Tras un año de crisis en Birmania, refugiados rohinyás celebran el Eid en Bangladés

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Cox's Bazar (Bangladés) (AFP)

Cerca de un millón de rohinyás celebran el miércoles el Eid al Adha en Bangladés, con la precariedad del mayor campo de refugiados del mundo como telón de fondo, un año después de que empezara la ofensiva del ejército contra esta minoría musulmana en Birmania.

Las oraciones se suceden en el recinto de mezquitas improvisadas levantadas en el sur de Bangladés para celebrar la fiesta del sacrificio, de la que participan los musulmanes de todo el mundo. Se sacrificaron unas vacas en los campos embarrados de los alrededores.

Un muecín se dirige a los miles de refugiados que viven en la precariedad del campo de Kutupalong, el mayor del mundo, situado en Cox's Bazar, cerca de la frontera birmana.

Para la mayoría de los desplazados, se trata de la primera fiesta del Eid al Adha desde que se vieran obligados a abandonar el oeste de Birmania hace un año, tras una ofensiva del ejército que Estados Unidos y la ONU tacharon de limpieza étnica.

La represión militar, apoyada por milicias armadas budistas, empezó en agosto de 2017 en aldeas de rohinyás, uno días antes de las celebraciones del Eid.

Desde entonces, más de 700.000 miembros de la minoría musulmana huyeron de Birmania y la mayoría se refugió en el sur de Bangladés.

Entre ellos, Mohamad Isa, un rohinyá de 19 años cuyos recuerdos de su patria incendiada empañan su celebración del Eid.

"En Birmania, teníamos dinero, ganado y tierras. El Eid allí era alegre", cuenta a la AFP, cerca de una hilera de retretes en Jamtoli, un nuevo campo de refugiados construido en Cox's Bazar para los últimos llegados.

- Un lujo para la mayoría -

En esta fiesta de tres días, los musulmanes matan animales para conmemorar el sacrificio del profeta Abraham quien, según la tradición musulmana, se mostró dispuesto a matar a su hijo Ismael a petición de Dios, aunque finalmente sacrificó a un cordero gracias a la intervención del ángel Gabriel.

Quienes efectúan este sacrificio, llamado Qurbani, deben consumir una parte de la carne y repartir el resto entre los más desfavorecidos que no tengan para comer.

Conforme se acerca el Eid, vacas, cabras y corderos llenaban los puestos de los mercados locales para estos miles de desplazados musulmanes.

Las familias con mayor poder adquisitivo hicieron un fondo común para celebrar el sacrifico, pero un lujo así está muy por encima de las posibilidades de la mayor parte de los refugiados, que no pueden trabajar legalmente en Bangladés.

Otros supieron sacar tajada del aflujo de desplazados y de esta fiesta, como el comerciante bangladesí Aktar Husain.

Cuenta sus fajos de billetes en un frecuentado mercado de ganado, cerca de los campos. "Este fue mi mejor año", explica a la AFP.

"El año pasado, vendí quince vacas por el Eid. Hoy, coloqué casi 50".