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Cuando los rohinyás logran forjarse nuevas vida en el extranjero

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Bradford (Reino Unido) (AFP)

Anita es médica, Nijam, taxista y Sharifah defiende los derechos de las mujeres. Desde Bangladés a Malasia pasando por Europa algunos rohinyás, una minoría musulmana perseguida, han logrado empezar una nueva vida.

Alrededor de 500.000 miembros de esta comunidad musulmana viven en Birmania, un país con más de 90% de budistas donde se les considera extranjeros, pero cientos de miles de ellos tuvieron que huir.

- Neurocirujana -

Anita Schug se vio obligada a huir de Birmania al comienzo de los años 1980. Estudió en Europa y trabaja como neurocirujana en Alemania.

"Tomé la neurocirugía como un desafío. Por eso he elegido esta especialidad", afirma esta mujer de 37 años, mientras los rohinyás tienen prohibido el acceso a hospitales y colegios de Birmania.

"Si los otros trabajaban al 100% para alcanzar sus objetivos, yo tenía que trabajar al menos el doble" para lograr los míos, recuerda.

Anita y sus dos hermanas, también médicas, esperan que su experiencia contribuya a ayudar a su comunidad que tiene "necesidades infinitas".

- Taxista -

Después de haber pasado 17 años en un campo de refugiados de Bangladés, Nijam Uddin Mohamed llegó en 2008 con su familia a Bradford, en el norte de Inglaterra.

Como muchos rohinyás, sus padres no pudieron registrarlo cuando nació en Birmania. Las autoridades británicas le dieron una fecha de nacimiento, el 1 de enero.

Nijam es taxista, trabaja como traductor a tiempo parcial para el servicio nacional de salud británico y dirige la oenegé "British Rohingya Community Charity".

"Espero que mis hijos también trabajen por la liberación del pueblo rohinyá", afirma.

- La militante -

Sharifah Shakirah es de Buthidaung, una ciudad birmana cercana a la frontera de Bangladés. Cuando tenía cinco años se fue a Malasia.

Este país musulmán alberga una de las comunidades rohinyás más importantes en el extranjero (75.000 personas), pero pocos, especialmente las mujeres, pueden acceder a los servicios de salud.

"Quiero que se sientan capaces de hacer cosas por sí mismas, que puedan defenderse", declara Sharifah, de 25 años, que fundó una red de ayuda para mujeres rohinyás.

Gracias a esta asociación pueden estudiar idiomas, artesanía, religión o teatro.

Su militancia fastidia a algunos malasios. "Creen que debería de quedarme en casa y cocinar", lamenta la joven, que no tiene la intención de dejarlo.

- El campeón de taekwondo -

Mohamad Selim, de 34 años, es un antiguo campeón de taekwondo que vive en un campo de refugiados del sur de Bangladés.

En Birmania le prohibían acceder a las instalaciones deportivas y durante 18 años se vio obligado a viajar constantemente a Bangladés para participar en los campeonatos.

Desde 2017 no ha vuelto a Birmania debido a la represión del ejército que forzó la huida de unos 700.000 rohinyás.

"Somos pobres y nunca nos han respetado. Fue el taekwondo el que me ha enseñado el respeto".

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