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SERIE MIGRANTES

Argentina, otro refugio regional para los venezolanos (5/6)

Juan Carlos Borges tiene 13 años de experiencia como abogado. Ahora se gana la vida haciendo envíos a domicilio por las calles de Buenos Aires en una bicicleta.
Juan Carlos Borges tiene 13 años de experiencia como abogado. Ahora se gana la vida haciendo envíos a domicilio por las calles de Buenos Aires en una bicicleta. France 24

Naciones Unidas estima que para junio de 2018 había 2,3 millones de venezolanos viviendo fuera de su país. En Buenos Aires se ha visto una aceleración en la llegada de migrantes de esa nación en los últimos tiempos.

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Juan Carlos Borges tiene 42 años y 13 de experiencia como abogado, pero hoy trabaja por la mañana en un call center y haciendo envíos a domicilio en una bicicleta prestada por la tarde.

Y le va mejor, puede ayudar a su familia.

Se mudó de Caracas hace algo más de dos meses, dejó el hogar en el que vivía con su esposa, su hija, su suegra y la madre de su suegra y ahora alquila una habitación en Buenos Aires.

"Yo ahorita casualmente le mandé unas cosas a mi hija, y le mandé champú, que no es que no se consiga, es incomprable", le dijo a France 24 en Español, con una sonrisa de satisfacción. Es que en Caracas ya no podía: "el día a día del poder adquisitivo mío no me alcanzaba el dinero para mantener la casa, mantener a mi esposa y mi hija, actualmente ellas viven allá, yo me vine solo; tomamos la decisión de hacerlo así para una avanzada".

Les envía dinero todas las semanas y con eso, dice, logra mantenerlas.

Su caso no es excepcional. "En general los venezolanos que llegan a Argentina son profesionales que están dispuestos a trabajar de lo que se pueda para poder ganarse el pan de cada día y ayudar a sus familias, muchas veces son personas que dejan parte de su familia en Venezuela", explicó Tamara Taraciuk, investigadora senior para las Américas de Human Rights Watch (HRW), enfocada especialmente en Venezuela.

Argentina ha recibido a 7.000 ingenieros venezolanos

Según la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina (DNM), entre 2016 y mediados de 2018 llegaron al país 7.000 ingenieros venezolanos. En el primer semestre de este año los venezolanos superaron a los paraguayos y bolivianos como los extranjeros que más residencias obtuvieron en Argentina.

Fueron más de 25.000, llevando el total desde 2012 a algo más de 82.000. Y esas cifras solo contemplan a quienes han solicitado la residencia, no a quienes tienen acceso a documentación argentina (por familia) o los que están sin papeles.

En cualquier caso, dice Taraciuk, el Gobierno argentino en general no ha puesto barreras para el ingreso de venezolanos: "ha facilitado que apliquen a la visa Mercosur, que es una visa que principalmente les permite a los venezolanos residir legalmente y trabajar, que es lo que quieren".

Para eso aseguró que más allá del apoyo a los migrantes, "es importante que Argentina mantenga una política exterior firme de condena sobre la crisis venezolana, porque sin eso el éxodo masivo de venezolanos no va a terminar".

“Vimos a Argentina como un buen lugar para comenzar de nuevo otra vez”

En las oficinas de la DNM en la Ciudad de Buenos Aires (una de tantas que hay en el país) más de 200 venezolanos por día tramitan allí sus papeles.

Entre ellos, Eloy Martínez, un estudiante de medicina de 23 años, que llegó, como Juan Carlos Borges, hace unos dos meses, junto con sus padres y hermanos. El padre ya consiguió trabajo como supervisor en una empresa de calzado (era contador en Venezuela) y su hermano mayor está trabajando de pizzero.

"Nos decidimos venir hasta acá", le dijo Martínez a France 24 en Español, "por la oportunidad que da de poder seguir estudiando; la buena disposición de la gente, es bastante amena, bastante buena".

Resume algo que comparten los otros inmigrantes venezolanos: "vimos a Argentina como un buen lugar para comenzar de nuevo otra vez".

Fuera del edificio hay otra joven estudiante de medicina venezolana que llegó a Argentina hace casi un año y medio con su familia. Sherezade Martínez está vendiendo arepas, bajo una sombrilla con los colores rojo, azul y amarillo de la bandera de su país. Se fue, dice, "porque no podía seguir estudiando, lo que trabajaba no me alcanzaba para comer, para pagarle las medicinas a mis abuelos, no alcanzaba para nada".

Ahora el dinero le alcanza, asegura, y quiere empezar a estudiar nuevamente su carrera.

"Todos los días quiero verlas"

Antes de empezar a recorrer la ciudad con su bicicleta, repartiendo pedidos, Juan Carlos Borges muestra una foto de su esposa y su hija. En la imagen él está mucho más gordo, dice que por la crisis en Caracas bajó de 110 a 75 kilos.

También dice que es su familia el motor que lo impulsa a seguir adelante.

"Todos los días quiero verlas", asegura. "Tenemos gracias a dios la tecnología, hablamos por videollamada, pero no es lo mismo ese calor, que uno se abraza, uno se besa, uno se dice un te amo".

Cree que en octubre podrán venir a Buenos Aires a vivir con él y –como dijo Eloy Martínez– comenzar de nuevo.

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