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SERIE MIGRANTES

El Gobierno de Brasil interviene para frenar una crisis humanitaria por el éxodo venezolano (3/6)

Un soldado del Ejército de Brasil patrulla en una calle junto a un grupo de venezolanos después de verificar sus pasaportes o documentos de identidad en el control fronterizo de Pacaraima , estado de Roraima, Brasil, el 19 de agosto de 2018.
Un soldado del Ejército de Brasil patrulla en una calle junto a un grupo de venezolanos después de verificar sus pasaportes o documentos de identidad en el control fronterizo de Pacaraima , estado de Roraima, Brasil, el 19 de agosto de 2018. Nacho Doce / Reuters

El reciente brote xenófobo que causó la destrucción de un campamento de refugiados en Pacaraima, ciudad fronteriza con Venezuela, ha llevado al Gobierno Temer a tomar medidas para contener una crisis humanitaria.

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Primero fue anunciado el envío a Pacaraima de 120 hombres de la Fuerza Nacional, un cuerpo especial de policías de élite que está reforzando la seguridad en la frontera y en las calles de esta pequeña ciudad de 12.000 habitantes. El municipio brasileño ha servido de puerta de entrada de más de 128.000 migrantes venezolanos.

El pasado 28 de agosto Temer firmó un nuevo decreto que prevé el empleo de las Fuerzas Armadas en el Estado de Roraima durante dos semanas. Unos 3.200 militares tendrán un cometido parecido al de la Fuerza Nacional, eso es, combatir los crímenes en esta región en el marco de la llamada Garantía de la Ley y de la Orden (GLO), una medida legal que el Gobierno central ofrece a aquellos estados federados que en momentos puntuales no consiguen mantener el orden en su territorio.

La GLO ya fue implementada en varias ocasiones, por ejemplo en Río de Janeiro durante los Juegos Olímpicos de 2016 y posteriormente para hacer frente a la escalada de violencia causada por la guerra de narcofacciones. También la usaron en el estado de Espíritu Santo durante la huelga de policías de 2017.

Hasta el 12 de septiembre, las Fuerzas Armadas operarán en dos regiones concretas del Estado de Roraima: la frontera norte y este y las carreteras federales. Cabe recordar que el Ejército ya viene desarrollando una importante labor humanitaria en esta región.

Los residentes de Pacaraima, la ciudad más afectada por la ola migratoria, han salido en varias ocasiones a la calle para reclamar el cierre de la frontera y la intervención del Gobierno federal para hacer frente a la crisis migratoria de una forma efectiva. Muchos denuncian que la criminalidad aumentó sensiblemente desde la llegada masiva de venezolanos. Los datos al respecto, sin embargo, no son concluyentes.

Por un lado, la Policía Militar ha registrado en los últimos meses principalmente casos de venezolanos acusados de hurtos de alimentos y allanamiento de casas. Según la Policía Civil, el 65% de los crímenes registrados hasta agosto de este año envolvían a ciudadanos venezolanos. No obstante, esta estadística no separa a las víctimas de los infractores, ni revela qué tipo de crímenes fueron cometidos.

Por día, entre 500 y 800 venezolanos intentan pasar la frontera con Brasil

Una familia venezolana posa para una foto mientras intentan hacer autostop hacia la ciudad de Boa Vista, luego de obtener el estatus de refugiado a través de la Policía Federal en el control fronterizo de Pacaraima.
Una familia venezolana posa para una foto mientras intentan hacer autostop hacia la ciudad de Boa Vista, luego de obtener el estatus de refugiado a través de la Policía Federal en el control fronterizo de Pacaraima. Nacho Doce / Reuters

Tras el brote xenófobo del pasado 18 de agosto, 1.200 refugiados dejaron Pacaraima por miedo a ser atacados. Las numerosas tiendas de campaña que ocupaban las aceras cercanas a la estación de autobuses y de taxi han desaparecido. “Hemos limpiado la ciudad de ladrones, borrachos y vagos. Ahora por fin Pacaraima está bonita”, asegura el dueño del principal hotel de esta localidad, quien rechaza la acusación de xenofobia.

