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Mayoría verde en la calle, mayoría celeste en el recinto: el Senado de Argentina rechazó la legalización del aborto

Activistas celebran depués de que el Senado rechazara el proyecto de ley sobre la legalización del aborto. Buenos Aires, Argentina, el 9 de agosto de 2018.
Activistas celebran depués de que el Senado rechazara el proyecto de ley sobre la legalización del aborto. Buenos Aires, Argentina, el 9 de agosto de 2018. Agustin Marcarian / Reuters

En una sesión que se extendió por unas 16 horas, el Senado argentino rechazó la ley de legalización del aborto, que había recibido media sanción en la Cámara de diputados. Cientos de miles de personas siguieron la votación desde la calle.

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El miercolés 8 de agosto en que comenzó la sesión, en su cuenta de Twitter, el Archivo General de la Nación de Argentina publicó una foto en blanco y negro del edificio del Congreso, tomada desde la calle, con la cámara apuntando hacia arriba, la cúpula como protagonista. Estaba fechada circa 1920.

Esa misma foto podría tomarse hoy y el edificio del Congreso se vería igual, igual que un año antes de que entrara en vigor el Código Penal que todavía rige el aborto en Argentina y que lo seguirá haciendo tras la votación de este miércoles y jueves en el Senado.

Con 38 senadores en contra, 31 a favor y dos abstenciones, rechazaron la ley que había obtenido media sanción en la histórica sesión del 13 y 14 de junio pasado en la Camara Baja.

Esa ley permitía la interrupción voluntaria del embarazo hasta las 14 semanas de gestación con la sola expresión de la persona gestante, además de garantizar que el aborto sea provisto en forma gratuita por los servicios de salud del país.

El Código Penal, con algunas modificaciones de jurisprudencia tras decisiones de la Corte Suprema, solo admite la no punibilidad del aborto en caso de violación o riesgo para la vida o la salud de la mujer.

Pañuelos verdes y celestes llenaron la plaza al frente del Senado durante noches de vigilia

Desde la noche del martes ya había carpas de quienes habían iniciado la vigilia de forma anticipada. También estaban ya en pie escenarios y gazebos. En uno de ellos estaba Eugenia Torriglia, de 31 años, el pañuelo verde de la campaña por el aborto legal atado al cuello. “Esperamos que sea ley, venimos peleando hace mucho tiempo”, le dijo a France 24.

Mientras lentamente iban llegando más personas de su lado de la plaza del Congreso, partida por un vallado con una zona vacía en el centro, un largo pasillo divisorio, del lado celeste empezaban a reunirse quienes estaban en contra de la ley.

Allí, con pañuelo de ese color, cubierta con la gorra de su chaqueta roja para protegerse de la lluvia que casi no dio respiro a lo largo de la jornada, una mujer que se presentó como Carolina advertía a France 24: “Un gigante se despertó; creo que somos la mayoría los que defendemos la vida, creo que quedó claro lo que quiere el país”.

El argumento de la defensa de la vida ha sido central entre los que se oponían a la ley, aunque los defensores de la legalización siempre insistieron en que ellos también defienden la vida y no buscan promover el aborto. Pero, en cualquier caso, es claro que desde el voto de los diputados, se había despertado un gigante: las iglesias católica y cristianas evangélicas, que habían mostrado una relativa timidez hasta entonces, convocaron grandes marchas, hablaron contra la ley desde el púlpito y salieron con más fuerza a los medios.

El miércoles de la votación la lluvia seguía cayendo, azuzada por ráfagas de vientos cruzados. Al caer la noche en el invierno de Buenos Aires, cerrada la jornada laboral de la mayoría, la plaza del Congreso y sus alrededores sí se llenaron masivamente de gente.

