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Análisis

Cohen y Manafort, el doble contratiempo de Donald Trump

El presidente de EE. UU., Donald Trump, habla mientras otorga una Medalla de Honor póstuma al Sargento Técnico de la Fuerza Aérea de los EE. UU. John A. Chapman en el Salón Este de la Casa Blanca en Washington, EE.UU., 22 de agosto de 2018.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, habla mientras otorga una Medalla de Honor póstuma al Sargento Técnico de la Fuerza Aérea de los EE. UU. John A. Chapman en el Salón Este de la Casa Blanca en Washington, EE.UU., 22 de agosto de 2018. Leah Millis / Reuters

Trump se enfrenta a uno de los momentos más complejos de su presidencia luego de que dos antiguos miembros de su círculo interno fueran declarados “culpables” de cargos criminales. Aumentan las dudas sobre su exposición legal y futuro político.

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El exdirector de campaña de Trump, Paul Manafort, fue condenado el 21 de agosto por crímenes financieros. Casi al mismo tiempo que el exabogado personal de Trump, Michael Cohen, se declaraba culpable de una serie de delitos, que incluían violaciones financieras durante la campaña, las cuales el abogado afirmó haber realizado junto con Trump.

Con dos hombres –que jugaron un rol destacado en la campaña del presidente– condenados por múltiples cargos criminales, las investigaciones giran cada vez más cerca de Trump.

“Son dos casos consecutivos pero separados”, explicó el comentarista de noticias internacionales de France 24 Douglas Herbert. “Uno involucra la investigación de Robert Mueller (fiscal especial) y al exdirector de campaña de Trump (Paul Manafort) y el otro, liderado por fiscales federales en Manhattan, involucra al hombre de Trump que lo soluciona todo, su propio abogado personal (Michael Cohen) por una década, el que lo acompañó incluso antes de su presidencia, siempre siendo parte de la organización de Trump, siempre ayudando a juntar las piezas para Donald Trump, a limpiar el desastre, por así decirlo”.

Manafort fue condenado en Virginia por cargos presentados por Mueller, quien está investigando una interferencia rusa en las elecciones de 2016 y una potencial obstrucción a la Justicia. Cohen se declaró culpable en una corte de Manhattan, afirmando que él y Trump habían arreglado un pago para silenciar a la estrella porno Stormy Daniels y a una exmodelo de Playboy para influenciar las elecciones.

 
El caso de Cohen resulta más problemático que el de Manafort

El caso de Cohen es el que perjudica más a Trump, dicen los analistas, ya que el antiguo “solucionador” personal del presidente reconoció su rol en una estrategia para pagarle a las mujeres que acusaron al candidato republicano de tener una conducta sexual inapropiada.

Aunque Cohen nunca nombró a Trump en la Corte el martes, sí declaró haber trabajado “en conjunto con y bajo la dirección de un candidato a un cargo federal”. El exabogado de Trump tampoco nombró a las dos mujeres involucradas en el caso.

“Michael Cohen, su exabogado, testificó en la Corte afirmando que, en efecto, a instancias de este candidato, le pagó a varias mujeres para comprar su silencio porque si llegaban a hablar sobre las aventuras que decían haber tenido con Donald Trump, habrían presuntamente afectado su destino electoral. El hecho de sobornar a esas mujeres fue esencialmente una contribución de campaña para Donald Trump, para ayudarlo a ser elegido”, dijo Herbert.

A más de un año de haber asumido la Presidencia, la ola de alegatos contra Trump, vigorosamente rechazados por el presidente de Estados Unidos y sus aliados, ha comenzado a acercarse cada vez más a él.

“Va a ser difícil para el presidente tratar de desacreditar todo esto. Lo está envolviendo”, le dijo David Weinstein, un exfiscal federal, a la Associated Press.

Donald Trump: "los pagos no salieron de la campaña"

Trump ignora los procesos judiciales durante el acto de campaña
 

Trump ha demostrado tener una asombrosa habilidad para librarse de una incesante ola de acusaciones y declaraciones impactantes que han provocado indignación. Su base leal de simpatizantes lo ha seguido apoyando a pesar de su esfuerzo por culpar a “ambos bandos” de la peligrosa violencia entre los blancos nacionalistas y los manifestantes antiracistas en Charlottesville, Virginia, por un lado, y por negarse, en Helsinki el mes pasado, a respaldar los servicios de inteligencia de los Estados Unidos sobre la Rusia de Vladimir Putin, entre otras controversias.

A pesar del doble contratiempo que enfrenta, Trump ignoró en su mayoría los procesos judiciales de la Corte el martes, mientras hacía campaña en Virginia Occidental.

Durante el acto en Virginia Occidental el público coreó a viva voz las afirmaciones principales de la campaña de Trump “¡Drenar el pantano!” y “¡Enciérrenla!” –refiriéndose a la candidata Demócrata del 2016 Hillary Clinton– a pesar de las condenas por corrupción y de las amenazantes sentencias de cárcel que enfrentaban sus exasesores.

