Imran Khan, exestrella del críquet y paladín del "nuevo Pakistán"

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Islamabad (AFP)

Famoso en todo el mundo por su talento para el críquet y sus conquistas amorosas, Imran Khan se labró en los últimos años su faceta de político reformista en su país, Pakistán, defendiendo una política de corte populista y religioso.

En política desde 1996, llevaba mucho tiempo deseando alcanzar este momento, cuando se encuentra a las puertas del poder y a un paso de convertirse en primer ministro, tras su victoria en las elecciones legislativas del miércoles.

El "excapitán", cuyo símbolo electoral es un bate de críquet, basó el grueso de su campaña en la lucha contra la corrupción. Reformista, prometió el advenimiento de un "Estado del bienestar islámico" y de un "Nuevo Pakistán".

A sus 65 años, Khan es muy popular y millones de paquistaníes lo idolatran por haber llevado al equipo nacional de críquet, deporte rey en el país, a su única victoria en el Mundial de 1992.

Y aunque en occidente se lo conozca más por su faceta de deportista de élite y de donjuán, en la actualidad hace gala de un talante mucho más conservador en Pakistán, donde suele aparecer con el "tasbih" en la mano. "Juega la carta religiosa", comenta la periodista Arifa Noor.

Algunos lo apodan "Talibán Khan" y lo atacan por sus reiterados llamados al diálogo con grupos insurgentes violentos y por la alianza -asumida- de su partido con un religioso apodado "padre de los talibanes", Sami Ul Haq.

También lo pintan como una persona impulsiva, y a veces flirtea con temas religiosos como la controvertida ley sobre la blasfemia. Hace poco declaró que el feminismo había "degradado el papel de la madre".

Pero para sus numerosos simpatizantes, especialmente los jóvenes, Khan es incorruptible y generoso, tras haber pasado años construyendo hospitales y una universidad después de retirarse del deporte.

Se le ha comparado con el presidente estadounidense Donald Trump por sus acentos populistas y sus tuits, pero él considera que la comparación es "ridícula", según dijo a la AFP en una entrevista el pasado febrero.

- Mejor preparados -

Su partido, el Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI) (Movimiento por la justicia en Pakistán) tuvo que contentarse durante mucho tiempo con solo un puñado de escaños.

Su popularidad no se disparó hasta 2012, gracias a los millones de paquistaníes que lo idolatraban, de jóvenes, cuando brillaba en los estadios.

La clase media, cansada de la corrupción y harta de ver a los mismos líderes de partidos tradicionales procedentes de las grandes familias monopolizando el poder desde hace décadas, se ha visto reflejada en sus lemas de campaña.

En las legislativas de 2013 conquistó la provincia de Jíber Pakhtunkhwa (KP), en el noroeste, y situó al PTI com primer partido de la oposición a escala nacional frente al PML-N de Nawaz Sharif.

Al término de la legislatura, reconoció no obstante que el PTI pecó de falta de experiencia en su gestión de esa provincia, empobrecida y plagada de problemas de seguridad.

Una capítulo que, asegura, quedó cerrado. "Por primera vez, iremos a las elecciones preparados", aseguraba en febrero. "Aprendemos de nuestros errores".

- Tres bodas -

Nacido en 1952 en el seno de una familia rica de Lahore, Imran Khan estudió en las mejores universidades paquistaníes e inglesas.

Egresado de Oxford, se hizo notar rápidamente en el críquet en clubes ingleses. Con 19 años, empezó en la selección nacional de Pakistán y se convirtió en el mejor jugador de la historia del críquet paquistaní.

A su retirada deportiva seguirían sus años de "play-boy", muy acompañado en los clubes nocturnos más selectos de Londres, hasta su matrimonio con Jemima Goldsmith, hija del magnate financiero francobritánico Jimmy Goldsmith, en 1995.

Esta se convirtió al islam y la pareja tuvo dos niños antes de divorciarse, en 2004. Su segundo matrimonio, con la presentadora Reham Khan, terminó en octubre de 2015, solo duró diez meses.

A principios de 2018 se casó con una mujer que era, según él, su asesora espiritual, Bushra Wattoo. Las pocas imágenes de la ceremonia muestran a la novia con un hiyab blanco y un velo rojo sobre el rostro, un signo del conservadurismo en Pakistán.