De ambos lados había pañuelos, pintura en la cara, carteles, música de tambores, canciones. Pero del lado verde la energía era la de una fiesta adolescente, vivaz y contestataria, mientras del lado celeste se sentía más como un picnic familiar, ámbito de conformidad y tradición. Si se hubieran mirado, habrían reconocido varios de los prejuicios que unos tienen sobre los otros. Pero también se cruzaban unos y otros en varios puntos sin que hubiera agresiones, incluso en bares y restaurantes convivían mesas verdes y mesas celestes.

En ambos lados había gente de todas las edades, hombres y mujeres. Aunque del lado verde, que era mayoría, también había mayoría joven y femenina.

Sobre la mayoría verde en las calles alguien en los pasillos del Congreso hizo referencia a que afuera, claro, se estaba manifestando la progresista ciudad de Buenos Aires y sus alrededores y que los senadores eran de todo el país, un país en un muchos casos más conservador –en las provincias del norte, por ejemplo–. Pero también es cierto que la mayoría de ciudadanos vive en esta zona y algunos cuestionan la repartición de escaños de la Cámara Alta, donde cada provincia tiene tres lugares, independientemente de su dimensión poblacional, y que dos de los tres senadores de la Ciudad de Buenos Aires votaran en contra.

Manifestantes a favor y en contra del aborto después de la decisión del Senado
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El Senado, ajeno a los ruidos de las calles de Buenos Aires

En cualquier caso, los sonidos de la calle no llegaban al recinto, y esa presión de los manifestantes era vista tan solo por televisión. Dentro del recinto los senadores hacían exposiciones de entre diez minutos y más de media hora para justificar su voto. Habló la mayoría.

"No todo lo nuevo es bueno, es sabido que hay novedades que atrasan", dijo sobre su voto en contra Inés Byd, del partido Radical de La Rioja. "Una medida es progresista cuando con sus efectos logra un mayor grado de bienestar para un mayor número posible de personas, no es el caso de la medida que se propone".

Por su parte, la senadora peronista de La Pampa, Norma Durango, quien votó a favor, dijo: "Esta ley no obliga ni recomienda a nadie abortar, defiende el derecho a elegir".

"Tenemos que trabajar fuertemente, acompañar a esa mujer, garantizarle que va seguir estudiando, que va seguir trabajando y que no la van a despedir por estar embarazada, garantizarle que va a poder criar a su hijo", propuso el senador oficialista por Entre Ríos, Alfredo De Angeli, quien votó en contra.

"El camino punitivo para frenar y evitar los abortos fracasó estrepitosamente, desde 1921 no hay mujer que mire el Código Penal ante una situación límite, se aborta a plena luz del día", dijo defendiendo su voto a favor Luis Naidenoff, senador del partido radical por Formosa.

En algún momento se especuló con la posibilidad de que se presentara en la misma sesión algún proyecto de despenalización de algún tipo (no de legalización), como alternativa a la legalización que se preveía derrotada, pero nunca ocurrió; seguramente no terminaba de dejar conforme a nadie. Así ocurrió. La ley fue rechazada y no se votó ninguna norma alternativa.

Informe desde Buenos Aires: lo que vendrá tras el rechazo del Senado a la despenalización del aborto

Una victoria amarga: el tema llegó para quedarse

Sin embargo, todos coinciden, de uno y otro lado de la plaza del Congreso, desde el celeste y desde el verde, que el tema ha quedado instalado y que finalmente el problema está en el centro de la escena.

Es posible, tal vez, que un nuevo Código Penal, que llegará al Congreso en breve, incorpore algún grado de despenalización. Tal vez sea un exceso para los celestes. Sin duda será insuficiente para los verdes.

“Seguiremos peleando, como lo hicimos estos 13 años de la campaña nacional por el derecho al aborto, por todos loa derechos de las mujeres”, había dicho en la mañana Eugenia Torriglia, sabiendo que este podía ser el resultado.

Mientras tanto sigue vigente la norma dictada hace casi 100 años y Argentina, donde cifras oficiales estiman que hay unas 350.000 interrupciones de embarazos al año (otros cálculos llevan ese número a 450.000), sigue tratando el aborto como la mayoría de los países de América Latina, como un crimen.

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