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En el Mont Blanc, gendarmes de las montañas velan por los alpinistas

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Saint-Gervais les Bains (Francia) (AFP)

A 3.200 metros de altura, dos gendarmes franceses miran a través de sus binoculares la progresión de un grupo de alpinistas extranjeros que atraviesan uno de los tramos más peligrosos del Mont Blanc.

"¡Rocas! ¡Rocas!". De repente, uno de los alpinistas alerta a sus compañeros de la caída de rocas en el peligroso corredor del Goûter, una de las rutas más frecuentadas para acceder a la cima más alta de Europa (4.810 metros).

Los dos gendarmes, encargados de controlar y aconsejar a los alpinistas, observan la escena con atención, mientras que el grupo trata de esquivar la salva de rocas que se precipita sobre ellos.

"A veces conseguimos convencerlos de que adapten su ruta o pospongan su ascensión, pero no siempre lo logramos", lamenta el suboficial Fabrice Bernard-Jacquet.

"Tratamos de encontrar con ellos las soluciones más adecuadas para que puedan subir en las mejores condiciones posibles", explica a la AFP.

Este verano, pese al creciente riesgo de caída de rocas debido al aumento de las temperaturas, más de 300 personas intentan cada día subir hasta la cima del Mont Blanc.

Desde el mes pasado, frente a la alta concurrencia, las autoridades de la región francesa de Alta Saboya, donde se encuentra el macizo, comenzaron a rechazar el acceso por esta ruta a las personas que no tengan una reserva en el refugio Goûter (3.815 metros), de 120 plazas, que estuvo saturado a inicio de temporada de alpinistas exhaustos.

"Una vez que llegaban al refugio los alpinistas se negaban a bajar y dormían en la entrada. A veces había hasta más de 30 personas, lo que suponía graves problemas de seguridad y de orden público", señala el teniente coronel Stéphane Bozon, comandante de los pelotones de gendarmería de montaña de Chamonix.

Pese a estas medidas de seguridad, 12 personas han muerto desde el inicio del verano en el mítico macizo, según un conteo de la AFP. Este viernes, los socorristas reanudaron sus búsquedas para hallar a tres alpinistas italianos que no han dado señales de vida desde hace tres días.

- Espacio de libertad -

Desde el inicio del verano, las autoridades desplegaron a gendarmes para que patrullen en la montaña. Brindan recomendaciones a los alpinistas en función de los riesgos existentes, aunque muchas veces sus consejos caen en oídos sordos.

"Los alpinistas no siempre evalúan bien los riesgos, hasta que lo viven en carne propia", estima Fabrice Bernard-Jacquet.

Los profesionales de la montaña libran el mismo combate. La alcaldía de Saint-Gervais, localidad de donde arranca la ruta normal hacia la cima del Mont Blanc, contrató a un "sherpa" (guía de alta montaña en el Himalaya, ndlr.) para hacer campañas de prevención.

A veces, la montaña se encarga sola de dar lecciones a los más imprudentes. Recientemente, dos franceses permanecieron bloqueados durante varias horas en el corredor del Goûter a causa de importantes caídas de piedras que les impedían avanzar.

"Nos metimos nosotros mismos en aprietos. Tuvimos que correr, por turnos, y nos escondíamos detrás de grandes rocas con la esperanza de que resistan", cuenta Guillaume, un alpinista de 29 años, que admite haber tomado "un riesgo demasiado grande".

Pero a otros, como a Dave Bailey, un alpinista británico con más experiencia, les exaspera la presencia de militares en la montaña, a la que consideran como un espacio de libertad.

"Los controles son demasiado simplistas porque no toman en cuenta la experiencia de los alpinistas, que deben también saber evaluar la dificultad de una ascensión", estima.

La misión de los gendarmes seguirá hasta el cierre de los refugios, a finales de septiembre.

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