.

La policía recibió el primer aviso justo después de las 08H00 de la mañana y el pánico cundió rápidamente.

Los trabajadores del metro le gritaba a la gente que tenía que salir, pero los pasajeros padecían convulsiones en los trenes, que suelen pasar cada dos o tres minutos, a veces incluso menos en hora punta.

Los viajeros más valientes que intentaban sacar a las víctimas de los vagones se desplomaron rápidamente, mientras que otros prácticamente se vieron obligados a pisotear los cuerpos que había por el suelo para intentar respirar aire puro.

- Pánico nacional -

Afuera, los transeúntes miraban asombrados el espectáculo alucinante de los pasajeros saliendo de las bocas del metro con mascarillas improvisadas en la cara. Vomitaban y sufrían ataques de tos.

Soldados de las Fuerzas de Autodefensa de Japón (nombre oficial de las fuerzas armadas) bajaron a los túneles del metro vestidos con uniformes antirradiación y máscaras antigás.

Perduran en la memoria las imágenes de soldados saliendo del metro llevando sobre sus espaldas a personas sin conocimiento.

Centenas de ambulancias circulaban por las calles y los helicópteros aterrizaban en medio de las calles para trasladar a los heridos a unos 90 hospitales.

Los médicos intentaban reanimar a las víctimas con masajes cardíacos en la vereda ante peatones llorando , mientras que otras personas yacían en el suelo sacudidas por espasmos incontrolables a la espera de ser atendidas.

En la estación de Tsukiji, cerca del célebre mercado de pescado, el hospital internacional St. Lukes se vio rápidamente superado por la situación.

Ante la falta de ambulancias, muchas víctimas llegaban en taxi. Ante la falta de camas, las víctimas eran depositadas en camillas en los corredores del hospital, transformados en salas de primeros auxilios.

Japón, que dos meses antes había sido martirizado por el terrible sismo de Kobe, está acostumbrado a las catástrofes naturales, a las que se somete con cierto fatalismo, pero en un país cuya criminalidad es muy baja el atentado provocó un pánico nacional nunca visto antes.

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