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Colombia: diálogos entre el Gobierno de Iván Duque y la guerrilla del ELN, en la incertidumbre

Pablo Beltrán (R), representante de la delegación del Ejército de Liberación Nacional (ELN), y el negociador del ELN Aureliano Carbonell celebraron una conferencia de prensa en La Habana, Cuba, el 2 de agosto de 2018.
Pablo Beltrán (R), representante de la delegación del Ejército de Liberación Nacional (ELN), y el negociador del ELN Aureliano Carbonell celebraron una conferencia de prensa en La Habana, Cuba, el 2 de agosto de 2018. Tomas Bravo / Reuters

Hay escepticismo sobre el futuro de las conversaciones de paz entre el nuevo Gobierno y la última guerrilla activa en Colombia: el Ejército de Liberación Nacional.

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La guerra del Ejército de Liberación Nacional (ELN) contra el Estado colombiano se inició en 1964 y aún no tiene fecha de cierre. El más reciente intento de un acuerdo de paz está entre las sombras.

En campaña, el nuevo presidente de Colombia, Iván Duque, dijo que exigiría nuevas condiciones para continuar el proceso de paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Para algunos, esas nuevas exigencias podrían traducirse en el fin de la mesa de negociación, para otros son los mínimos sobre los cuales se podría avanzar en un posible acuerdo.

Y no será una tarea fácil. En la campaña electoral, el derechista Iván Duque prometió endurecer los diálogos y fortalecer las políticas de seguridad en un clima cada vez más adverso para la conversación. El pasado 4 de agosto el ELN se adjudicó el secuestro de tres policías, un militar y dos civiles al noroeste de Colombia.

Además, las conversaciones en la mesa de La Habana entre la guerrilla y el expresidente Juan Manuel Santos, quedaron con varios puntos pendientes y el fracaso de no haber podido pactar un cese al fuego.

Santos, sin embargo, fue optimista. Cuando culminó el sexto ciclo de diálogos, días antes del final de su mandato, declaró: “dejamos sentadas las bases del cese al fuego con el ELN. Esperamos que el próximo gobierno decida continuar”. Y agregó: “los avances de hoy no se habían logrado nunca”.

Duque dijo en campaña que no va a adelantar negociaciones mientras siga la violencia por parte de ese grupo e insistió en nuevas condiciones. Poco después de su elección, dijo que “la única manera de construir un proceso que dé confianza al pueblo colombiano debe ser la suspensión de todas las actividades criminales”

Por su parte el jefe negociador del ELN, Pablo Beltrán, dijo a France 24 días atrás que “pese a lo adverso que sea el ultimátum o las declaraciones del Gobierno recién elegido, no nos vamos a retirar de la mesa”.

Las condiciones de Duque al diálogo con el ELN

El nuevo mandatario ha dicho que para avanzar en los acuerdos le exigirá al ELN por los menos dos condiciones esenciales.

La primera es la concentración de todos los hombres de esa guerrilla en zonas específicas con observación internacional. Una condición que para el ELN es una línea roja, pues daría una ventaja militar enormes en un posible fracaso de los diálogos de paz.

La segunda condición es un cese al fuego unilateral. Otra punto complejo de asumir para la guerrilla que ni siquiera pactó con el Gobierno saliente que ya había firmado con éxito un proceso de negociación con las FARC. En un comunicado, el equipo de paz del ELN reconoció “avances” en esa dirección, pero dijo necesitar mecanismos para que la “implementación y la verificación” sea más efectiva.

Sin embargo, el ELN ha dejado entrever que tiene serias dudas sobre el futuro del diálogo y no precisamente por su accionar. En un comunicado reciente pidió a la comunidad internacional, la iglesia, “los movimientos sociales y políticos insistirle al gobierno de Duque continuar el proceso de paz”.

El proceso con el ELN no tiene el mejor clima. De las dos partes hay un profundo escepticismo. Mientras el Gobierno de Duque fue elegido con propuestas de mano dura frente a los grupos subversivos, el ELN no ve con buenos ojos el avance de la implementación de los acuerdos con la exguerrilla de las FARC.

El ELN es una guerrilla marxista, que en sus inicios fue liderada por curas católicos radicales defensores de la corriente 'teología de la liberación'. Se estima que tiene alrededor de 1.500 hombres armados en zonas periféricas del país y ha sido acusado de financiarse a través del secuestro, la extorsión, el narcotráfico y la minería ilegal.

Con Reuters y AFP

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