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Bagdad recupera la normalidad con la retirada de los bloques de hormigón

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Bagdad (AFP)

La vida de la dentista iraquí Souha Abdelhamid cambió completamente en los dos últimos meses. Los bloques de hormigón que habían convertido en una epopeya el trayecto hacia su consulta fueron retirados, así como otros muros que bloqueaban miles de calles en Bagdad.

Esta treintañera asegura estar "cansada de los bloques de hormigón" que le obligaban a dar más de un rodeo para llegar a su consulta, que se encuentra cerca de su casa.

Durante los últimos quince años de conflicto, la capital iraquí se convirtió en un laberinto de obstáculos de cemento y de puestos de control del ejército.

Tras su reciente retirada por las autoridades iraquíes, Abdelhamid redescubre su barrio de Al Bunuk. "Antes, nunca hubiera pensado en pasar por aquí", reconoce a la AFP esta joven que lleva la cabeza cubierta con un velo islámico de color beis, mientras hace sus compras en un modesto supermercado.

"Se reabrieron más 1.000 calles en Bagdad en el último año y se suprimieron 305 puntos de control y cordones policiales", explica a la AFP el general Saad Maan, portavoz de la comandancia de las fuerzas de seguridad de la capital. "Y esta operación continúa", añade.

- Barrios por confesiones -

Hace casi ocho meses, el gobierno iraquí anunció su victoria en la guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Los primeros muros fueron levantados en 2007 en el casco antiguo de Bagdad, construido hace más de 1.200 años.

Cuando se acentuaron los conflictos entre chiitas y sunitas en la capital iraquí, las autoridades impulsaron la construcción de estos muros para separar las distintas comunidades.

La primera barrera se levantó en Al Azamiya, feudo sunita en la capital. Con el desplazamiento más o menos forzado de la población, las distintas comunidades quedaron segregadas por barrios.

"La guerra civil (2005-2008) permitió que los jefes de las milicias aterrorizaran a los habitantes de los barrios de confesionalidad mixta y así constituir distritos homogéneos, lo que permitió una segregación territorial de las confesiones", explica a la AFP Caecilia Pieri, investigadora asociada al Instituto francés de Oriente Próximo y especialista en la historia urbana de Irak.

Más de ocho millones de habitantes de Bagdad y cerca de dos millones de vehículos sufrían cada día los interminables atascos en los retenes de control.

Antes de que se volvieran a abrir a la circulación algunas de las calles más importantes, el tráfico ya había mejorado en algunos barrios.

- Mayor vitalidad económica -

"Todo cambió desde que suprimieron los puntos de control y volvieron a abrir el paso en algunas calles", se congratula Ahmed Abdelrahman, de 27 años.

Para este joven funcionario, antes era un calvario llevar a su madre al médico en el barrio sunita de Al Harthiya, ya que ella padecía artritis y sufría al tener que estar sentada durante un buen rato en las largas colas de los atascos.

La retirada de los bloques de hormigón también favoreció una mejora de la vitalidad comercial de la ciudad.

En el gran eje comercial del barrio de Al Bunuk, "no podían entrar los camiones y los clientes tenían que dar un gran rodeo a pie para llegar hasta las tiendas", explica a la AFP Rami Dhia, un comerciante de 31 años.

Pero después de que sacaran los bloques, "la actividad se multiplicó por cuatro", afirma.

Aunque estos bloques perjudicaron la economía local, mejoraron la seguridad en Bagdad, asegura el especialista en materia de seguridad Husein Alaui.

Su retirada progresiva es "la prueba de que los niveles de seguridad mejoran y que se ha vencido el terrorismo. El nuevo objetivo es que Bagdad vuelva a la normalidad", añade.

La vida normal en Bagdad también consistía en "una convivencia entre las distintas confesiones", defiende Pieri, quien espera que "la retirada de los muros sea tanto un síntoma como una causa del retorno real a esta cohabitación".

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