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Cocina africana y Mundial, la vida diaria de los presos de la CPI

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Scheveningen (Holanda) (AFP)

Entre las paredes de ladrillo de una prisión holandesa, un grupo de prisioneros de orígenes múltiples termina de degustar un menú de cocina africana antes de ponerse cómodo ante un televisor para ver un partido del Mundial.

Es un día como cualquier otro en el centro penitenciario de Scheveningen, una localidad balnearia en la periferia de La Haya, donde están reclusos expresidentes y jefes militares, acusados de crímenes de guerra y contra la humanidad.

"Cuando llega un nuevo detenido, tenemos una breve conversación con él. Le explico, en primer lugar, que aquí estará seguro y, en segundo lugar, que lo trataremos con respeto", explica Paddy Craig, responsable de la sección de detenidos.

"Pero le digo también que esperamos que también nos respete. Somos abiertos de espíritu, pero nos encontramos en una prisión", añade este antiguo miembro de la Marina Real.

Tras diez años de prisión preventiva, el exvicepresidente de la República democrática del Congo, Jean-Pierre Bemba, abandonó hace tres semanas la prisión de Scheveningen tras haber sido exculpado por la Corte Penal Internacional (CPI). Lo que le ha convertido en uno de los pocos hombres que salen libres de la prisión holandesa de Scheveningen.

Un centro penitenciario en el que no es un problema el exceso de presos. Sólo hay seis hombres detenidos, todos africanos, entre ellos, el expresidente marfileño, Laurent Gbagbo. Una vez condenados por la CPI, estos presos cumplen sus penas en otras prisiones.

Para ellos, el día empieza a las siete de la mañana cuando se abren las puertas de sus celdas.

Cada recluso tiene derecho a un habitáculo individual de 15 metros cuadrados, con una cama, un baño, una silla, un televisor y un fregadero, como constataron periodistas durante una visita organizada para la prensa.

Además de prepararse para las audiencias judiciales, los presos de Scheveningen hablan entre ellos, juegan a ping-pong o ajedrez y hacen ejercicio en una sala de gimnasio. También disponen de habitaciones privadas para las visitas de los cónyuges.

- Excelentes cocineros -

Pero viendo su día a día, la cocina se ha convertido en su actividad favorita. Así lo reflejan las despensas repletas en la cocina, la lista de los tiempos de cocción pegada en la nevera y los numerosos botes de salsas, paquetes de arroz y los sobres de mandioca presentes en las estanterías.

"Algunos de ellos son excelentes cocineros. El pollo, los platos con ajo y cacahuete resultan los más elaborados", asegura Paddy Craig, que a veces se fascina con los olores que llegan hasta los pasillos de la prisión.

En el patio del centro, al que pueden acceder durante algunas horas del día, hay una cancha de tenis. Pero los presos prefieren conrear el huerto, donde cultivan girasoles, espinacas y cilantro.

También disponen de una pista de fúbol en un pabellón al lado del centro penitenciario. "Los prisioneros de la CPI se confrontan con sus homólogos del tribunal penal internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY)", explica Paddy Craig. Es el único momento en el que pueden verse los reclusos de estas dos instituciones, encerrados en dos pisos distintos.

Sin embargo, tras la muerte del expresidente yugoslavo Slobodan Milosevic en 2016 y el suicido del croata de Bosnia Slobodan Praljak en diciembre de 2017, sólo quedan dos prisioneros de la TPIY. Estos son los antiguos dirigentes civiles y militares de los serbios de Bosnia, Radovan Karadzic et Ratko Mladic, que completan su equipo de fútbol sala con vigilantes de la prisión.

Los detenidos también miran la televisión antes de volver a sus celdas a las 20h30, la hora en la que vuelven a cerrar sus puertas.

"Mirar los partidos del Mundial es una actividad muy popular en este momento", asegura Paddy Craig, a pesar de que eliminaron a todos los equipos africanos durante la fase de grupos.

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