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El G-20 advierte sobre el aumento de tensiones comerciales

El ministro de Hacienda de Argentina, Nicolás Dujovne y el presidente del Banco Central, Luis Caputo, durante una conferencia de prensa del G-20 en Buenos Aires, Argentina, el 22 de julio de 2018.
El ministro de Hacienda de Argentina, Nicolás Dujovne y el presidente del Banco Central, Luis Caputo, durante una conferencia de prensa del G-20 en Buenos Aires, Argentina, el 22 de julio de 2018. Marcos Brindicci / Reuters

Al cierre de los dos días de reunión de los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G-20, los delegados dejaron entrever su preocupación por la creciente imposición de aranceles entre Estados Unidos y China, y otros países.

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"El aumento de las tensiones comerciales y geopolíticas, los desbalances globales y la desigualdad", fueron los riesgos para el crecimiento global que identificaron los 40 delegados a la tercera reunión de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G-20 que tuvo lugar este 21 y 22 de julio en la capital argentina.

Aunque el comunicado difundido el segundo día no incluyó detalles acerca de las tensiones referidas, el tema que atravesó la serie de encuentros a puertas cerradas, es el de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que también incluye a la Unión Europea y a otras naciones afectadas por incrementos en aranceles de importación.

Sin embargo, en una conferencia de prensa que tuvo lugar al cierre del encuentro, el domingo, Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de Estados Unidos dijo: "Este fue el comunicado más fácil (de hacer de los últimos años)", ya que el texto fue acordado de inmediato.

Estados Unidos dice que es un error señalar a Estados Unidos como responsable de la escalada proteccionista

Consultado acerca de potenciales conversaciones con su contraparte China dijo que no iba a comentar sobre reuniones privadas, pero dejó entrever que todavía no han logrado avanzar, al decir que él "está disponible" para conversar cuando así lo deseen los funcionarios chinos.

Dijo, además, que es errado señalar a EE.UU. como responsable de esta escalada proteccionista, que su país quiere promover el comercio libre. "Pero", aclaró, "en términos justos y recíprocos". Lo que implica, detalló, no sólo la reducción de aranceles de importación, sino también de medidas para-arancelarias y subsidios (en lo que puede leerse no solo como un mensaje velado a China, sino también a los países de la Unión Europea).

En cualquier caso, la preocupación ante esta guerra comercial en ebullición ha estado presente en el encuentro.

El día anterior, Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), había advertido que en el peor de los casos las disputas arancelarias podrían tener un impacto del orden del 0,5% sobre el PIB de todo el planeta.

Sobre las palabras de Lagarde, Mnuchin dijo: "Solo puedo referirme a la economía de EE.UU.", para indicar que en su caso, desde el punto de vista macro, la escalada arancelaria no ha tenido un gran impacto sobre la economía, a excepción de ciertas industrias o sectores muy puntuales.

En su conferencia de prensa de cierre, Nicolás Dujovne y Luis Caputo, ministro de Hacienda y presidente del Banco Central de Argentina, respectivamente, sonreían con cara de "no sé si podremos responder", cuando una periodista les consultó sobre los diálogos con el delegado de EE. UU., Mnuchin, qué intercambios hubo con él respecto a la avanzada arancelaria del gobierno de Donald Trump. Al tomar la palabra, Dujovne transformó el gesto en palabras: "Las conversaciones son confidenciales". Y no respondió. Insistió en que en espacios como el G-20, en un escenario de tensiones globales, "el diálogo tiene que ser valorado, es la manera de llegar a consensos".

Según el comunicado conjunto, la volatilidad de los mercados afecta a las economías emergentes

Hubo consenso entre los delegados de que sigue habiendo un crecimiento económico global robusto, que se espera que alcance el 3,9% en 2018 y un igual porcentaje el año siguiente (desde 2010 y 2017 estuvo entre el 4,3 y 3,1%) Aunque también identificaron otros riesgos, más allá de las tensiones comerciales: las vulnerabilidades, los desbalances globales, la desigualdad y el crecimiento estructuralmente débil.

El comunicado hace referencia en su primer párrafo al desafío que para las economías emergentes representan la volatilidad de los mercados y la reversión de los flujos de capital, algo que ha afectado a monedas y economías de América Latina, como la propia nación anfitriona, Argentina, que accedió a una línea de ayuda del FMI por 50.000 millones, para satisfacer sus necesidades de financiamiento.

El acuerdo llegó en el marco de las dificultades del país sudamericano de acceder al crédito internacional y una corrida cambiaria que vio al peso argentino caer un 35% contra el dólar entre enero y mediados de mayo de 2018.

Como parte del acuerdo, Argentina se comprometió a reducir el rojo fiscal. Algo que parece haber empezado a lograr en el primer semestre de este año, cuando el déficit fiscal primario fue del 0,8% del PIB, contra 1,4% en 2017 (al incluir intereses de deuda, el déficit fue del 1,9% en este primer semestre). En Buenos Aires, organizaciones políticas y sindicales se manifestaron en contra del acuerdo con el FMI, porque consideran que tendrá como consecuencia un empobrecimiento general de la población.

Los delegados insistieron en adelantar reformas para fortalecer el crecimiento de sus países

Como han venido haciendo en los encuentros anteriores –y que se puede ver en el actual contexto argentino–, los delegados insistieron en las que consideran necesarias reformas estructurales para "fortalecer" el potencial de crecimiento de sus países. Hicieron referencia a anteriores consensos del G-20, según los cuales las reformas debían enfocarse en la promoción del comercio y la apertura a inversiones, la reforma de los mercados de trabajo, desarrollo de la educación y el incentivo a la innovación, además de la mejora de la infraestructura y la promoción de las reformas fiscales.

Los delegados también presentaron consensos sobre los otros puntos de la agenda. Como el futuro del trabajo, que implica desafíos que buscarán paliar con mecanismos para ayudar a sus ciudadanos a hacer la transición a un nuevo –y poco definido aún– mundo del trabajo.

La infraestructura, como prioridad en la inversión

Otro punto de interés tiene que ver con mecanismos para incentivar la inversión privada en infraestructura, en un escenario en el que los presupuestos nacionales se reducen y también merma la posibilidad de acceder a créditos multilaterales para ese fin.

Lo que están intentando entonces, es, dijo Luis Caputo, presidente del Banco Central de Argentina, que los fondos institucionales del mundo, que hoy manejan aproximadamente 80 billones de dólares destinen una mayor parte de sus inversiones a la infraestructura.

Hoy destinan apenas entre el 1 y 1,5% dijo el funcionario. Para lograrlo los delegados acordaron buscar formas para convertir a la infraestructura en un activo, que se pueda negociar como otras inversiones, lo que requiere procesos de estandarización en los proyectos, licitaciones y contratos.

También hubo acuerdo, entre otros puntos, respecto a la importancia de vigilar los criptoactivos (como bitcoin), aunque todavía no los ven como motivo de gran preocupación. Y, en el marco de las discusiones sobre la digitalización de la economía, también acordaron intentar utilizarla especialmente en países con más mercados en negro para intentar llevarlos hacia la formalización.

La de este fin de semana ha sido una de las muchas reuniones de trabajo de cara al encuentro que tendrán entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre de este año los jefes de estado de los miembros del G-20, el foro internacional para la cooperación económica, financiera y política nacido en 1999, del que este año Argentina es país presidente.

Quedan más, en las que, si llegara a profundizarse la guerra comercial que vive hoy el planeta, los delegados podrían verse enfrentados a conversaciones cada vez más tensas.

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