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Los refugiados en Georgia, una cuestión pendiente diez años después de la guerra

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Khurvaleti (Géorgie) (AFP)

Bajo un sol abrasador, Dato Vanishvili escucha unos instantes el ruido de los saltamontes en un prado, apoyado en una alambrada, y suspira. "Vivo aquí como si estuviera en una cárcel".

Una mañana de 2013, este agricultor georgiano, que ahora tiene 84 años, se despertó por unos ruidos extraños en el exterior. Eran soldados rusos que instalaban en su propiedad una barrera para separar Osetia del Sur ?un territorio separatista prorruso? del resto de Georgia.

Vanishvili quedó atrapado en la parte de su pueblo, Khurvaleti, conquistada por los separatistas. Desde la instalación de la barrera no ha podido cruzar al lado georgiano de la frontera.

Unos años antes, en 2008, el ejército ruso atacó Georgia para socorrer a la pequeña Osetia del Sur, un territorio separatista prorruso donde el gobierno georgiano había lanzado una operación miiltar. En muy poco tiempo Rusia se impuso a las tropas georgianas.

Cinco días después del inicio del conflicto, se firmó un acuerdo de paz y las tropas rusas se retiraron del territorio georgiano, pero Moscú decidió reconocer las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, donde mantiene desde entonces una fuerte presencia militar.

- "Limpieza étnica" -

Tras el conflicto, la oenegé Human Rights Watch (HRW) acusó a Rusia de haber permitido a las fuerzas de Osetia del Sur "llevar a cabo destrucciones y saqueos, quemar las casas de los georgianos y matar, dar palizas, violar y amenazar a los civiles".

Rusia acusó por su parte a Georgia de haber querido perpetrar un "genocidio" con el lanzamiento de su operación militar en Osetia del Sur.

Dato Vanishvili es uno de los pocos georgianos que permanecieron en Osetia del Sur tras el conflicto. La mayoría de sus conciudadanos decidieron huir hacia Georgia. Una misión de la Unión Europea calificó en 2009 ese desplazamiento de población de "limpieza étnica".

"Ochenta familias georgianas vivían aquí antes de la guerra. Sólo nos quedamos mi nieto y yo", dice el agricultor. "Los osetios le dijeron a mi nieto que, si intentaba cruzar la frontera, lo atraparían y lo llevarían a Rusia para meterlo en la cárcel".

Según las autoridades de Tiflis, los separatistas detuvieron el año pasado a 126 personas de origen georgiano.

En febrero, uno de los prisioneros, Archil Tatunachvili, un vendedor de verduras y exsoldado de 35 años, fue torturado hasta la muerte en una prisión de Osetia del Sur. Su cuerpo mutilado fue entregado a su familia tras semanas de esfuerzos diplomáticos por parte de los países occidentales.

- Sin salida para la crisis -

La Corte Penal Internacional, que abrió en 2016 una investigación sobre los crímenes de guerra cometidos por los dos bandos durante el conflicto, cree unos 18.500 georgianos se vieron obligados a huir de Osetia del Sur.

A pesar de la oposición de Rusia, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó diez resoluciones para pedir que puedan regresar "de forma segura y digna a sus casas".

Diez años después de la guerra, muchos de ellos siguen viviendo en pueblos construidos para ellos en Georgia, y culpan a Rusia de sus males.

"Rusia invadió Georgia para impedir que nos convirtiéramos en un país miembro de la Unión Europea y de la OTAN, para conservar el Cáucaso bajo su dominio", afirma Guennadi Zaridze, un refugiado de 54 años que vive en Tserovani, un pueblo construido en el este del país y que alberga 2.000 familias de desplazados de Osetia del Sur.

En una entrevista con la AFP, el presidente georgiano Giorgi Margvelashvili aseguró que pedía a menudo a los occidentales que presionaran al Kremlin "para poner fin a la ocupación del suelo georgiano".

Osetia del Sur y Abjasia ya habían declarado su independencia y la habían defendido durante una primera guerra contra las fuerzas georgianas tras la disolución de la URSS, a principios de los años 1990.

Tras la guerra de 2008 y el reconocimiento de su independencia por parte de Moscú, los dos territorios se encuentran de facto bajo la protección de Rusia.

Aunque hubo conversaciones para solucionar la crisis a partir de octubre de 2008 en Suiza, bajo supervisión internacional, apenas dieron resultado.

"Lo que no debe pasar es que perdamos la esperanza. Es el objetivo de los propagandistas rusos", asegura Margvelashvili. "Nos dicen: 'haga lo que haga, su suerte será decidida en Moscú'. Mi respuesta es: eso no va a ser así".

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