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El futuro de los traperos de Sofía está en peligro

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Sofía (AFP)

Son pobres, a menudo mayores, pero realizan de manera informal la mitad del reciclaje de los desechos locales. Los traperos de Sofía temen perder su sustento tras una controvertida decisión del ayuntamiento que busca alejarlos del centro de la ciudad.

De contenedor en contenedor, una compañía de teatro pasea con los espectadores por las calles, en uno de los espectáculos más insólitos de la capital búlgara en estos momentos. Su objetivo es mostrar la labor de "las manos invisibles" que reciclan los residuos de Sofía.

"Esa gente hace lo que otros no hacen. Dejemos de hacer como si no existieran", dice Evgenia Tacheva, miembro de la oenegé Za Zemiata que se ha propuesto exponer el papel primordial de los traperos en la capital, que se encuentra entre las peores ciudades de Europa en materia medioambiental.

El tiempo apremia, asegura Tacheva. El próximo año, los depósitos donde venden por un puñado de levas los desechos recolectados se trasladarán a las afueras de la ciudad. Demasiado lejos para los traperos, que no tienen medios de transporte y se quedarán, por tanto, sin ninguna fuente de subsistencia, alerta Za Zemiata.

Sin las cerca de 5.000 personas que sobreviven rebuscando en la basura y recogiendo cajas y botellas en los parques de Sofía, esa ciudad de 1,5 millones de habitantes no tendrá ninguna posibilidad de alcanzar los objetivos de la Unión Europea, que fijó una tasa de reciclaje del 50% desde ahora hasta 2020, recuerda la oenegé.

La capital búlgara recicla hoy en día menos de un tercio de sus desechos, la mitad de ello gracias a los traperos.

"Queremos cambiar su imagen ante la sociedad, que los considera a todos como indigentes", explica Desislava Stoianova, otra militante de la asociación.

Un prejuicio que a menudo tiene poco que ver con la realidad.

- 10 euros por semana -

Boriana, de 62 años, trabajó durante mucho tiempo como empleada y tiene un apartamento. "Pero aún no cobro mi jubilación y mi marido murió", explica mientras coloca con cuidado vidrios, cajas de aluminio y papeles en el pequeño carro que lleva consigo.

Su situación es similar a la de Penka, una exsecretaria de 63 años que también recorre las calles de la ciudad en busca de desechos reciclables.

"Hay gente buena que ya deja paquetes separados en la acera para mí", cuenta Penka, cuyos ingresos son escasos, "unas 20 levas (10 euros, 12 dólares) por semana", aunque suponen una buena ayuda en el país más pobre de la UE, donde la jubilación mínima se eleva a 100 euros.

Los traperos de Sofía, que recogen hasta 100.000 toneladas de residuos reciclables al año, son indispensables en una ciudad donde menos de un tercio de la población dice separar sus desechos, explica Za Zemiata. La oenegé desea que se les integre plenamente en el sistema municipal de gestión de la basura.

Pero los traperos tienen mala fama entre algunos profesionales, que los acusan de agarrar desechos en los contenedores de reciclaje instalados en la ciudad.

Éstos, que se utilizan a menudo como contenedores normales, apenas representan el 10% de la recolección de residuos reciclables en Sofía, según Za Zemiata.

Pero "el robo de material en los contenedores de reciclaje complica nuestra labor [y] los desechos que quedan en el lugar disuaden a la gente de participar en el sistema de separación de residuos", asegura la empresa Ekobulpack, una de las que gestionan el reciclaje en la capital.

El municipio justificó la deslocalización de los centros de recogida por las quejas de vecinos ante las idas y venidas de los traperos.

Si la ciudad sigue adelante con su proyecto de desplazar esos centros, "sólo nos quedará pedir limosna, esperando que la gente nos dé algo", lamenta Ivan (nombre ficticio), un exobrero de 60 años que se convirtió en trapero después de perder su trabajo.

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