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Los jóvenes marcados de por vida en las protestas de Nicaragua

© Archivo particular

Texto por Jorge Hurtado

Última modificación : 14/08/2018

La represión a los manifestantes en Nicaragua ha dejado centenares de muertos y miles de heridos. En las cuentas de las organizaciones de DD.HH. existe una cifra menor, pero no menos dolorosa: hay 72 lisiados de por vida, en su mayoría jóvenes.

Roberto Rizo (20 años) es del interior del país y como muchos jóvenes vivía en la capital para estudiar en la universidad. Rizo cursaba último año de ingeniería zootecnista en la Universidad Nacional Agraria (UNA) cuando el 19 de abril, el día después que explotaron las protestas contra el Gobierno de Daniel Ortega, salió con sus compañeros de clase a manifestarse pacíficamente a las afueras del recinto.

El joven narra que solo minutos después que los universitarios iniciaron el plantón, las fuerzas antidisturbios de la Policía Nacional aparecieron disparando a los estudiantes que se refugiaron en el recinto y estos respondieron con piedras a los oficiales. “Sentí un golpe, me vi mucha sangre y pensé que había sido algo superficial”, recuerda.

La fotografía de Roberto con el ojo izquierdo ensangrentado se viralizaba en redes sociales mientras algunos profesores y vecinos de la universidad intentaban convencer a los policías de cesar el ataque de balas de goma y gases lacrimógenos para permitir que las ambulancias ingresaran al recinto y atender a los heridos.

“Se portaron atroces con nosotros, era una marcha pacífica”, dice Rizo, quien fue atendido en un centro hospitalario dos horas después de que lograra salir por la parte trasera de la universidad.

“Ese día mi vida cambió”, asegura el joven, que antes del 19 de abril con esfuerzo pagaba un pequeño apartamento cercano a la universidad y asistía a clases desde las ocho de la mañana hasta finalizar la tarde. Cada 15 días viajaba a su natal Matiguás para visitar a sus padres y apoyarles en las tareas del campo. Su sueño interrumpido era instalar una clínica veterinaria en la comunidad donde nació luego de terminar su carrera. Faltaban solo 3 meses para graduarse de ingeniero.

La solidaridad se activó para ayudar a los jóvenes afectados en su vista

Hasta hace poco el joven tenía problemas de autoestima por perder la visión y salía de casa con enormes lentes de sol que ocultaran el parche del ojo, al igual que otros 32 jóvenes que perdieron la vista de forma parcial o total en circunstancias similares a Roberto (enfrentándose con las fuerzas de seguridad durante las protestas), según datos del Programa de Prótesis Ocular para Estudiantes que dirige Irela Iglesias.

Iglesias quedó perpleja al ver las imágenes de la represión hacia los estudiantes y buscó contactarse con sus familiares para gestionar ayuda médica. En redes sociales y de forma espontánea aparecieron donantes para las prótesis, al mismo tiempo que surgieron nuevos casos de estudiantes heridos en sus ojos por la policía.

“La prótesis les ayuda estéticamente y con su autoestim. Les ha cambiado la vida. Ahora los ves tomándose selfies cuando antes no querían ni verse al espejo”, cuenta Iglesias, quien detalla que el programa ha ayudado a 13 estudiantes poniéndoles prótesis de forma gratuita. Cada prótesis ronda los 1.500 dólares y es financiado por particulares y médicos que donan sus servicios para mejorar la vida de los afectados.

Algunos de los jóvenes atendidos por lesiones en los ojos
© Programa de Prótesis Ocular para Estudiantes

El programa busca ampliarse y al momento los heridos llegan con lesiones en brazos, cabeza, rostro, hombros, abdomen, piernas y otras partes del cuerpo afectadas por disparos de armas de fuego. La mayoría de ellos de escasos recursos, sin seguro social y con temor de ser arrestados al buscar asistencia en hospitales públicos.

Familiar de Yasser Miranda: “no imagino el dolor que él siente”

Yasser Miranda (20 años) está molesto la mayor parte del tiempo, afirman sus familiares. A su corta edad, perdió la vista por completo producto de un disparo en la cabeza que casi termina con su vida. Camina con lentitud apoyado por un bastón identificando los lugares de su hogar para adaptarse a su nueva condición de no vidente.

Antes del 20 de abril era un joven dinámico y administraba un lavado de autos familiar en Tipitapa, a las afueras de Managua. De lunes a viernes se dedicaba a trabajar y los sábados siempre salía con su novia al cine o conocer algún restaurante nuevo.

Estudiaba secundaria los domingos y tenía muchas aspiraciones respecto al negocio familiar que le asignaron administrar. La tarde del 20 de abril se sumó a una protesta con sus vecinos y fue capturado por la policía. Apareció dos días después con un disparo en la cabeza en un hospital público.

Su hermano Joaquín asegura que el proceso ha sido doloroso para la familia entera. El destino de su hermano cambió para siempre al salir a manifestarse ese día. “Cada que lo veo con su bastón de ciego me duele mucho, si solo tiene 20 años. No me imagino el dolor que él siente” reitera.

La nueva estrategia del Gobierno, ¿criminalizar a los manifestantes?

El Gobierno y la Policía parecen haber iniciado una estrategia de criminalización judicial a los manifestantes acusándoles de causar caos y anarquía en el país con el fin de realizar un “golpe de Estado”. Aseguran que las fuerzas del orden son las las víctimas de este conflicto.

“La Policía ha sido víctima de esta campaña, la policía tiene órdenes de no disparar”, afirmó el presidente Ortega durante el diálogo nacional. “Yo le puedo decir al presidente que un policía me disparó”, reacciona Dennis González, un joven de 26 años que recibió un disparo en su cabeza el 21 de abril. Afirma que regresaba en taxi de su trabajo cuando pasó por un retén policial cercano a las protestas y un oficial le disparó sin mediar palabra.

Hoy González atraviesa un doloroso proceso de terapia para recuperar la movilidad en su cuerpo. Pasa la mayor parte del tiempo viendo televisión o intentando realizar tareas básicas como bañarse o vestirse por su cuenta.

Antes del suceso había abandonado los estudios y era el único sustento económico de la familia trabajando como albañil. Hoy no espera más que recuperarse para volver al trabajo y alimentar a su pequeña de cinco años. Pero los médicos le han dicho que no será fácil: aún tiene una bala alojada en su cabeza con fragmentos metálicos que le causan dolor por las noches.

Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han denunciado y evidenciado “graves violaciones a los derechos humanos que se caracterizan por el uso excesivo de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad del Estado y también de terceros armados", desde el inicio de la crisis en Nicaragua.

Primera modificación : 14/08/2018

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