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Guns & Roses, un perfume de éxito en el este de Afganistán

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Jalalabad (Afganistán) (AFP)

En una de las principales regiones productoras de opio de Afganistán, tierra de insurgencias donde el Estado Islámico asumió el control a finales de 2015, el cultivo de rosas tiene un aroma de éxito que llega hasta los tocadores de Occidente.

A cada lado de un sendero, los largos tallos de las amapolas tiemblan con la luz de la mañana. Mohammaddin Sapai y su gente cosechan con delicadeza las rosas en bolsas grandes. Una tarea que debe hacerse rápido, sin dañar los pétalos.

Este maná aromático se recolecta en familia antes de que el calor asedie, en las primeras horas del día en esta provincia montañosa del norte de Nangarhar (este), una de las más agitadas del país, tierra de insurreciones y yihad (Guerra Santa) muy cerca de la frontera con Pakistán.

Por estos senderos pasan a toda prisa las camionetas 4x4 y las motos de los talibanes, e incluso, según las posiciones conquistadas y perdidas, también miembros del grupo yihadista Estado Islámico (IS), empujados progresivamente hacia el oeste por la intensidad de los bombardeos estadounidenses.

Así es la ecuación de Nangarhar. Rosas, amapolas y fusiles.

El año pasado, el cultivo de amapolas rompió un nuevo récord en Afganistán, generando 9.000 toneladas de opio. Y Nangarhar es la sexta provincia productora.

- Menos trabajo que la amapola -

A Sapai su cosecha de rosas le aporta más de 1.000 dólares al año, sin inversión ni esfuerzo, dice el hombre en sus 50 años, acompañado de una niña con semblante serio.

Una vez que pasa la temporada de rosas, se dedica al cultivo de alimentos.

Mohamaddin Sapai empezó a dedicarse a esta actividad por la empresa Afghan Rose Ltd, apoyada por un organismo de cooperación alemán desde su lanzamiento en 2007.

Los alemanes "nos dieron las plantas, las herramientas. El primer año, sin cosecha, nos pagaron. Ahora yo tengo 600 plantas y saco hasta 1.200 kilos de pétalos" por año, por los cuales pagan 60 afgani el kilo" (90 centavos), dijo Sapai.

En la ciudad de Omar Qala, el profesor Shah Zaman está también convencido del futuro promisorio para quienes incursionen en las rosas. "Antes, la gente se dedicaba a las amapolas, pero es 'Haram' (prohibido). Yo prefiero las rosas, pagan bien, sin gastos ni trabajo".

Estas flores "no requieren riego, fertilizantes ni cuidados", a diferencia de la amapola, confirma Khan Agha, representante de Afghan Rose en el distrito de Dara-e-Noor. Y una vez que se empieza, un rosal dura de 30 a 50 años mientras la amapola hay que tamizarla cada año.

"Tenemos contratos con los agricultores, pidiéndoles a cambio que detengan sus actividades con la adormidera (amapola) y todas las demás drogas", agrega Khan Aga.

- Hasta la madrugada -

Las flores recolectadas por unos 3.000 agricultores y sus familias son destiladas en los barrios de Jalalabad, la capital de la provincia.

Las plantas utilizadas para el agua de rosa y sobre todo para el aceite esencial destinado a los perfumes y los cosméticos de alta gama, son los de "Rosas de Damasco".

"Así que la rosa vuelve a casa", sonrió el jefe de Afghan Rose Ltd, Mohammad Akbar Momand, quien recuerda que se trata de una variedad endémica que se da en todas partes del país.

En plena colecta, la destilería emplea más de 120 personas. Desde el amanecer hasta antes del mediodía, llegan camiones de todas partes de Nangarhar. "Lo que se recolecta en la mañana tiene que ser tratado en el día, incluso si hay que quedarse hasta las 2 o 3 de la mañana", explica Momand.

Una vez recolectada, la rosa se marchita en pocas horas y su aroma se desvanece. Entonces el contenido dispuesto en bolsas azules de 10 kg se vierte sin descanso en siete enormes tanques de acero inoxidable que de pronto liberan un aroma delicioso.

Pero la producción más importante es la del aceite esencial. Se necesitan al menos de 6.000 kilos de pétalos de rosa en promedio para extraer un litro.

Un lujo absoluto que tiene su precio: un frasco de 5 ml cuesta unos 40 dólares en Kabul, pero en Europa, se cobra a unos 30 dólares por entre 1 y 2 ml.

- "Haz perfume, no la guerra" -

Antes que Afghan Rose empezara su actividad en 2007 para convertirse en el primer productor del país, Abdullah Orzala ya se había lanzado en esta aventura. Desde 2004, alimentó su propio vivero de rosas locales y comenzó a distribuir las plantas.

Este ingeniero formado en Estados Unidos sigue siendo el único empresario privado en Afganistán en este sector e incluso abrió una tienda en Kabul para sus aguas y perfumes.

Orzala explota 100 hectáreas de rosaledas y 200 de naranjos, pero tiene previsto triplicar las plantas de rosas el próximo año "si la seguridad lo permite".

Al igual que el jefe de Afghan Rose, Orzala nunca deja de preocuparse por el clima de inestabilidad que reina en la región. En 2016, 50 agricultores que trabajaban para él abandonaron el distrito de Achin, principal sede del EI en el sur de la provincia.

"Uno puede discutir con los talibanes, pero no con los del Daech", resumió empleando las siglas en árabe del EI. Dos años más tarde, sus agricultores sigues desplazados en el norte del país.

Su aceite de rosas llega a varias casas europeas, entre ellas a una famosa marca de cosméticos orgánicos alemanes que se venden al precio de un salario afgano.

El aceite de rosas de Orzala, va sobre todo a Canadá donde forma parte de la identidad de la casa "The 7 Virtues" que defiende la redención de países heridos (Afganistán, Ruanda, Haití...) por la rosa, la flor del naranjo o el vetiver bajo el lema: "Haz perfume, no la guerra".

En Nangarhar, se hacen las dos, pero a los agricultores les va mucho mejor con las rosas que con los fusiles.

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