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Trabajadoras del sexo piden justicia por muerte de transexual peruana

La presidenta de una organización LGBT mira el lugar donde fue asesinada Vanesa Campos de 36 años en la noche del 16 al 17 de agosto de 2018. Sus colegas y amigas han levantado una especie de santuario, rodeado por las cintas de la policía, y donde carteles con fotos de Vanessa piden justicia.
La presidenta de una organización LGBT mira el lugar donde fue asesinada Vanesa Campos de 36 años en la noche del 16 al 17 de agosto de 2018. Sus colegas y amigas han levantado una especie de santuario, rodeado por las cintas de la policía, y donde carteles con fotos de Vanessa piden justicia. Erika Olavarría / France 24

Vanesa Campos, una trabajadora sexual transgénero, fue asesinada en un lugar tradicional de la prostitución en París. Organizaciones critican una ley a la que acusan de poner en peligro a quienes se dedican a esa actividad.

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"Qué extraño, normalmente está lleno de lucecitas, donde están las chicas", expresa desconcertada Esperanza García, militante por los derechos LGBT y directora de la asociación Parit-T, donde acogen a prostitutas transexuales de origen sudamericano que se encuentran solas en Francia.

Efectivamente en este sector del Bois de Boulogne, un conocido lugar de prostitución al oeste de París, esa noche no se ve más allá de la nariz.

En este lugar hace dos semanas fue asesinada Vanesa Campos, una transgénero peruana de 36 años. “Según las chicas hubo problemas con las personas que roban aquí. Es muy oscuro. Cuando un cliente deja un coche, les roban, les rompen los vidrios del auto, entonces las chicas que ya no veían venir a ningún cliente y no tenían dinero para pagarse un lugar para dormir, se rebelaron contra esa banda de personas y pasó lo que tenía que pasar. Ella quiso proteger su monedero, si les roban a los clientes estos no vienen más y ella no tendría cómo vivir”, justifica García.

Esperanza García: "las chicas son agredidas todos los días"

La dirigenta denuncia que en el Bosque de Boulogne las mujeres “son agredidas todos los días e incluso algunas se quejan de haber sufrido violaciones”.

Pero no se atreven a denunciar pues muchas no tienen documentación legal para estar en Francia: “yo les decía deben denunciar, pero me dicen ¿para qué?. Ellas viven en la agresividad, la violencia, para ellas es normal, no van más allá”. Y además, agrega García, ya habían hablado sobre el tema con la policía “pero esta los deja partir porque no son reincidentes. Entonces a ellas les daba miedo porque si después los dejaban libres podrían tomar represalias contra ellas”.

A cincuenta metros de donde falleció Vanessa Campos, Romina, una prostituta transexual ecuatoriana, es la única que ha venido a trabajar este día. Ella tiene una camioneta blanca donde realiza su trabajo. No se atreve a bajar. La noche en que Vanessa murió, Romina también estaba en el Bosque. “Yo escuché un tiroteo y luego la voz de Vanessa que gritó. Ella solía dar la voz de alerta, quizás por eso la atacaron”, dice con tristeza.

Romina: "nos organizamos para tener una voz de alerta"

Romina conoce de memoria la fecha en que la banda de ladrones, siempre la misma, comenzó a trabajar aquí. “Este hombre, que todas lo conocemos, empezó a robar desde el 2013 y empezó a traer cada vez más personas y esto se volvió una mafia. Siempre había tres o cuatro, uno en la esquina el otro al frente, el otro a pasos de mi camioneta y el ‘enano’, así le decíamos al líder, era rápido para romper los vidrios de los clientes y sacar las cosas. Si la policía venía, los otros le avisaban. Sabía hacer las cosas y como conoce bien el bosque, sabía cómo esconderse. Yo siempre lo veía por el retrovisor, pues antes trabajaba con la puerta abierta pero luego empecé a cerrarla porque me daba coraje su manera de ganarse la vida. Yo les decía a mis clientes que cogieran sus cosas de sus autos para que no les robaran. “Ici vol beaucoup, prendre les choses”, dice Romina, en un francés rudimentario, repitiendo la frase de advertencia.

Pero eso no era suficiente, así que Romina recuerda que entre todas las chicas “tomamos la iniciativa para decirles (a los ladrones) que se fueran de aquí, porque teníamos muchos problemas con los clientes y porque la policía no quería hacer nada. Entonces nos organizamos para tener una voz de alerta. Si una lo veía decíamos ‘chicas todas’ y corríamos y lo sacábamos. Nos arriesgamos a eso porque era peor que el cliente nos matara, porque aquí viene todo tipo de gente”, relata la mujer.

Mientras conversa, un auto blanco ronda por el lugar. Se detiene y enfoca la camioneta de Romina con las luces altas y luego da un frenazo largo antes de desaparecer entre los árboles. Al rato el auto, con cuatro sujetos en su interior, aparece por otro camino, esta vez con las luces apagadas.

“Todo el mundo está asustado, ¿sabes?, así seguiremos hasta que no lo cojan. Y tenemos miedo también porque nosotras nos armamos de valor ese día y lo denunciamos. Es un riesgo, pero tampoco vamos a dejar que la muerte de nuestra amiga quede así”, dice preocupada Romina.

Una ley que penaliza a los clientes podría poner en peligro a las prostitutas

El asesinato de Vanesa no es la primera muerte de una prostituta en el Bosque de Boulogne. Según el diario 'Le Parisien' una decena de mujeres han sido asesinadas en el último tiempo. En junio de 2017, Ayshaia, una trabajadora del sexo búlgara, de unos 50 años, fue hallada muerta, escondida en unos matorrales con varios cortes en su cuerpo.

En el 2015, la víctima fue una rumana de 22 años. En noviembre del 2013 en ese mismo lugar una prostituta apareció con el cuerpo lleno de heridas de cuchillo, parcialmente quemado y la cabeza enterrada en el suelo. Dicen que un joven de 21 años, que fue al bosque a “calmar sus nervios” fue declarado culpable del asesinato.

Las asociaciones LGBT aseguran que estos asesinatos han aumentado desde que el 2016 se dictara una ley que aunque no prohíbe la prostitución, penaliza a los clientes hasta con 1500 euros. Giovanna Rincón, transgénero colombiana y extrabajadora sexual, dice que el gran problema con la ley es “ la obligación que tienen las chicas de esconderse para poder seguir recibiendo clientes”.

Thierry Schaffauser, del sindicato de trabajadoras del sexo Strass, agrega que en ese contexto “las trabajadoras del sexo trans y migrantes suelen ser las más expuestas porque los agresores piensan que no van a denunciar y dado el trato policial que reciben, efectivamente no lo hacen”.

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