Giuliani apoya a Trump: “no hay alegato de ninguna clase de delito en contra del presidente”

La condena de Manafort sirvió como una vindicación del trabajo de Mueller mientras los investigadores siguen rastreando posibles delitos cometidos por el presidente y quienes lo rodean. El equipo de Mueller también le presentó evidencia a los fiscales federales para el caso de Cohen en Nueva York.

El abogado de Trump, Rudy Giuliani, trató de culpar exclusivamente a Cohen en una declaración realizada el martes, diciendo: “No hay alegato de ninguna clase de delito en contra del Presidente entre los cargos que el gobierno le imputó al Sr. Cohen”.

El equipo legal de Trump también ha llevado a cabo extensas negociaciones con el equipo de Mueller en torno a una potencial reunión con el presidente, pero se ha negado al ámbito de las preguntas.

Los explosivos acontecimientos legales ocurren justo cuando la Casa Blanca se concentra en las próximas elecciones de medio término, y mientras que aliados de Trump, como Steve Bannon, buscan enmarcar la elección como un referendo que potencialmente desacreditaría al presidente. Los confidentes de Trump han argumentado por mucho tiempo que el destino del presidente en semejante escenario sería, a fin de cuentas, más un asunto de política que de ley.

En cuanto a la declaración de Cohen, Bannon dijo el martes que esto “acaba con el argumento de quienes le dicen al presidente que no es tan grave que pierda su posición en la Casa. Esto se convierte ahora más que nunca en una elección nacional sobre el problema del descrédito”.

El presidente parece expresar en Charleston lo que está en juego, advirtiéndole al público que “no están simplemente votando por un candidato. Están votando por el partido que controlará la Casa y por el partido que controlará el Senado”.

 
El círculo interno presidencial está preocupado

Los confidentes de Trump reiteraron que según la postura de la Casa Blanca un presidente no puede ser acusado, refiriéndose a la opinión emitida en el 2000 por la Oficina de Asesoría Legal del Departamento de Justicia, que provee consejo legal y acompañamiento a las agencias de la rama ejecutiva. Los abogados de Trump se han referido a los planes de Mueller de obedecer este acompañamiento, aunque la oficina de Mueller nunca lo confirmó de manera independiente. En principio, no estaría prohibido imputar cargos contra un presidente luego de que él o ella abandonen la Casa Blanca.

Michael Avenatti, un abogado que trabaja en un caso civil contra Trump para Daniels, –quien declaró haber tenido relaciones sexuales con el presidente– trinó el martes que la resolución del caso criminal contra Cohen “también debería permitirnos proceder con una declaración expedita de Trump bajo juramento sobre lo que supo, cuándo lo supo y qué hizo al respecto”.

En 1997, la Corte Suprema, al emitir su fallo en una demanda de acoso sexual presentada por Paula Jones, sostuvo que un presidente titular podía ser llamado a contestar preguntas como parte de una demanda. Ese fallo no especificaba directamente si el presidente podía ser citado para testificar en una investigación criminal.

A pesar de las agitadas negaciones públicas, el destino de Manafort y el de Cohen ha preocupado al círculo interno del presidente.

Para muchos cercanos a Trump, Cohen ha representado una amenaza incluso mayor que la investigación sobre Rusia, a raíz de su década trabajando como el “solucionador de problemas” del –en ese entonces– célebre promotor inmobiliario. Una redada en abril del FBI a la oficina de Cohen en Nueva York y a su habitación de hotel agitaron al presidente, quien se ha quejado públicamente sobre lo que él consideró una extralimitación del Gobierno, mientras que se preocupaba en privado sobre el material que Cohen podía haber tenido tras haber trabajado para la Organización Trump durante una década.

Quienes están en la órbita de Trump, incluyendo a Giuliani, han incrementado sin cesar los ataques contra Cohen, insinuando que no era de fiar y mintiendo sobre lo que sabía sobre los negocios de Trump. Cuando el equipo de Cohen mostró una grabación que el antiguo ayudante había realizado, en la que se oía a Trump discutiendo un pago para silenciar a una mujer sobre un supuesto amorío, Giuliani buscó impugnar la credibilidad de Cohen y cuestionar su lealtad.

Trump se preocupó durante semanas por el cubrimiento que los medios hacían del juicio de Manafort. Aunque los pleitos no estaban conectados a la interferencia rusa en las elecciones, Trump se enfureció ante sus confidentes porque considera los cargos contra Manafort como “una amenaza” por parte de Mueller.

“Lo que importa es que el jurado consideró que los hechos presentados por el fiscal especial justifican la condena de alguien cercano al presidente”, dijo Weinstein.

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Con AP

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