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Myanmar: un año de tragedia rohingya

Refugiados rohingya continúan su camino después de cruzar de Myanmar a Palang Khali, cerca de Cox's Bazar, Bangladesh, 2 de noviembre de 2017.
Refugiados rohingya continúan su camino después de cruzar de Myanmar a Palang Khali, cerca de Cox's Bazar, Bangladesh, 2 de noviembre de 2017. Hannah McKay / Reuters

El 25 de agosto de 2017 el ejército de Myanmar lanzó una sangrienta ofensiva que marcó el inicio del éxodo de los rohingyas. El episodio más dramático en la dolorosa historia de un pueblo sin país y, hoy, sin tierras.

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Es considerada como una de las minorías más oprimidas del mundo. Su lengua es parecida al bengalí que se usa en el sur de Bangladesh, sin embargo, el origen de los rohingyas no es muy claro. Podría haberse constituido comunidad con los variados flujos de poblaciones turcas, árabes, moras, mongolas o persas que habrían llegado a lo largo de los siglos en esta región del Rakáin, llamada antiguamente Arakán, la cual se ubica en la costa oeste del actual Myanmar.

El siglo XVI también podría ser clave para entender las raíces de esta población. Las fronteras actuales no existían. El reino del Arakán controlaba la región del sur bangladesí del Chittacong, una provincia que entró en rebelión en contra del poder que la dominaba pero que fracasó en el intento. Los historiadores resaltan que era común en ese periodo deportar a poblaciones luego de las victorias militares. Fue el caso para decenas de miles de habitantes de Chittacong que llegaron forzosamente a la actual Rakáin para finalmente nunca dejarla.

Los siglos que siguieron fueron esparcidos por exilios a causa de conflictos étnicos, de guerras, de trastornos fronterizos luego de las emancipaciones de la dominación británica, cuyo imperio se había consolidado en la región desde la primera mitad del siglo XIX. Estas dos regiones vieron circular en ambos sentidos poblaciones que huían de la violencia y las persecuciones.

Los rohingyas, un pueblo sin Estado

Durante la Segunda Guerra Mundial, los británicos les prometieron un “área nacional musulmana” (“Muslim National Area”), es decir, un territorio soberano para esta población. La maniobra de la potencia colonial era sumar apoyos y fuerzas para contrarrestar a la invasión japonesa del sureste asiático iniciada en 1941, un período que fue también marcado por el recrudecimiento de los afrontamientos entre la mayoría budista y los rohingyas practicantes del Islam; entonces, decenas de miles perdieron la vida en ambos bandos.

En 1948 Myanmar se independizó de Gran Bretaña oficialmente, un proceso que conllevó a más inestabilidad que perspectivas de consolidación debido a las fracturas étnicas en el país, pero que dio, asimismo, el punto de comienzo de la marginalización de los rohingyas.

Pocos años después estalló una rebelión en contra del Gobierno en la cual participaron miembros de esta minoría, quienes reclamaban la creación de una región autónoma y su reconocimiento como población integrante de la nación. El discurso de los líderes de este episodio tuvo ecos dentro de los rohingyas, ya que rechazaban la versión oficial que los tildaba de extranjeros.

El levantamiento fue aplastado en 1961 finalmente, un año antes del golpe militar que puso fin de manera efectiva a la actividad política musulmana formal, que las nuevas autoridades consideraban como una “amenaza” a la identidad nacional. Fue durante esta dictadura que ocurrió el primer desplazamiento masivo de rohingyas. Tras la fuerte represión de protestas de esta comunidad, cientos de miles salieron del país. Las autoridades aceptaron repatriar a unos 200.000 por presión internacional, pero la animosidad entre la mayoría budista y esta minoría musulmana se hacía sentir cada vez más.

