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Kenia y Tanzania conmemoran atentados que dieron a conocer Al Qaida al mundo

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Nairobi (AFP)

Kenia y Tanzania conmemorarán el martes el 20º aniversario de los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salaam, unos ataques que marcaron la irrupción de Al Qaida en la escena internacional.

A media mañana del 7 de agosto de 1998, un gigantesca explosión devastó la embajada estadounidense en el centro de Nairobi, seguida de otra deflagración en Dar es Salaam unos minutos más tarde. En total, murieron 224 personas y unas 5.000 resultaron heridas, sobre todo africanos.

Con la masacre causada por estas dos potentes bombas colocadas en camiones, Osama Bin Laden se dio a conocer al mundo, tres años antes de los atentados más mortíferos de la historia el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, con cerca de 3.000 muertos.

"No era la primera vez que Al Qaida había perpetrado un ataque, pero viendo la dimensión espectacular, catastrófica del incidente, (el grupo) hizo realmente su entrada en la escena mundial", explica Martin Kimani, director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Kenia.

"Cuando el 11 de septiembre de 2001 tuvo lugar, fue impactante y sorprendente pero ya había habido un precedente en África del Este", agrega.

Según el libro "La torre elevada" ("The looming tower" en inglés), de Lawrence Wright, recompensado con el premio Pulitzer, que cuenta los orígenes de Al Qaida y del terrorismo islámico, Bin Laden había justificado el porqué de estos objetivos.

Denunció el despliegue de soldados estadounidenses en Somalia a principios de los años 90 y también el plan norteamericano para dividir Sudán, un país en el que vivió cinco años antes de ser expulsado en 1996.

Pero, según Wright, su principal motivación era "atraer Estados Unidos a Afganistán".

- Reforzar la imagen de Al Qaida -

Y este objetivo se consiguió. Tras estos atentados, Estados Unidos efectuó ataques aéreos en Sudán y Afganistán, unas medidas que fueron "ampliamente vistas como ineficaces", según Daniel Byman, un experto en antiterrorismo del Brookings Institution.

Estos bombardeos hicieron que los talibanes "abrazaran Al Qaida más estrechamente" y también reforzaron la imagen del grupo en el mundo musulmán, el único que plantaba cara a Estados Unidos.

Con los ataques de Nairobi y Dar es Salaam, Al Qaida demostró por primera vez que era capaz de atentar en cualquier parte del mundo y de llevar a cabo "operaciones sofisticadas", considera Byman.

"Esto mostró a Al Qaida que el terrorismo internacional podía suscitar una enorme atención, y no solo la atención de sus adversarios (...) sino que era, de alguna manera, una forma de publicidad", afirma.

Asimismo, Al Qaida ha servido como fuente de inspiración para numerosos movimientos extremistas en el mundo, que multiplicaron los ataques en Oriente Medio, así como en Bali, Bombay, Madrid, Londres o París.

Los grupos islamistas también causaron estragos en Sahel, Nigeria, Somalia y de nuevo en Kenia.

"Kenia no fue el principal blanco (del atentado de 1998), pero evidentemente acabamos (endosando) la mayoría de las víctimas y las consecuencias de este ataque. Seguimos estando en primera línea en este combate", observa Kimani.

- "La amenaza todavía está ahí" -

Pero según este experto, los esfuerzos de Kenia contra el terrorismo están dando sus frutos. En estos últimos años, una nueva legislación y una mejor coordinación entre los servicios de seguridad permitieron limitar el alcance de los ataques shebab, que quedaron circunscritos a las zonas fronterizas.

"La amenaza todavía está ahí, créanme, pero 20 años después nos hemos vuelto mucho mejores para enfrentarnos al terrorismo que lo que éramos entonces", asegura.

"A nivel mundial, el terrorismo dejó una profunda huella social", constata. "Esto cambió la manera en la que la gente piensa en su seguridad".

En estos últimos años, la atención mundial se ha desviado de Al Qaida hacia el grupo rival Estado Islámico (EI), fundado en 2013, que conquistó amplios territorios en Irak y Siria e inspiró numerosos ataques perpetrados por "lobos solitarios" en Occidente.

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