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Una víctima irlandesa exhorta al papa a deshacerse de las "manzanas podridas"

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Dublín (AFP)

Marie Collins apenas tenía 13 años cuando un cura la violó en Irlanda. Mientras el papa se dispone a visitar su país este fin de semana, la septuagenaria le insta a expulsar de la Iglesia católica a "todas las manzanas podridas".

"Mientras [el papa] esté en Irlanda, donde tenemos una grave historia de abusos y donde la vida de tanta gente ha sido destruida, es importante que esta cuestión se aborde de frente y que oigamos palabras claras sobre lo que va a hacer", declara a la AFP, al margen del Encuentro Mundial de las Familias en Dublín, que el pontífice clausurará este fin de semana.

Desde 2002, más de 14.500 personas se han declarado víctimas de abusos sexuales cometidos por curas en Irlanda y, según Collins, muchos católicos irlandeses "esperan que este asunto se trate como es debido".

De lo contrario, "habrá más personas que abandonarán cualquier esperanza y se alejarán [de la Iglesia]", avisa.

Marie Collins dimitió el año pasado de la comisión antipederastia encargada de aconsejar al papa, debido a su inacción.

Esta semana, acogió con satisfacción una carta del papa Francisco en la que condenaba las "atrocidades" que más de 300 curas cometieron contra más de 1.000 niños durante décadas, un escándalo revelado la semana pasada.

"La carta del papa menciona por primera vez el abuso sexual como un crimen, una atrocidad, y hace referencia a las prácticas de encumbrimiento", dice Collins.

"Pero no da ninguna indicación concreta sobre lo que el papa desea hacer realmente para que los responsables rindan cuentas", lamenta. Esa "reticencia a la hora de examinar las cosas (...) revela un miedo [a ver] todo el alcance del problema".

"Existe esa idea equivocada de que si no miramos [el problema], éste desaparecerá", dice.

- "Resistí" -

Marie Collins acababa de celebrar su decimotercer aniversario cuando un cura la violó, según el relato que hizo durante un simposio del Vaticano sobre los abusos en 2012.

El clérigo, "un consumado agresor de niños", según ella, había empezado a visitarla de noche en el hospital, en Dublín.

"Cuando empezó a manosearme, pretendiendo al principio que era un juego, me indigné y me resistí pidiéndole que parara. Pero no paró", contó en el simposio.

"Mientras me agredía, respondía a mi resistencia diciéndome que era 'cura' y que 'no podía hacerme daño'".

"Tomó fotos de las partes más íntimas de mi cuerpo y me dijo que yo era estúpida si pensaba que estaba mal. Tenía poder sobre mí. No sabía cómo hablar de ello con otras personas. Solamente recé para que no volviera a empezar, pero lo hizo".

"Esos dedos que la víspera abusaban de mi cuerpo me ofrecían la hostia consagrada la mañana siguiente. Esas manos que agarraban la cámara para fotografiar mi cuerpo expuesto, sujetaban un libro de oraciones cuando vino a confesarme".

- De víctima a militante -

Collins tuvo que seguir un tratamiento médico durante años a causa de los problemas psicológicos causados por las agresiones sexuales. Esperó a tener 47 años para hablar de ello con un médico, que la convenció de contactar con la Iglesia.

Se entrevistó entonces con el cura de su parroquia pero, según ella, éste se negó a escucharla y la culpó de lo que le había ocurrido.

"Dijo que no creía necesario denunciar [al autor de las agresiones]. Me dijo que era probablemente culpa mía. Me destrozó", recuerda.

Su agresor acabó siendo juzgado, condenado y encarcelado, y ella se convirtió en una figura de la lucha contra los abusos sexuales en Irlanda.

Para ella, el papa es el único que puede conseguir que el Vaticano deje de eludir el problema, mientras "niños siguen siendo maltratados cada día".

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