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Por qué la selección francesa también representa a los migrantes

El presidente Emmanuel Macron posa con el capitán del equipo de fútbol de Francia y los jugadores antes de la recepción honorífica a la selección después de su victoria en la Copa Mundial de Rusia 2018, en el Palacio del Elíseo en París, Francia, 16 de julio de 2018.
El presidente Emmanuel Macron posa con el capitán del equipo de fútbol de Francia y los jugadores antes de la recepción honorífica a la selección después de su victoria en la Copa Mundial de Rusia 2018, en el Palacio del Elíseo en París, Francia, 16 de julio de 2018. Philippe Wojazer / Reuters

La selección francesa llegó este martes 16 de julio a París donde fue recibida por miles de fanáticos para celebrar la histórica victoria en Rusia 2018. Ahora, muchos se fijan en la diversidad cultural que representan estos nuevos héroes.

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Miles de personas desbordaron las calles de París por segundo día consecutivo para recibir a sus campeones con cantos, aplausos y banderas que ondeaban el orgullo de toda una nación.

Después de haber conseguido la victoria en Rusia, tras enfrentarse a Croacia, la ahora primera selección de fútbol del mundo le trajo como ofrenda al pueblo francés razones para salir a la calle a celebrar, ya que, desde hace un tiempo, el tricolor y La Marsellesa solo habían acompañado momentos fúnebres de gran impacto como los ataques del 13 de noviembre de 2015 en el que murieron más de 130 personas.

Pero esta vez, la gran avenida de Champs-Elysées se convirtió en un mar de gente que gritaba eufórica “¡somos campeones!” y que no se diferenciaba entre raza, religión u origen. Todos eran fanáticos, todos eran ganadores.

“Gracias por haber traído la copa, gracias por hacernos sentir orgullosos, gracias por mojar con esfuerzo la camiseta, gracias por estar unidos”, dijo el presidente francés, Emmanuel Macron, que recibió al equipo galo en el Palacio del Elíseo.
Aunque agregó: “no olviden nunca de donde vienen y a sus padres que no escatimaron su tiempo para apoyarlos en el camino (…) así es Francia”.

Detrás del sabor de la victoria hay esfuerzos y sacrificios, pero también historias que comienzan en otras latitudes.

Varios jugadores de 'Les Bleus' tienen al menos un padre africano

La selección francesa cuenta con 13 jugadores que tienen al menos un padre del continente africano, como la estrella emergente, Kylian Mbappé, quién es de padre camerunés y madre argelina o el centrocampista del Manchester United, Paul Pogba, que es hijo de padres provenientes de Guinea ecuatorial.

Pero Francia no solo se nutre del vecino continente. El padre de Antoine Griezmann es de origen alemán, mientras que sus abuelos maternos son de Portugal. Por otro lado, el portero suplente Alphonse Areola, es hijo de filipinos.

Sin embargo, es importante señalar que todos los jugadores nacieron en territorio francés con las excepciones de Steve Mandanda y el defensa central del Barcelona Samuel Umtiti, el primero en la República Democrática del Congo y el segundo en Camerún. Pero ambos están naturalizados.

Los hijos de la inmigración son el resultado del largo pasado colonial entre Francia y África, y en las últimas décadas, por los desplazamientos migratorios por diversas razones.

"El equipo tiene jugadores de África y de los territorios de ultramar. Eso siempre ha sido una riqueza para el fútbol y para todos los deportes franceses. Todos ellos son franceses y todos se sienten orgullosos de ser franceses", así lo expresó el entrenador de 'Les Bleus', Didier Deschamps, en una conferencia de prensa en la final del Mundial en Rusia.

Unas declaraciones que respondieron a las palabras del exjugador croata, Igor Stigmac, quién momentos antes de ver a su país enfrentarse a la selección gala expresó que “nosotros nos enfrentamos a la República de Francia y al continente africano”, a la agencia de noticias turca, Anadolu.

Así como el comentario del exdefensor de la selección ajedrezada, similares fueron repetidos en las redes sociales y que rápidamente se convirtieron en objeto de debate.

Sin embargo, al indagar en los orígenes de las selecciones de otros países, es difícil o casi imposible no encontrarse con algún jugador binacional.

Once jugadores de Bélgica y seis de Inglaterra son hijos de al menos un inmigrante, además, de otros cuatros que poseen ascendencia afrocaribeña como el defensa Ashley Young, de origen jamaiquino.

Esto son solo ejemplos de una realidad que no puede ser ignorada, así que no debería ser una sorpresa que Francia sea un equipo multicultural.

Para que el equipo llegara a la cima, Deschamps dejó fuera de la cancha las divisiones y los señalamientos raciales que actualmente abundan en vida política nacional y europea y demostró que lo que importaba era representar la camiseta azul con trabajo y orgullo.

Lo que posiblemente no sabía el actual técnico y excapitán de la selección del 98 es que el triunfo no fue conseguir la copa sino unir a Francia en tiempos difíciles, realzando el lema “Liberté, Egalité, Fraternité”.

Con Reuters

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