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El campo de golf que creó mala sangre entre Trump y el gobierno escocés

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Edimburgo (AFP)

El contencioso por un campo de golf que se remonta a hace más de una década ha envenenado las relaciones entre Donald Trump y el gobierno independentista de Escocia, donde el presidente estadounidense concluye su visita al Reino Unido con un fin de semana privado.

Trump, cuya madre era de Escocia, se aloja en su complejo de golf de lujo de Turnberry.

La polémica viene sin embargo de su otro campo en Escocia, el Trump International Golf Links.

En vísperas de su primera visita al Reino Unido como presidente de Estados Unidos, la primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, celebró la construcción de un parque eólico que el magnate trató de obstruir durante años porque estropeaba la vista desde su complejo.

"Un famoso dueño estadounidense de un campo de golf, que, creo, ahora ha dado el salto a la política, decidió llevar al gobierno escocés a los tribunales para frenar estos generadores", dijo la líder del Partido Nacional Escocés (SNP) al prender la primera turbina esta semana.

"El gobierno escocés venció al dueño estadounidense del campo de golf en los tribunales... y estas increíbles turbinas eólicas generaron su primera electricidad", dijo.

Sturgeon no quiere reunirse con Trump durante su visita, pero al menos ha resistido la presión de algunos legisladores escoceses para negarle el derecho de aterrizaje en el aeropuerto Prestwick de Glasgow.

Trump fue recibido el viernes a su llegada por el ministro para Escocia del gobierno británico, David Mundell.

- Fuerte oposición -

Para alguien que afirma poseer un extraordinario talento para las negociaciones, la incursión de Trump en el turismo y la política escoceses ofrece resultados dispares.

En 2006 compró 567 hectáreas cerca de Aberdeen, en las que prometió construir "el mejor campo de golf del mundo".

La propuesta fue saludada por el entonces jefe del gobierno escocés, el laborista Jack McConnell, que distinguió a Trump como "escocés mundial", una especie de embajador honorario para los negocios, antes de perder las elecciones ante el SNP.

Sin embargo, la autoridad local rechazó enseguida el proyecto, ante las críticas de ecologistas y vecinos.

El gobierno regional del SNP anuló la decisión de los concejales poco después de que Alex Salmond --un amante del golf-- asumiera la jefatura del ejecutivo, dando pie a un breve "romance" entre este y Trump.

La relación se agrietó cuando las promesas de Trump de crear 6.000 empleos e invertir 1.000 millones de libras no se materializaron, y el hoy presidente estadounidense empezó a obstaculizar uno de los proyectos emblemáticos del SNP, el gran parque eólico que debía poner a Escocia en vanguardia de las energías renovables.

La Organización Trump ha gastado una décima parte de lo prometido en el campo de golf y emplea a unas 650 personas, entre trabajadores temporales y permanentes, pero la empresa asegura que el proyecto sigue en desarrollo.

- "Soy la prueba" -

Tres años después, Trump visitó el Parlamento escocés para quejarse de los planes para construir 11 "feas" turbinas eólicas cerca de su campo, insistiendo en que causarían "un daño terrible" al turismo en Escocia.

"Soy la prueba", respondió Trump, cuando los diputados le pidieron evidencias de que las turbinas "destruirían la salud financiera de Escocia".

Seis años después, los visitantes extranjeros han aumentado y las energías renovables abastecen a dos tercios de los hogares escoceses, una cifra que va en aumento.

Trump amenazó con retirar todas sus inversiones de Escocia si el proyecto seguía adelante, pero en vez de eso compró un nuevo campo de golf.

Lo inauguró el 24 de junio de 2016, al día siguiente de que los británicos decidieran en referéndum la salida de la Unión Europea.

La visita de Trump será recibida con protestas por toda Escocia el fin de semana, cerca de sus campos de golf y también en Glasgow y Edimburgo.

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