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Así se vive el Eid al Adha o la 'Fiesta del sacrificio' en París

Un grupo de mujeres participa de la oración del Eid al-Adha en la Mezquita de Creteil en el Noreste de París. Durante la fiesta los fieles sacrifican un cordero para confirmar su fe en Alá.
Un grupo de mujeres participa de la oración del Eid al-Adha en la Mezquita de Creteil en el Noreste de París. Durante la fiesta los fieles sacrifican un cordero para confirmar su fe en Alá. Erika Olavarría / France24

Por tres días los musulmanes celebran la fiesta del Eid al-Adha, que llega durante la procesión a La Meca. En Francia, donde viven 6 millones de musulmanes, 100.000 corderos serán sacrificados durante la festividad.

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Abdelkhader Meziane, su esposa Khedidja y sus hijos, Sarah, Lina y Rayan, juegan a dar de comer paja a varios corderos que pastan en un improvisado potrero en el norte de París. Han conducido media hora para conseguir un animal que les permita celebrar en París el Eid al Adha, la más importante fiesta del Islam, como si estuvieran en Argelia su país de origen.

Durante este rito los fieles sacrifican un cordero, u otro animal, como lo hiciera Abraham en el antiguo testamento, que para demostrar su fe estaba dispuesto a matar a su hijo.

Khedidja reproduce en su teléfono un video que les han enviado sus familiares desde la ciudad de Béjaïa en el Noreste de Argelia. Uno de sus 11 hermanos tiene aún sangre en las manos pues ha sido él quien ha sacrificado al animal.

En París en cambio son mataderos profesionales los que dan muerte al cordero pero a la manera halal, es decir, degollando el animal y pronunciando el nombre de la persona que ha pagado los 280 euros que cuesta: “cuando lo degollen dirán nuestro apellido. Lo importante no es la carne sino que Alá va a ver que este fiel, es decir nosotros, hemos aceptado la religión”, explica orgulloso Abdelkhader.

La oración, el momento más solemne del Eid al Adha

Al día siguiente los Meziane tienen una agenda cargada. Deben ir a buscar al animal sacrificado al mismo matadero, pero lo más importante es que deben asistir a la mezquita a la oración del Eid. Rayan no ha dormido pensando en la fiesta, pues además a los pequeños se les dan regalos, como si se tratara de la navidad para los cristianos.

El niño decide acompañar a su padre que se ha puesto una túnica o chilaba a la mezquita. El día anterior ha ayunado en lo que se conoce como 'pequeño Ramadán', 24 horas sin comer antes del Eid. Pero además nos explica que “el mismo día de la fiesta no me puede tocar una mujer”.

Cuando llegan a la mezquita hay una puerta para hombres y otra para las fieles mujeres, como cada vez que se realiza la oración. Aunque es grande, unas mil personas repletan la mezquita. Hombres en el primer piso y las mujeres en el segundo.

Eso explica que el estacionamiento del templo se haya transformado temporalmente en sala de oración. Los colores de velos e indumentarias se mezclan. Las africanas llevan su tradicional bubú, combinado al velo. Las fieles de África del Norte, en cambio, son más discretas en su indumentaria. No cuesta adivinar quiénes vienen de Asia pues sus vestimentas tienen algo del Sari indio.

Las niñas también portan velo, incluso una que aún lleva chupete. Aquí lo pueden llevar libremente pues en Francia, país laico, el uso del pañuelo está prohibido en las escuelas y el velo integral en los espacios públicos: “yo vivo hace 15 años en Francia”, explica a France 24 Samira, una franco-argelina. “Pero solo hace 6 años que llevo velo. En religión nada es obligatorio, todo debe nacer de una convicción”, dice. Y en su celular busca el sura o versículo del Corán donde el profeta Mahoma dice que las mujeres deberán llevar velo delante de hombres que pudieran ser su marido.

“¡Allahu Akbar!”, “¡Allahu akbar!” (Dios es grande), repiten los fieles a medida que van llegando, en un mantra que termina sólo a las 9:00 a.m. cuando comienza la oración. El imam intercala el árabe y el francés durante 20 minutos en los que lee textos del Corán. Al final realiza un sermón, pero varios fieles, sobre todo las mujeres, se apresuran para salir. Las medidas de seguridad han sido tomadas para que la masa de peregrinos se retire de manera ordenada.

El Eid es también "una fiesta de compartir"

Abdelkhader y Rayan están emocionados. A la salida de la mezquita se encuentran con algunos familiares, pero se dan prisa ya que en casa, Khedidja, ha preparado la comida.

Unos dulces tradicionales cubiertos de azúcar flor los reciben: “uno tiene harina de pistacho, es primera vez que los hago” dice orgullosa la mamá que teme hayan quedado muy secos. El otro, tiene dátiles enteros.

Khedidja permanece en la cocina donde va preparando un cuscús, el cordero, un pollo y un caldo de verduras rojo gracias a la paprika y la salsa de tomate.

“El Aid es también una fiesta de compartir”, recuerda Abdelkhader que ha invitado a un vecino a almorzar. La tradición está completa y los más contentos son los niños que aún están en vacaciones de verano.

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