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En Kirguistán, un asesinato aviva la cólera contra los matrimonios forzosos

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Sokuluk (Kyrgyzstan) (AFP)

En el interior de una yurta nómada en el norte de Kirguistán, una familia llora la muerte de una joven estudiante asesinada por un hombre que la había secuestrado para obligarla a casarse.

"Era mi hija pequeña, humilde y bien educada", cuenta la madre de la víctima, Gulnara Kojanaliieva, con lágrimas en los ojos, mientras un imán pronuncia una oración durante una ceremonia celebrada a los 40 días de su muerte. "Tenía tantos grandes proyectos para el futuro".

Su hija, Burulai Turdaaly Kyzy, estudiante en medicina de 20 años, quería ser pediatra y casarse con el chico con el que llevaba mucho tiempo saliendo.

A finales de mayo, un hombre celoso la mató en una comisaría de Kirguistán, una exrepública soviética de mayoría musulmana, donde "el robo de novias" es una práctica común. La policía la había conducido allí con su asesino tras un intento de secuestro frustrado.

La historia de la estudiante conmocionó el país de seis millones de habitantes. Miles de personas protestaron en las calles para denunciar el crimen, condenado por la ONU y los defensores de los derechos humanos.

Colgada a la entrada de la yurta, una foto muestra a Burulai con un uniforme escolar, el cabello negro liso y una mirada infantil. La imagen, muy compartida en Facebook y visible en las pancartas de los manifestantes, se ha convertido en un símbolo de vergüenza nacional.

- Nuevo impulso -

El secuestrador, de 30 años, se hizo varias heridas con un cuchillo y tuvo que ser hospitalizado antes de entrar en prisión preventiva, según la policía.

Al menos 23 policías fueron suspendidos, despedidos o amonestados por negligencia tras el fallecimiento de Burulai, apuñalada mortalmente por su secuestrador en la comisaría.

"¿Cómo logró el secuestrador matarla de una forma tan cruel entre las paredes de una comisaría?, se pregunta indignado un tío de Burulai, Seiit Kojanaliiev. "Si las leyes no funcionan, tendremos que actuar. Ojo por ojo, sangre por sangre".

La tradición de los matrimonios tras un secuestro es muy antigua en ese país de Asia Central. Ya existía antes de que Kirguistán se convirtiera en una república soviética en los años 1920 y resistió los intentos de las autoridades soviéticas de erradicarla.

Esa práctica experimentó incluso un nuevo impulso tras el desmantelamiento de la URSS en 1991, y algunos creen que responde más a razones económicas que culturales: un secuestro permite pagar menos dote a la familia de la novia.

En 2017, cerca de un 20% de las bodas en Kirguistán tuvieron lugar después de un robo de novias, según las estadísticas gubernamentales, citadas por la oficina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el país.

"El robo de novias", un delito que se castiga con hasta siete años de cárcel, no se investiga en Kirguistán si la víctima no presenta una denuncia.

El problema reside "en el respeto de la ley y las prácticas judiciales", afirma Umutai Dauletova, coordinadora encargada de las cuestiones de género para el PNUD en Kirguistán. Cerca del 70% de las investigaciones sobre secuestros de novias se abandonaron en 2017, según un estudio del organismo de la ONU.

- "Irresponsabilidad de los hombres" -

Dos manifestaciones, una de ellas organizadas por el ministerio de Educación, congregaron en junio a miles de personas en la capital, Biskek, para protestar contra la tradición de los matrimonios forzosos.

En el Parlamento, la diputada Aisuluu Mamachova denunció "la irresponsabilidad de los hombres", calificándola de "problema nacional".

Uno de sus colegas, el diputado Bastan Bekechev, propuso levantar un monumento en recuerdo de la estudiante asesinada, cerca de la sede del ministerio del Interior.

Asol Moldokmatova, una popular presentadora de la televisión kirguisa que desempeñó un papel crucial en la organización de la protesta, denunció la mentalidad local que, según ella, depende demasiado del qué dirán, lo cual lleva a la gente a ocultar los secuestros.

Moldokmatova espera que el asesinato de la joven, que provocó una ola de rechazo a esa práctica, hará evolucionar las mentalidades, y asegura que recibió unos 7.000 mensajes de mujeres que afirmaron haber sido víctimas de actos violentos en los días posteriores a las manifestaciones.

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