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Siria: la provincia de Idlib entre manos de Damasco, Moscú y Ankara

Archivo. Un punto de control en la provincia de Idlib, en manos de fuerzas sirias y rusas.
Archivo. Un punto de control en la provincia de Idlib, en manos de fuerzas sirias y rusas. George Ourfalian, AFP

Una ofensiva de Damasco, apoyada por Moscú parece inevitable en la provincia de Idlib, última región del noroeste de Siria que escapa al control de Bashar al-Asad, donde se encuentran los yihadistas y los rebeldes apoyados por Ankara.

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La provincia de Idlib, al noroeste del país se ha convertido en el último gran bastión insurgente que escapa del control de Bashar al-Asad en Siria. Se trata de un punto codiciado por su posición estratégica. Comparte frontera con Turquía y es vecina de la provincia costera de Latakia, bastión del régimen sirio y cuna de la familia Asad.

Durante los últimos años, la población de la provincia, estimada en 2.5 millones de personas, ha aumentado significativamente. Esto se debe a la llegada de rebeldes y civiles evacuados de territorios tales como Guta, Alepo o Dera, retomados por el régimen sirio a raíz de los acuerdos aprobados por Damasco, y garantizados por Turquía.

La región hace parte de las “zonas de desescalada” establecidas en el país después de las negociaciones de paz de Astaná, patrocinadas por Moscú, Ankara y Teherán.

La suerte de Idlib genera inquietudes a nivel internacional. El miércoles 29 de agosto, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres advirtió de los "crecientes riesgos de una catástrofe humanitaria en caso de una operación militar a gran escala dentro de la provincia".

Las Naciones Unidas dijeron que al menos 800.000 personas serían forzadas al desplazamiento en caso de una ofensiva. La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanos considera que al menos 2.000.000 de personas son vulnerables y necesitan recibir asistencia sanitaria.

¿Quién controla la provincia de Idlib?

La provincia está controlada en un 60% por Hayat Tahrir al-Sham (HTS, formado por antiguos miembros del Frente al-Nusra, que fue filial de al-Qaeda en Siria). Este grupo yihadista está dirigido por Mohammad al-Joulani, quien descartó cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo con Damasco.

"Las armas de la revolución y la yihad son una línea roja (...), no pueden ser objeto de regateo y nunca serán objeto de negociaciones", advirtió al-Joulani recientemente en un video publicado a través de una de las cuentas del grupo en la aplicación de mensajería Telegram.

La provincia cuenta asimismo con multitud de grupos rebeldes, incorporados en el seno de una coalición formada en agosto, el “Frente de Liberación Nacional”. Este cuenta con el apoyo de Ankara e incluye a dos destacados grupos islamistas: Ahrar Al-Cham y Noureddine al-Zinki, que se han reunido varias veces con el HTS, así como con otras cuatro facciones, entre las que figura el poderoso Jaich al-Ahrar.

"En total, hay casi 70,000 combatientes, yihadistas y rebeldes en la región, algunos de los cuales han sido transferidos por el propio régimen sirio", dijo a France 24 Agnès Levallois, especialista en Medio Oriente.

Por otro lado, las "células inactivas" del autodenominado Estado Islámico también están presentes en la región. En los últimos meses, miembros del grupo se han adjudicado la autoría de varios asesinatos y atentados, incluída una bomba detonada dentro de la provincia.

Los objetivos de Damasco y de Moscú

El presidente Bashar al-Asad declaró en julio que la reconquista de Idlib era una prioridad: “es uno de nuestros objetivos, sin embargo, no es el único”. Como muestra de su determinación, el 9 de agosto Damasco bombardeó algunas posiciones rebeldes y yihadistas en la provincia. El 15 de agosto, Al-Watan, un diario partidario del régimen anunció el envío de refuerzos a las afueras de Idlib, y lo calificó como el "más importante desde el comienzo de la guerra" en 2011.

El ministro de Defensa sirio reiteró el 26 de agosto la voluntad del Gobierno de recuperar Idlib y prometió que la provincia "volvería bajo el liderazgo de la nación y que todo el territorio sirio sería librado del terrorismo".

Ante los ojos de Rusia, protector del régimen sirio, la provincia rebelde es un "absceso purulento" que debe desaparecer, tal y como informó el jefe de la diplomacia ruso, Sergei Lavrov. Este último dijo el miércoles que esperaba que los países occidentales no "obstaculizaran la operación antiterrorista" en Idlib.

Los rusos, que actualmente están reforzando su presencia naval en el este del Mediterráneo, se han irritado bastante por los ataques con drones enviados rutinariamente desde la provincia rebelde contra Hmeimim, la principal base militar rusa en el país, ubicada en Latakia.

Los intereses de Turquía

Pero en Idlib, el régimen sirio y su aliado ruso no pueden adoptar medidas sin tomar en cuenta los intereses de Turquía, que ha establecido puestos de observación y desplegado fuerzas en el territorio. Los diarios progubernamentales turcos, Hürriyet y Sabah, informaron el miércoles que el Ejército turco había consolidado sus posiciones en Idlib en los últimos días utilizando bloques de concreto.

Es por ello que los turcos y los rusos, que apoyan a los distintos actores dentro del conflicto, adelantan intensas negociaciones para salvaguardar las alianzas alcanzadas.

Durante una reciente visita a Rusia, el jefe de asuntos exteriores de Turquía, Mevlüt Cavusoglu, advirtió sobre una posible "catástrofe" en caso de que se lleve a cabo una "solución militar".

Ankara perdería considerablemente su influencia en Siria si los rebeldes a los que apoya fueran blanco de ataque. Además, Turquía teme una nueva oleada de refugiados, ya que en el momento acoge a más de 3.000.000 de sirios.

A pesar de sus reservas, Ankara sugirió que no se opone a una operación limitada en la provincia, es decir, apuntando solo al HTS. Mevlüt Cavusoglu reconoció a Moscú que estaba de acuerdo en que "los grupos radicales, los terroristas, están fuera de peligro" en la región.

Por su parte, Moscú aboga por que los grupos rebeldes respaldados por Turquía acaben con la presencia del HTS como condición para evitar una ofensiva mayor. Todavía es necesario que Damasco y su otro aliado principal, Teherán, acepten un posible acuerdo ruso-turco, que no distinga entre los llamados rebeldes moderados respaldados por los turcos y los grupos yihadistas.

“Si Moscú puede atender sus objetivos a través de las negociaciones, convenciendo a Ankara de ejercer presiones sobre un cierto número de grupos rebeldes para que ellos dejen las armas, eso puede interesar (al Kremlin)”, indica Jean Sylvestree Mengrenier, investigador del Instituto Thomas More. Pero sin un acuerdo con Turquía, los rusos no renunciarán a una operación en Idlib, y mucho menos los sirios y sus aliados iraníes.

La cumbre sobre Siria, organizada el 7 de septiembre en Irán, que reunirá a los jefes de Estado de Turquía, Rusia e Irán, podría retardar el inicio de la ofensiva, para que todos los actores del conflicto puedan sacar provecho.

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