“Yo tengo a siete empleados venezolanos. No estoy en contra de ellos, lo que me molestan son estos vagos que se pasan el día tirados en la calle bebiendo, hacen sus necesidades en cualquier lugar y se enzarzan en peleas. Era un sinvivir, no podíamos seguir así”, agrega.

Cada día, entre 500 y 800 venezolanos intentan pasar la frontera para conseguir un visado de refugiado en el centro de acogida creado hace algunos meses por el Ejército. En carpas amplias y bien organizadas, los migrantes presentan sus documentos, pasan por un control médico, reciben varias vacunas y esperan pacientemente los papeles que les permitirán residir legalmente en Brasil y trabajar. Sin embargo, los trámites son lentos y pueden durar hasta varios días.

Por esta razón, los venezolanos dormían hasta hace poco en las calles de Pacaraima, intentando economizar lo máximo posible para poder seguir su viaje hacia otras ciudades de Roraima o de Brasil.

Desde el violento ataque al campamento de refugiados, los venezolanos están con recelos de pernoctar en Pacaraima y después de las 18 horas, cuando cierra el centro de acogida, regresan a pie hacia el área venezolana de la frontera con todos sus fardos a cuestas. Es un trasiego continuo de personas, maletas, colchonetas y bolsas gigantescas. Familias enteras se reúnen en un aparcamiento donde buscan un cobijo temporario hasta la madrugada siguiente, cuando vuelven a cruzar la frontera de Brasil para reanudar los trámites burocráticos.

Venezolanos en Brasil

El Ejército brasileño está terminando a marchas forzadas la construcción de un abrigo con capacidad para unos 500 refugiados, que podrán hospedarse durante unos días hasta conseguir sus documentos. Son grandes tiendas de campaña dotadas de literas, concebidas para aliviar tanto la situación de los venezolanos como de los residentes brasileños, que admiten su cansancio por la presencia de campamentos improvisados en las calles de su ciudad.

“No justifico la violencia, pero por un lado entiendo las razones de estos brasileños, que acaban siendo las víctimas de las víctimas. Es una situación dura para todos”, afirma el padre Jesús Boadilla, un sacerdote español que desde hace más de un año sirve a diario el desayuno a más de 1.600 venezolanos. “Para muchos de ellos es la única comida que se llevan a la boca en todo el día. Y por esta razón, muchas personas me odian en Pacaraima. Soy odiado porque ejerzo el principio católico de ayudar al próximo”, agrega.

Brasil busca que al menos unos 1.000 venezolanos hayan sido reubicados para finales de septiembre

Una calma tensa reina en Pacaraima desde la quema del campamento de refugiados. Esta mañana el presidente Temer ha afirmado en una entrevista con una radio brasileña que estudia la posibilidad de limitar la entrada de venezolanos a 100 ó 200 personas por día. Paralelamente, el Gobierno está llevando a cabo un proceso de ‘interiorización’ de los refugiados, es decir, un traslado organizado a otras regiones de Brasil. Hasta la fecha, 820 venezolanos han sido enviados a otras ciudades, la mayoría (unos 287) a Sao Paulo.

El objetivo del Ejecutivo es que para finales de septiembre se alcance la cifra de 1.000 venezolanos reubicados. La lentitud de este proceso radica en la imposibilidad de obligar a los otros Estados federados a recibir cupos de venezolanos. Mientras tanto, todos los candidatos al cargo de gobernador del Estado de Roraima han incluido en su programa electoral el cierre de la frontera en busca de votos.

Por su parte, el candidato de extrema derecha a la presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro, ha propuesto que la ONU cree y gestione un campo de refugiados en Roraima, al mismo tiempo que afirma que “Brasil no puede ser un país de fronteras abiertas”. Está claro que la emergencia humanitaria de Roraima ha sido capitalizada por los principales partidos brasileños en los comicios más inciertos de la historia reciente del país tropical.

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