Los jóvenes libaneses rompen tabúes para luchar contra el suicidio

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Beirut (AFP)

Los problemas de salud mental y los suicidios son tabú en Líbano, un país muy influido por el cristianismo y el islam, sus dos principales religiones, pero un grupo de jóvenes ha decidido alzar la voz y luchar contra el estigma.

En el paseo marítimo de Beirut, Nur Safieddin, de 24 años, va adelantando a los paseantes al caer la tarde, vestida con una camiseta rosa chillón.

"Corro para poder continuar, para que la vida pueda sonreírme después de haberme hecho llorar o, más bien, para no sucumbir a los pensamientos de suicidio que me atormentan", explicó recientemente en un valiente e inusual testimonio sobre su depresión en las redes sociales.

Por miedo a ser humilladas por la sociedad, las familias prefieren esconder los suicidios ?condenados por las dos principales religiones de Líbano?, lo que complica la lucha contra este fenómeno.

"Algunas prefieren decir que su familiar cayó, por miedo a que se las estigmatice", explicó Nur Kik, del ministerio de Sanidad.

Según un estudio de 2008, un adulto libanés de cada tres desarrollará una enfermedad mental antes de los 75 años.

Arrasado por una guerra civil de 15 años (1975-1990), Líbano todavía padece los estigmas de ese conflicto con repetidas crisis políticas. Además, las desigualdades sociales siguen siendo muy fuertes.

La tasa de suicidio aumentó recientemente de manera alarmante, aunque las cifras quizá solo cubran parte de la realidad.

En los siete primeros meses de 2018, 89 personas se suicidaron, frente a 143 en todo 2017, según las Fuerzas de Seguridad Interior (FSI).

De media, se suicida una persona cada dos días y medio en este pequeño país del Mediterráneo, según las últimas cifras.

Para que la gente abra los ojos ante esta realidad y salvar vidas, algunos jóvenes libaneses como Nur Safieddin han decidido contar abiertamente su caso o hacerse voluntarios para ayudar a otros.

- Energía positiva -

Caída en una fuerte depresión tras la repentina muerte de su hermana y de su padre hace alrededor de un año, Nur compartió su experiencia en redes sociales, explicando cómo le ayudó correr para luchar contra el dolor.

"Decidí darle energía positiva a esa gente y recordarles que merece la pena vivir", afirma.

Las reacciones positivas no tardaron en llegar. "Me di cuenta de que mi experiencia era similar a la de muchas personas que no se atrevían a hablar", cuenta.

Un grupo de profesionales de la salud y de voluntarios lanzaron a finales de 2017 el primer teléfono de la esperanza (1564) de prevención contra el suicidio.

La línea "Embrace Lifeline" ha recibido 600 llamadas desde noviembre, según Omar Ghosn, psiquiatra y miembro del consejo de administración de la asociación al frente de iniciativa.

En el centro de Beirut, unos 45 voluntarios se turnan para responder al teléfono.

"He recibido muchas llamadas de hombres mayores", en muchas ocasiones sin trabajo ni pensión, que tienen dificultades para poder comer o pagar una vivienda, cuenta Sally, una estudiante de psicología de 22 años que prefiere no decir su apellido.

- También los sirios -

"El 90% de las personas que intentan suicidarse sufren una enfermedad mental que puede curarse", explica Nour Kik, del programa público de bienestar mental lanzado en 2014 por el ministerio de Sanidad.

La lacra también alcanza a los refugiados sirios que viven en Líbano, en condiciones de pobreza extrema y, en muchos casos, víctimas de discriminaciones.

En 2014, un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalaba que el 41% de los jóvenes sirios en Líbano se habían planteado suicidarse.

Fadi, un sirio de 37 años, colabora con el equipo de "Embrace Lifeline".

En abril, intervino cuando un sirio de unos 40 años amenazó con tirarse desde un acantilado de Beirut ante la mirada indiferente de los viandantes.

"Comían pipas de girasol y observaban la escena como si estuvieran mirando una película en el cine", lamenta. "La sociedad entera necesita sesiones de sensibilización".

Al final, Fadi logró ganarse la confianza del hombre ofreciéndole su abrigo, y pudo convencerle de que no saltara.