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Los nikkei, una comunidad orgullosa de sus aportes a Brasil

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Sao Paulo (AFP)

La palabra nikkei define a los emigrantes japoneses y a su descendencia, pero para Harumi Goya, presidente de la Sociedad Brasileña de Cultura Japonesa, en Brasil el término adquirió un significado preciso: "Resume trabajo, dedicación, honestidad y educación".

Con 110 años de historia migratoria, cumplidos en junio de este año, se calcula que 1,9 millones de nipo-brasileños viven en Brasil, la mayor comunidad japonesa fuera del archipiélago.

El barco "Kasato Maru" atracó en el puerto de Santos, en Sao Paulo, en 1908, con 781 migrantes japoneses para trabajar en los cafetales del sur de Brasil.

"Tenemos que reconocer cuánto sufrieron nuestros pioneros que vinieron antes de la guerra. Ellos trabajaban de sol a sol (...) vinieron para reemplazar a los esclavos, sólo podemos imaginar el trato que recibieron", cuenta Goya, la primera mujer en presidir la organización cultural en 63 años de historia.

"Gracias al sacrificio de ellos tenemos esta comunidad nikkei", agrega.

Según la cronología oficial, 188.000 nipones llegaron entre 1908 y 1941, principalmente para actividades rurales. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, ambos países rompieron relaciones y el flujo migratorio sólo se retomó en la década siguiente.

Entre 1955 y 1973, otros 55.000 japoneses llegaron a Brasil para trabajar en el campo y en las ciudades.

A lo largo de las décadas, la comunidad nipo-brasileña fue creciendo, pero en 1988 miles de descendientes de nipones, afectados por la crisis económica en Brasil, fueron a buscar trabajo al país asiático. Son los llamados "decasséguis", término que define en japonés a quien va temporalmente a Japón para trabajar.

Muchos regresaron a Brasil dos décadas después, cuando las economías desarrolladas se vieron esta vez golpeadas por la recesión.

Años de intercambio también dejaron en Japón una fuerte impronta brasileña, desde la bossa nova hasta el fútbol.

La familia imperial ha visitado Brasil cada década, para participar en las conmemoraciones del aniversario de la llegada del "Kasato Maru". Esta semana lo hace la princesa Mako, nieta de Akihito.

"Los nikkei son reconocidos en la sociedad brasileña por su aporte y eso me enorgullece", dice Osamu Matsuo, que desembarcó en Santos en 1962.

Resumiendo el legado nipón en Brasil, Matsuo, de 80 años, dice que "trabajamos, enriquecimos la culinaria brasileña, dejamos a nuestros hijos estudiar y volverse nipo-brasileños. Creamos una comunidad de la que todos sienten orgullo".

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