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Helsinki, testigo de otras cumbres entre Washington y Moscú

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Helsinki (AFP)

La cumbre entre Vladimir Putin y Donald Trump es la cuarta de este tipo que se celebra en la capital finlandesa en más de cuatro decenios, después de las de Ford-Brézhnev (1975), Bush-Gorbachov (1990), y Clinton-Yeltsin (1997).

Pero para Trump y Putin, la situación es muy diferente: la URSS es cosa del pasado, el presidente estadounidense está perdiendo la simpatía de los aliados europeos de Yalta, Rusia está a matar con los occidentales y Finlandia nunca se había mostrado tan cercana a Estados Unidos y la OTAN.

El encuentro entre los mandatarios ruso y estadounidense, un día después de la final del Mundial de Rusia-2018, persigue reanimar unas relaciones más deterioradas que nunca.

A tres horas en tren de la antigua capital de los zares ?y a una hora de avión de los países bálticos, miembros de la OTAN? Helsinki, que fue un verdadero nido de espías a partir de los años 1950.

La ciudad ha sido en varias ocasiones un terreno neutro en el que los dirigentes estadounidenses y soviéticos ?antes de los rusos? restablecieron sus relaciones.

"Finlandia ofrecía una buena función durante la Guerra Fría, su neutralidad consistía en trazar puentes [entre el Este y el Oeste] y marcar su neutralidad en las relaciones entre grandes potencias", recuerda en declaraciones a la AFP Teija Tiilikainen, directora del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales.

En Helsinki se firmaron, el 1 de agosto de 1975, los acuerdos de igual nombre que se consideran que contribuyeron a la caída del Telón de Acero, firmados por Gerald Ford y Leonid Brézhnev.

- Distensión -

El texto imponía a las grandes potencias que respetaran las fronteras de 1945, tal como Rossevelt, Stalin y Churchill las trazaron en Yalta. También aludía por primera vez a los derechos humanos, una crítica a Moscú, cuyas prisiones estaban repletas de disidentes.

En 1990, un año antes de la caída del bloque soviético, Finlandia organizó la última cumbre URSS-EEUU, con los presidentes Mijaíl Gorbachov y George Bush.

"Finlandia siempre mostró su rechazo a la lógica de bloques y desempeñó un importante papel en la distensión", confía una fuente diplomática a la AFP.

El último gran encuentro entre un presidente ruso y uno estadounidense en Helsinki fue en 1997, con Boris Yeltsin y Bill Clinton.

El encuentro terminó con varios avances, como el control del armamento y la apertura de la OTAN a los antiguos satélites de la Unión Soviética.

Después, la situación en Finlandia cambió radicalmente.

Finlandia había pertenecido a Suecia durante seis siglos, hasta 1809, había sido un gran ducado ruso ?hasta 1917?, y había tenido que enfrentarse al Ejército Rojo durante el invierno de 1939-1940 y entre junio de 1941 y septiembre de 1944.

Por eso, una vez que quedó definitivamente liberada del yugo soviético, intentó evitar despertar al oso ruso. Así, los dirigentes finlandeses rehuyeron realizar cualquier tipo de crítica pública durante la Guerra Fría, una posición convertida en teoría con el apelativo de "finlandización".

- El papel del presidente -

Pero tras la caída de la URSS el país se apresuró a virar hacia occidente, y en 1995 se adhirió a la Unión Europea. No llegó al punto de unirse a la OTAN, pero pasó a formar parte de su Asociación para la Paz en 1994.

Finlandia no puede cortar los lazos con su poderoso vecino ruso --con el que comparte 1.340 km de frontera--, su quinto socio comercial

"Actualmente Finlandia mantiene unas relaciones bastante buenas con los rusos [...] y también mantiene unas estrechas relaciones con Estados Unidos, más cercanas que en el pasado", indica Juhana Aunesluoma, director del centro de estudios europeos de la Universidad de Helsinki.

En este sentido, el papel del presidente Sauli Niinistö es fundamental. Fue uno de los primeros en felicitar a Donald Trump por su elección como presidente en 2016 e incluyó a Vladimir Putin en las celebraciones del centenario de la independencia.

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