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Los recolectores de cartones de Hong Kong, en peligro por la política medioambiental de Pekín

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Hong Kong (AFP)

Tiene los dedos torcidos de haber recogido cartones durante 20 años por todo Hong Kong. Y, sin embargo, no será este mal el que obligará a Au Fung-lan, de 67 años, a renunciar a este trabajo ingrato, sino quizá la nueva política de Pekín en materia de medio ambiente.

Au es una de las 2.900 personas, principalmente mujeres, y a menudo ancianas, que uno puede ver cada día empujando su carrito por la megalópolis del sur de China.

Su trabajo consiste en recuperar los cartones tirados por tiendas, restaurantes o particulares y revenderlos por unos cuántos dólares en los almacenes de reciclaje, donde son más preciados que el plástico.

Hong Kong no cuenta con ninguna planta de reciclaje, por lo que estos centros envían los cartones fuera, especialmente a China continental, adonde en 2016 llegó el 95% de los cartones usados de la excolonia británica.

Un sistema que podría tocar fin ahora que China quiere dejar de ser el basurero del mundo, planeando cerrar para 2020 sus puertas a los residuos sólidos extranjeros, e incluso a los de Hong Kong, región administrativa especial (RAS). Una medida que podría dejar a Au Fung-lan y tantas otras sin su medio de supervivencia.

Aún así, pragmática, ella asegura que intenta no pensar mucho en esa posibilidad y continúa empujando su carrito, 14 horas al día.

Su objetivo es conseguir el dinero suficiente para pagar a la auxiliar sanitaria que cuidará de ella y de su marido, de 77 años (también recolector de cartones) cuando decidan dejar de trabajar.

- 'Libertad' -

"Algunos dicen que nuestro trabajo es rudo y nos miran por encima del hombro. Nos dicen: 'sois tan viejos, volved a casa y disfrutad de la vida'", cuenta a la AFP.

"Pero si todavía puedo trabajar no quiero tener que depender de los otros", señala.

Au empezó a recoger cartones tras haber perdido su empleo de obrera.

Tiene tres hijos que trabajan pero tampoco quiere su ayuda.

Trabajando desde el amanecer (o incluso antes) hasta el anochecer, gana unos 300 HKD (33,5 euros) al día, recogiendo 300 kg de cartones que revende a un dólar hongkonés el kilo. Una cantidad que no está nada mal comparada con la media que ganan los recolectores, de 47,3 HKD diarios, según la oenegé Waste Pickers Platform (WPP), es decir, seis veces menos que Au.

La sexagenaria explica que sus dedos se deformaron a fuerza de rasgar y aplastar los cartones con la mano.

La han atropellado dos veces mientras empujaba su carrito hasta el depósito, en el barrio de Kwai Fong.

Con todo, asegura que aprecia la "libertad" que le aporta el trabajar para sí misma. "No tengo miedo. Lo hago todos los días", dice. Su profesión, sin embargo, no está reconocida oficialmente, por lo que no goza de ningún tipo de protección social.

- Vertederos saturados -

La decisión de China de prohibir los residuos extranjeros podría acabar con esta economía informal y privar de recursos a los ancianos.

Según WPP, el 80% de los recolectores tienen más de 60 y entre los más viejos, los hay nonagenarios. Cuatro quintas partes son mujeres, y un tercio trabaja, al menos, ocho horas diarias.

WPP calcula que, por lo menos, los depósitos reciben 193 toneladas diarias de residuos de parte de los colectores.

Pero, si con la decisión de China los depósitos cerraran, podría producirse una "crisis de los residuos de papel" en Hong Kong por la falta de salidas para éste, según Jacky Lau, responsable de una organización local del sector del reciclaje.

La ciudad cuenta con vertederos pero estos están saturados.

Jacky Lau espera que China reconsidere su política respecto a Hong Kong, aunque la excolonia también debería acelerar la construcción de una planta de reciclaje.

Los hijos de Au la instaron a que dejara el trabajo, en vano, pues ella lo considera como una inversión para su futuro.

"Les dije que si les daba vergüenza, que ya no hacía falta que me llamaran 'mamá'", cuenta. Ante eso, "no respondieron nada".

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