En 1982, el Gobierno aprobó la “Ley de Ciudadanía de Birmania”, que otorgó la ciudadanía a la mayoría de los grupos étnicos minoritarios, pero se la negó a los rohingyas. En 1989, el poder empezó a asentar poblaciones budistas en áreas de mayoría musulmana en Arakán y Rakáin, desplazando así a varias familias. Los informes de este periodo relatan graves acciones que condenaron las Naciones Unidas en una resolución.

France 24

Violencia comunitaria y rechazo de los derechos de los rohingyas

La tímida apertura democrática de Myanmar entre 1990 y 2011 no ayudaron a los rohingyas a apaciguar su situación, pues los mensajes de odios de sectores budistas radicales se multiplicaron y germinaron poco a poco un fuerte sentimiento antimusulmán en la sociedad.

En 2012, un caso de violación destapó nuevamente las tensiones comunitarias que se materializaron en nuevas olas de violencias que causaron el exilio de decenas de miles de rohingyas. En este mismo año, el vecino Bangladesh registraba ya 250.000 refugiados en su suelo.

El 25 de agosto de 2017, la televisión de Estado reportó la muerte de 12 soldados a causa de una ofensiva de insurgentes rohingyas. Las fuerzas armadas se desplegaron enseguida en la región de Rakáin, provocando desplazamientos masivos a los pocos días de este acontecimiento. El 29 de agosto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), instó a Bangladesh abrir sus fronteras con el fin de la paliar la tragedia humanitaria que se avecinaba.

Un mes después, el Secretario general de la ONU denunció la “pesadilla” vivida por los rohingyas y las “serias violaciones a los derechos humanos” mientras que Francia y las autoridades bangladesíes alertaron sobre una “limpieza étnica” en curso.

Pueblos quemados y crímenes de lesa humanidad perpetrados por el ejército de Myanmar

Personas huyendo por todos los medios posibles, con las aldeas en llamas en segundo plano conmovieron al mundo y a las diplomacias que vieron la escenas, impotentes. En enero pasado se reveló la existencia de fosas comunes en las zonas donde intervino el ejército, lo cual solo constituye la “punta del iceberg” para la ONG Amnistía Internacional (AI) .

“El ejército ha asesinado y violado a la población rohingya y ha reducido sus pueblos a cenizas”, relata AI y califica el actuar de las fuerzas de seguridad como crímines de lesa humanidad. Por otra parte, la ONG describió también cómo transcurrió el primer ataque de los rebeldes rohingyas a unos civiles hindúes.

La organización Human Rights Watch describió también la magnitud del drama, con insumos graficos de los pueblos arrasados. El ACNUR evaluó a más de 720.000 el número de personas que huyeron hacia Bangladesh desde el año pasado, cuya cifra se sumó a los 200.000 que se habían exiliado en crisis anteriores.

En vista de las condiciones que tienen que enfrentar al otro lado de la frontera, el drama que no se detiene para los rohingyas. Según Médicos Sin Fronteras (MSF), el principal campo de refugiados en Bangladesh, el campo 17 Kutupalong-Balukhali, “no se extiende día a día sino cada hora”.

Miles de personas siguieron llegando en lo que va del año y los financiamientos para cuidar a las instlaciones y las personas se hacen cada vez más escasos. "En una zona donde los ciclones y los monzones son frecuentes, casi no existen estructuras estables para los refugiados rohingyas. Esto tiene un impacto tangible en su seguridad y también en su dignidad", afirma Pavlo Kolovos, coordinador general de MSF en Bangladesh.

Doce meses después de la última y mayor crisis que vivieron, los rohingyas permanecen sin soluciones. El retorno es poco viable todavía ya que ni las autoridades de Myanmar parecen desearlo. Y los rohingyas sostienen sus vidas corren peligro si hacen un retorno.

Criticada por su gestión de la tragedia, la dirigente de Myanmar Aung San Suu Kyi, rebotó recientemente la responsabilidad sobre Bangladesh, que debe, según ella, “decidir la rapidez” del proceso de regreso a sus tierras de los rohingyas.

Mientras, el drama rohingya se hace perpetuo.

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